jueves, 10 de mayo de 2012

Bogotá Humana: al plan rastrero, Plan con pueblo


 Aún la justicia no ha dilucidado del todo, ni se ha cerrado el proceso, juzgado ni condenado a los responsables del ominoso episodio palaciego de espionaje ilegal, desprestigio, acoso y acorralamiento  a los opositores al gobierno de Álvaro Uribe Vélez -quien asombrosamente levita sobre el episodio como en tantos hechos escabrosos de su mandato- y una estratagema similar, que bien podría llamarse Operación Trasmilenio II para seguir a tono con las “chuzadas”, está de nuevo en curso contra una de sus víctimas: Gustavo Petro. Pero esta vez, no para minar la credibilidad de sus denuncias sobre la estructura política y económica del paramilitarismo, sino para sabotear la gobernabilidad  de la capital del país y dar al traste con el proyecto que el Progresismo le propone a la ciudad y que debería formalizarse legalmente en el Plan de  Desarrollo.


Es evidente que hay un sector del establecimiento capitalino que no “traga” a Petro. El partidismo reaccionario, el empresariado y el cartel de la contratación, jamás aceptarán, salvo para las imágenes de conveniencia, que un ex -guerrillero llegue tan lejos -“el que fue no deja de ser”, dicen sin mirar su propio pasado. El triunfo electoral del candidato progresista se les impuso por desdeño puesto que creían que el desprestigio del Polo, gracias a su apego enfermizo a los hermanos Moreno Rojas, aún ante las evidencias del desmadre al que llevaron a la ciudad, sería suficiente para que los votantes, “curados” de izquierdismo, se volcaran en masa a favor de las propuestas políticamente “correctas” de la tecnocracia neoliberal. ¡Y ahí fue Troya! Petro se distanció a tiempo y denunció sin tapujos la corruptela del partido al que pertenecía,  se les creció a sus rivales y ganó proponiéndole a los bogotanos gobernar para el futuro.

Entonces comenzaron a operar las acostumbradas  tácticas de desestabilización, por conocidas menos efectivas y, de alguna manera, neutralizables, pero con secuelas. Al anuncio de la posible fusión de empresas de servicios, exitosa en Medellín, coincidente con una baja de precios de acciones por efecto de operaciones bursátiles, “alguien” le imputó un presunto pánico económico y “algún otro” detrimento patrimonial, resultado de lo cual, el necesario debate a la propuesta, fue congelado. Era claro que la tegua de los “cien días” no iba a operar en este caso. El segundo envión, luego de escaramuzas mediáticas, fue el sabotaje a Trasmilenio, con aires de “Bogotazo”, con el que el contubernio antipetrista respondió al anuncio de que se revisarían los contratos de la primera fase del sistema de articulados, por leoninos.

Decenas de muchachos, debidamente coordinados, cuyas apariencias distaban de los tradicionales pelafustanes, se dieron a la tarea de destruir y saquear  las estaciones de norte a sur por la troncal de la Avenida Caracas ante la inacción policial, camuflados en la protesta ciudadana por el mal funcionamiento, en proceso de concertación con el gobierno distrital. El operativo de sabotaje fue tan efectivo que sorprendió al propio Alcalde, quien entre indignado e impotente, trató de conjurar la asonada a punta de “trinos” hasta que finalmente impuso la autoridad. Fue una acción atroz, promovida y atizada por “algunos”, aún en el misterio,  que, desde luego, no son los jóvenes que poco a poco se han ido identificando como autores materiales y tendrán que responder por los daños producidos por su vandálica actuación.

Tras el fallido intento de colapsar por asonada a la Administración distrital, retornó el plan B: la proliferación de editoriales, columnas, comentarios, trinos, blogs, webs dados a analizar las propuestas, iniciativas y determinaciones del Alcalde Petro, desde la posición de autoridad superior, en la que “ellos”, los que “saben” gobernar, administrar, ejecutar y gerenciar, reconocen la “buena voluntad” del primerizo pero le ponen de presente los imposibles, las urgencias, lo práctico, lo conveniente y lo llaman a “aterrizar” sus ilusiones, utopías y promesas, todas ellas fingen interesantes y hasta plausibles pero impracticables, no obstante corresponder a los lineamientos básicos para el desarrollo humano establecidos por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (previsión de los efectos del cambio climático, el agua como derecho y eje del desarrollo, preservación de la ciudad verde, salud preventiva, equidad educativa, prioridad a la infancia, movilidad con un sistema definitivo de transporte, entre tantos otros). Es la diferencia entre una ciudad excluyente y rentable para pocos y una ciudad incluyente y económicamente rentable para todos.

La ambientación del plan de desgaste y desprestigio -un  acuerdo tácito por convergencia de diversos actores con disímiles intereses, algunos satisfechos tradicionalmente por la misma fuente, es decir, la expoliación de la ciudad-, es tal que un día Ideas para la Paz dice que la restricción de la venta de alcohol y la prohibición del porte de armas no tienen que ver con la reducción del homicidio y las lesiones por causas violentas en el último año y, al otro, el Noticiero CM& califica de “avión” y “desagradecido” al Alcalde Petro por su audaz propuesta al Gobierno Nacional, para que 10 mil de las 100 mil casas gratuitas que prometió a los más pobres, se construyan en Usme, para lo cual, de manera excepcional, ya se dispone de los terrenos de la ciudadela no realizada por Samuel Moreno.

Como resultado del efecto de la operación en varios frentes, la imagen y credibilidad del Alcalde se vino para el piso en las encuestas realizadas y presentadas en el momento preciso de la faena: la presentación del Plan de Desarrollo al Concejo. Allí, el 8 de mayo, se produjo el primer banderillazo: dos concejales del Partido de la U, recogiendo el guante, se vinieron lanza en ristre contra el nuevo Secretario de Gobierno, por afirmaciones suyas a los medios sobre las razones rentísticas y rentables de la oposición a Petro, logrando sabotear la sesión y colocando el tono de lo que será el debate si el gobierno no cede. 

Si bien, dado el ambiente políticamente adverso en el cabildo, el Alcalde podría aprobar el Plan por decreto, quedaría seriamente limitado para sacarlo adelante pues no tendría posibilidad de obtener el cupo de endeudamiento necesario ni de introducir ajustes al régimen tributario de la ciudad en busca de nuevos recursos. Los argumentos sobre la cortedad de metas, cambios en las propuestas, vacíos y omisiones y sobre el tema de fondo de la  desfinanciación, necesidad de crédito y posibles ajustes tarifarios van y vienen, pero para eso se lleva al Concejo: para que se examine, modifique  y ajuste en función de los intereses de la ciudad y de todos sus habitantes, no para que los viudos del poder intenten sacarse el clavo, menos aún cuando están penalmente encausados, ni para que el programa de gobierno quede convertido en una motivación de buenas intenciones y se oriente hacia  lo que convenga al TLC con EE.UU. y los intereses de los que siempre se han gozado la ciudad.

Desde luego, parte de este entuerto estaría claro para la mayoría de los bogotanos y en alto la legitimidad y la imagen del Alcalde y su programa, si la ciudadanía se apropiara de él y se movilizara en apoyo, pero, hasta ahora, se carece de una estrategia pedagógica y comunicativa agresiva, amplia, masiva  y permanente hacia ese objetivo. De contera, el ejercicio participativo y de socialización del plan de desarrollo, ha estado por debajo de las expectativas, por razones de sobra conocidas y eludidas por los animadores institucionales del proceso. Al Plan de Desarrollo Bogotá Humana le falta pueblo y, como decía  la frase de campaña: ¡Ya!


jueves, 5 de enero de 2012

La carroza de Bolívar


Por generosa deferencia del autor, antes de su presentación en el Hay Festival de Cartagena 2012 y puesta en venta en Colombia, tuve la grata oportunidad de leer La carroza de Bolívar, la más reciente creación del escritor de origen nariñense Evelio Rosero Diago, publicada por la editorial Tusquets de Barcelona, casa de la que obtuvo el premio de novela 2006 con Los Ejércitos, una narración magistral, bella y novedosa de un tema trillado, sempiterno y lacerante, y por eso difícil de asumir: la violencia como trasfondo del amor y las virtudes humanas. Ganadora en 2009 en Inglaterra del Foreign Fiction Prize, otorgado por el diario The Independent a la mejor obra de ficción traducida al inglés en 2008 y en 2011 del Premio ALOA, concedido en Dinamarca por escritores y editores a la mejor obra traducida al danés, a la fecha, Los Ejércitos se lee ya en 19 idiomas. Estos laureles se suman a una larga lista de premios, reconocimientos y elogios de la crítica literaria en Europa, EE.UU. y Latinoamérica.


Las peripecias de un ginecólogo disfrazado de simio el Dia de los Inocentes de 1966, prólogo de los Carnavales de Negros y Blancos de Pasto, para asustar a su mujer y gozarse la fiesta; las veleidades, el adulterio y la displicencia de aquella, la indiferencia de sus hijas, los aprovechamientos y deslealtades de sus amigos, sus infidelidades y su obsesión investigativa por demostrar que el Libertador Simón Bolívar era un canalla. Un catedrático que aburre y duerme a la mayoría de sus alumnos y se gana la tirria de algunos de ellos, miembros de una célula guerrillera, por su constante retahíla antibolivariana -fundamentada en el lamentable perfil que del Libertador hizo Carlos Marx y en los Estudios sobre la vida de Bolívar, la iracunda y desmesurada semblanza del erudito pastuso José Rafael Sañudo-, razón por la cual, luego de lograr su expulsión de la universidad lo someten a una paliza. La ira arrebatada del ricachón de la ciudad contra el artesano que construye una carroza para burlarse de su ordinariez. Son algunas de las situaciones que arman una historia genial.

Todos estos personajes y algunos más, retratados al mínimo detalle, se entrecruzan en una trama divertida, dramática, expectante, descrita de manera impecable, con un encadenamiento perfecto pero siempre sorpresivo, no exento de los ineludibles episodios de violencia propios de nuestra realidad: antes de que el ricachón destruya a tiros la carroza, que lleva como motivo su perfil burlesco agigantado, y acabe con la vida del artesano creador, el ginecólogo, al constatar el tremendo parecido de aquél con Bolívar, propone y logra la salomónica solución de variar la figura y su entorno. El grupo de constructores, gracias a la intervención justificadora de la esposa del creador, pasa de la negativa por respeto al Libertador a la colaboración entusiasmada para mostrar la verdadera catadura del “Napoleón de las retiradas”.

De nada sirven las advertencias del profesor, el obispo y el alcalde sobre la provocación y el irrespeto de mostrar al Libertador Simón Bolívar en una faceta apocada y ruin distinta a la propalada por la historia oficial, en las tertulias convocadas por el ginecólogo historiador, en las que era víctima de las burlas de sus conocidos y su mujer. Tampoco lo disuadieron situaciones desafortunadas inexplicables como el asalto al taller donde se armaba la carroza y el robo de varias piezas. El 6 de enero, Día de los Blancos y del desfile magno, el interés del ginecólogo por su pilatuna se diluye ante sus cuitas amorosas y las ganas de que su mujer lo quiera. Disfrazado de simio muere pateado por dos estudiantes revoltosos disfrazados, a mitades, de asno, que así castigan su osadía reaccionaria. Antes intentan robarse la carroza para destruirla y al fallar amenazan con dinamitarla en pleno desfile.

Un poeta humanitario -que ha probado su compromiso asesinando un policía-, traba amistad con el ginecólogo, en la misión de vigilarlo, en el ambiente y la provocación de la casa de citas en la que éste descansa sus afanes y aquél sueña perder su inocencia. Es asesinado a tiros por traidor porque, arrepentido, le advierte a su objetivo que está sentenciado a morir. El propósito de no dejar exhibir la carroza tampoco lo puede lograr el comandante del ejército y amante de la mujer del ginecólogo, pues luego de que un destacamento militar, por orden de aquél, la decomisa, los artesanos artífices atacan a los soldados, la rescatan y la esconden “a la espera del carnaval del año que viene”. Una portentosa novela, en la que la maestría narrativa de Evelio nos lleva de la comedia, a la ironía y la tragedia, con generosos recursos del lenguaje y derroche de creatividad simbólica.

Reconocido lo anterior, sin que la controversia afecte para nada la calidad indiscutible de la obra y advertido de que el enfoque, sea cual fuere, es decisión del autor -parto del supuesto de que en este caso hace explícita una posición frente al tema- , señalo una cordial discrepancia. La imagen de Bolívar que trasmite la novela, al situarse en la orilla extrema de los detractores, cae en un antibolivarismo parcial y obstinado, de buen recibo en la región pero insostenible en un análisis histórico más amplio. Pasto, es verdad, tiene mucho más que lamentar que agradecer de las gestas del ejército libertador -e incluso de la República- tal como se narra en palabras de Sañudo y en las propias del autor sobre la base de hechos ciertos. Bolívar como ser humano tuvo defectos y desatinos y sobre la Independencia caben distintas valoraciones. Pero mucho va de ello a reducir esa colosal obra y su artífice a una sucesión de episodios signados por el oportunismo, la insania, el crimen y la mentira. En este aspecto, prefiero asumir que son artificios de novela y desear que así lo entiendan los lectores. Una valoración ecuánime de Bolívar y su obra se encuentra en las biografías de Jhon Linch y David Bushnell, entre las recientes, y en la polémica contemporánea que Sergio Elías Ortiz, otro insigne historiador, sostuvo con Sañudo.

Además de una novela notable, La carroza es un gran homenaje al Departamento de Nariño, a Pasto, en particular, que a través de ella será conocida en todo el mundo con sus barrios, sus calles, sus iglesias y la belleza imponente del volcán Galeras, varias veces nombrado, una de las cuales como Urcunina, vocablo quechua que significa montaña de fuego, que ha ganado aceptación por mas cercano a los ancestros. De la mano de Rosero vuelve a Europa el conejillo de indias, ahora como provocativo cuy asado que se puede saborear en Catambuco, en las afueras de la ciudad, de camino para La Cocha (laguna en quechua), acompañado por un par de anisados y de postre un quimbolito (envuelto de maíz). De pronto, las menciones a Sandoná, famosa por los sombreros de paja toquilla, ayuden a descifrar los misterios de su nombre que bien podría tener origen en el quechua o bien en el francés.

El Carnaval de Blancos y Negros, se goza página tras página con toda la carga emotiva y simbólica de la fiesta grande de Nariño, declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. Desde el 28 de diciembre, que en la época de la trama era el día del juego con agua, al 31 con las calles tomadas por los años viejos. Luego, el carnavalito de los niños, el 3 de enero, la llegada de la Familia Castañeda, el 4, el Día de los Negros -la negreada del 5-, y el 6, Día de los Blancos, la “pintica”, el “polvito” y las carrozas majestuosas. Aguardiente, serpentina, talco, cosméticos y música. Evelio hace sonar La Guaneña una y otra vez y también El miranchurito. Menciona, en homenaje postrero, a Luis “Chato” Guerrero, el gran compositor terrígeno (Cachirí, Agualongo) fallecido en 2011. Agualongo reaparece como héroe regional, más que por su defensa de la causa realista, por representar la dignidad y la valentía de un pueblo. Leyendo La Carroza de Bolívar, el Carnaval se vive. Pasto se siente.

Bogotá, enero 1 de 2012.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Licenciado Cantinas, Bunbury en Pasto

En La Chispa adecuada de la desintegrada agrupación rockera españolaHéroes del Silencio, llama la atención, además de la letra, la voz ronca, visceral y pegajosa de Enrique Bunbury. Canta con todo para que no lo olviden. Evoca a Sabina y a Chavela Vargas. Tiempo después, ya como solista, se fajó una versión rockeada de la ranchera El Jinete de José Alfredo Jiménez, de antología. Desde entonces, el hombre venía buscándole el ladito a ese romanticismo nostálgico y dramático que llevamos los latinoamericanos por dentro, que se expresa en la música, en géneros como el tango, la ranchera, la balada y, en particular, en el bolero. A cierto estilo de música que inunda, como el humo y el alcohol, los bares y cantinas del sur del río Bravo hasta la Patagonia, consolando desamores, enervando celos o haciendo jurar quereres.

Se trata de canciones “cortavenas”, que en cualquier género provocan coreadas desgarradas de añoranzas, abandonos y traiciones. Esa música que en la voz de Julio Jaramillo, Olimpo Cárdenas, Oscar Agudelo, Cuco Sánchez, Antonio Tormo, Los Visconti, José Miguel Class, Odilio González, Orlando Contreras, Rolando Laserie, Bienvenido Granda, Daniel Santos y Gardel, entre tantos, y decenas de tríos, salía provocadora, como el olor del aguardiente, de sitios iluminados con bombillas rojas, habitados por hadas de la medianoche. Taras de nuestra idiosincrasia pero sin las cuales la cultura popular latinoamericana sería insípida.

Para las nuevas generaciones, a pesar del “mal” ejemplo de los padres, esa música de cantina, junto con la tropical o “chucuchucu”, se estaba convirtiendo en un lejano y borroso recuerdo, hasta que en diciembre de 1996, Charlie Zaa se coló en las fiestas de fin de año con un tributo a Julio Jaramillo que se impuso en todo el vecindario, gracias al olfato musical y comercial y los arreglos de los hermanos Ramírez. Un concierto de violines, la percusión del pastuso Germán Villarreal y el requinto estelar de Rubio Hoyos de Consacá (Nariño), junto a la voz dulce y bohemia de Charlie, provocaron a padres e hijos, amigos y conocidos, a cantar en coro alicorado: “No me toquen ese vals porque me mata. Ella me lo cantaba y como ella nadie más” o “Rondando siempre tu esquina, mirando siempre tu casa, y este rencor que lastima y este dolor que no mata”.

No corrió con igual suerte el baladista setentero Raúl Santi, cuando en diciembre de 2002, presentó su álbum Guitarra, requinto y sentimiento. Un trabajo bien logrado, con un repertorio muy representativo del alma latinoamericana (Pasional; Alma, corazón y vida; Irresistible, Llora corazón) que no pegó, tal vez por falta de mercadeo, o porque quiZaa era suficiente. Pero qué soberbio Solitario del ecuatoriano Nazario Escarria: “Mala suerte me trajeron sus amores, me dejaron solo angustias en el pecho, hoy por ella yo emborracho mis dolores, hoy por ella solitario yo me muero”.

El fin de año de 2006, Lucía Pulido, reconocida afuera pero desconocida masivamente en el país, le dio un recreo al folclor y las fusiones, para prestarle su magnifica y cultivada voz a la melancolía, acompañada de violín, guitarra y contrabajo, en el cd “Dolor de ausencia”, delicia de melómanos en el pequeño círculo de la bohemia (Mil besos, Sombras, Ódiame, Tres corazones) ¡Quién no corea a Lucía descorazonada! “Aunque me duela el alma y yo te necesite, aunque me duela el alma y yo de amor te grite, hagamos un convenio entre los dos: repartamos la pena de este amor, y así, ya como amigos, jamás hablar de amor”, para enseguida hacerle la segunda a grito herido “al ver que inútilmente, te hieren mis palabras, llorando mi guitarra, se deja oír su voz”.

Pero ¿qué tiene que ver el rockero Bunbury con esta repasada de lamentos redivivos? Pues el zaragozano, que en sus giras se ha embriagado en bares y cantinas de nuestra patria grande al lado de la rokola, averiguando y compartiendo gustos por temas musicales y bebidas, muy calladito fue armando un demoledor repertorio de desazones, ruegos y lamentos pero también de cantos guapos. Y en diciembre pasado nos regala Licenciado Cantinas. De Tierra de Fuego a Rio Grande. Éxito de fin de año en España y México, grabado en un sitio con nombre de cóctel: Tornillo, en el bravío Texas.

¡Qué manera de acompasar el rock con la tradición cantinera, nochera y rumbera latinoamericana! Una voz cargada de tristeza y “bajonazos” marca el renacer de esas letras y melodías embodegadas dentro del corazón, que fluyen en la nostalgia solitaria, los delirios de amigos o en la plenitud del guateque. Otra sorpresa, la calidad de los músicos. Junto a su excelente grupo Los Santos Inocentes, el afamado acordeonista tejano Leonardo “Flaco” Jiménez, la harmónica de Charles Musselwhite, las guitarras de Eliades Ochoa (Sí, estos dos son los del Chan Chan para la historia en Continental Drifter) y de Dave Hidalgo de Los Lobos.

Para comenzar la ronda, una versión instrumental del “El Mar, el Cielo y Tú" de Agustín Lara, cinematográfica y melancólica. Luego “Llévame” en el corazón, del gringo Louie Ortega: “De vez en cuando hay un amor que es más claro que el sol”, rogado por EB con el acordeón del “Flaco” y guitarra eléctrica. En "Mi sueño Prohibido”, del bolerista cubano José Tejedor, la guitarra magistral de Eliades Ochoa y la voz de EB convocan lágrimas: “Si las leyes de los hombres me condenan, y a vivir sin tu querer me castigaran, en silencio he de arrastrar esta cruel pena, por poder acariciar tu linda cara”. No menos que cuando canta dulcemente sobre cuerdas de seda, “Gracias a tu cuerpo doy, por haberme esperado, tuve que perderme pa’ llegar hasta tu lado”, de la fallecida Lhasa de Sela.

Un sorpresivo contestador automático nos lleva a la pampa con intenciones tropicales en la"Chacarera de un Triste" de los Hermanos Simón: “Para qué quiero vivir, con el corazón desecho, para qué quiero la vida, después de lo que me has hecho”. Ódiame por piedad yo te lo pido, el poema del peruano Federico Barreto, infaltable en la “tusa”, casi se queda por fuera y, a pesar de tantas versiones, valió la pena. Como “Vida”, de Pablo Casas Padilla, otro vals de guitarra y cajón llorón, “decidor” y sentimental: “Llegaré al acto más sublime antes de oír algún reproche, quién sabe qué quisiste pretender, yo delinquir eso jamás, mejor morir”.

De repente, EB le quita el micrófono a Bobby Cruz para vociferar las pretensiones del niche desafiante en el barrio: “Voa ponerme mi traje de seda, mis zapatos ya voy a brillar, voa a coger mi sombrero de paja, y pa'l pueblo me voa a vacila. Cuando llegue el mulato a la fiesta, todo el mundo lo va a contemplá y la negra mas linda que encuentre, te aseguro la voa enamorar”. Enseguida, la guitarra de Dave Hidalgo acompaña "El Solitario", de Alfredo Gutiérrez, un paseo vallenato en el que el macho despechado amenaza "si el mar se convirtiera en aguardiente, me lo tomara para morirme borracho". Con razón bautizado por Bunbury “Diario de un borracho”. “Una declaración de principios sensible y perfectamente colombiana”, según Andrés Calamaro, el presentador del cd, rockero argentino también enamorado de Latinoamérica y su música que ha realizado versiones de El Cantante de Blades y de varios tangos en Tinta roja.

El corrido charro también está presente: “Ánimas que no amanezca, que sea puro a media noche y hasta donde el cuerpo aguante, hay que darle cuanto quieras, sin dudas y sin temores”deLorenzo de Monteclaro, famosa por Antonio Aguilar, animada por la guitarra delloboHidalgo En otra lírica, la de Marcial Alejandro, compositor mejicano del movimiento de La Nopalera,cercano a la Nueva Canción como integrante del grupo de Ángel Parra e invitado a los escenarios por Silvio Rodríguez, Bunbury canta “Que me lleve la tristeza, antes que sentir rencor, que el rencor no me oscurezca, el recuerdo de tu amor. Soportable es el dolor, poco a poco, trago a trago, pero no veré en el fango, la nobleza de una flor”. La harmónica de Musselwhite acompaña la congoja.

El tango es infaltable en un recorrido subcontinental por las penas y amarguras. EB escogió nada menos que “Cosas Olvidadas” de Antonio Rodio y José María Contursi: “Después de mucho... mucho tiempo, recién ahora vuelvo a hablarte... ¡qué sensación al escucharte, parece que fuera ayer! Ya ves... estoy mucho más viejo y vos igual a aquellos días, que tanto... tanto me querías, ya nada queda... ¡todo se fue! Pero no todo es sollozo y suspiro, también hubo lugar para la esperanza, la ilusión con que nos afincamos los latinoamericanos para ponerle buena cara a la mala vida, para cantar con Lavoe, ahora con EB acariciando el blus, “Pronto llegará el día de mi suerte, se que antes de mi muerte, seguro que mi suerte cambiará” Utopía que, al fracasar, nos recuerda la sentencia norteña de Francisco Vidal, "La tumba será el final" con lucimiento del acordeón del “Flaco” Jiménez.

La coda, un mensaje sabio y profundo, que nos desafía a mirar adentro, a encontrar en nosotros mismos la clave de nuestras vidas. La milonga “El Cielo está dentro de mí” del payador y guitarrero Atahualpa Yupanqui y Pablo del Cerro, en la voz de Bunbury engalanada por la harmónica de Musselwhite:

“A veces uno camina/Entre la sombra y la luz/En la cara la sonrisa/Y en el corazón la cruz

Búscalo al cielo en ti mismo/Que allí lo vas a encontrar/Pero no es fácil hallarlo/Pues hay mucho que luchar

Por caminos solitarios/Yo me puse a caminar/Por fuera nada buscaba/Pero por dentro quizás”

Enrique Bunbury, perfeccionista, trasnochador, amante del néctar, la música, la vida y Latinoamérica -donde dice están las raíces, al contrario de lo que piensan muchos nativos-, nos regala un reencuentro respetuoso con nuestras calles y sentimientos, afligido y fiestero. Como algo inusual en las giras de artistas extranjeros por Latinoamérica, en la programación en Colombia se incluyen conciertos en Pasto, Bogotá y Medellín. El bar está abierto. Bienvenido a Pasto.

sábado, 12 de noviembre de 2011

El cubano Romero y la heroica Cartagena

Guillermo Segovia Mora (Alterpress)
Hace unos treinta años, desde los toldillos pestilentes alrededor del mercado de Bazurto, los parlantes de las vendimias de la playa o entre las callejuelas de la ciudad vieja, se escuchaba la voz sabrosa del getsemanisense Lucho Argaín con la Sonora Dinamita, cantando su pregón, mientras las negras meneaban las caderas y coreaban:
Aaaaaaaaaaaaaa!!!
barrio de Getsemaní
con tus grandes deportistas
boxeadores, beisbolistas
cantantes y pregoneros
que lo sepa el mundo entero
que aquí en la plaza del boze
fue que un cubano glorioso
dio el grito de independencia
aquí nació la insurgencia
del pueblo cartagenero
para que los chapetones
se devuelvan de nuestro suelo
El 11 de Noviembre de 1811, ante la indecisión interesada del notablato de la Junta de Gobierno de Cartagena, el pueblo de artesanos blancos pobres, negros, zambos y mulatos, proveniente de los arrabales de Getsemaní, aliado con rebeldes momposinos, liderados por Gabriel Gutiérrez de Piñeres, asaltó la sala de armas de la Plaza de la Aduana y, respaldado por los batallones populares Lanceros de Getsemaní y Patriotas Pardos, plantó guardia frente a la Gobernación para exigir a voz en cuello: ¡Independencia ya!
Al frente de esa tropa de descamisados estaba el herrero Pedro Romero, quien dejó fundido su sudor en varios campanarios de las iglesias de la ciudad y era oriundo de Matanzas, Cuba, de donde fue traído para trabajar en los fuertes de la ciudad, según afirman los que han seguido sus huellas. Ante los españoles gestionaba educación y trabajo para sus familiares, mientras preparaba la marcha independentista a golpe de martillo.
Como la junta, entre discursos, acusaciones y diferencias mayores y menores, alargaba el tiempo para no tomar la decisión, al igual que hoy muchas autoridades, Romero y su gente asaltaron el salón y, con malas palabras y amenazas en serio, obligaron a los señores a declarar la independencia absoluta de España, desterrar a quienes con violencia se oponían a tal determinación, suprimir la inquisición y convocar una convención constituyente soberana -la Constitución del Estado de Cartagena de 1812 que prohibió por primera vez el comercio de esclavos, que lleva la firma del cubano Pedro Romero.
La proclama, leída por el comisionado Muñoz, era heroica: "derramar hasta la última gota de sangre antes que faltar a tan sagrado comprometimiento". Como heroico fue el pueblo de Cartagena, que cuatro años después, prefirió morir de hambre o de tifo, comiendo ratones, o a balazos con el pecho descubierto, a rendirse ante los españoles, que iniciaban el régimen del terror ahogando en sangre la primera república.
A la llegada de Morillo, el notablato cartagenero había desterrado a los más radicales del gobierno. Pedro Romero, como miles de “pardos” emigró a Haití, donde murió tiempo después, para escapar del patíbulo. No faltaron los aristócratas que como José María García de Toledo, para salvar el pellejo, pretextaron una estrategia para evitar un gobierno de negros, como había sucedido en Haití. De todas maneras lo fusilaron.
Demasiado pueblo, demasiado coraje, demasiado lejos. Poco a poco la elite con sus nostalgias monárquicas se fue asentando en el poder. Pintó de blanco al presidente Nieto. Nos facilitó un regenerador -teocrático, regresivo y autoritario-, que les dio a sus versos cursis tamaño de himno nacional. Invisibilizó a los negros, pardos y mulatos. Por eso el artista plástico Nelson Fory, cubrió con pelucas afro los bustos de los próceres blancos que adornan sitios históricos de la ciudad, para llamar la atención de los olvidadizos en el bicentenario de la independencia. “De la historia nuestra, caballero”, llamó su intervención, prestándose un verso de ese cartagenero grande llamado Alvaro José “Joe” Arroyo.
Cuando se le rebota la sangre azul y la camándula, la “crema” impide que a las discotecas entren negros y sabotea las nupcias de los homosexuales, mientras se alza de hombros con los extranjeros que prostituyen impúberes en las calles y ante los colchones de los pobres flotando en las inundaciones en los barrios pobres, después de que los fotografían con camiseta nueva para sus ostentaciones.
La fiesta popular se relegó a los barrios. Los bravos lanceros de Getsemaní, no se reflejan en los sumisos edecanes de las niñitas ricas -de dinero- del país, que desfilan como yeguas para goce de la guachafita de platas mal habidas, la figuración politiquera y la pompa farsante de los medios, en el reinado nacional de la belleza con el que hoy celebra la “jai”, la independencia de Cartagena.
¿Y Pedro Romero? Por ahí anda. En la pequeña estatua en su honor recién lustrada. En las comparsas bullangueras de los negros que para recordarlo gritan ¡No más esclavitud! ¡Viva la Independencia! En las celebraciones de barriada. En el campanario de La Popa - la gente dice lo martilló-, que con su melancólico repicar, otra realidad para los pardos de hoy evoca.
Mientras coronan a la reina, que no pare el coro:
Soy orgulloso
de ser getsemanisense
que dicha grande
ser nacido en Cartagena.

N-10: Primer triunfo de los indignados en el mundo

Mire la calle.
¿Cómo puede usted ser
indiferente a ese gran río
de huesos, a ese gran río
de sueños, a ese gran río
de sangre, a esa gran río?
NICOLÁS GUILLÉN

GUILLERMO SEGOVIA MORA (ALTERPRESS)

Unos 70 mil estudiantes de secundaria, técnicas y universitarios, entre ellos delegaciones de todo el país, respaldados por cientos de personas que aplaudían su paso, se tomaron la Plaza de Bolívar de Bogotá -histórico escenario político, que quedó pequeño para la colosal ocupación- , luego de marchar varias horas desde distintos sitios de encuentro, en la movilización social más grande registrada en Colombia.

Tambores, aires andinos, pitos, consignas y pancartas en defensa del derecho a la educación y la educación pública, una bandera gigante de Colombia, algunas de Palestina, la Wipala (amerindia), zanqueros, máscaras de anonymus, un telón con el Che Guevara, unos cuantos banderines de organizaciones juveniles de los partidos de izquierda tradicionales, un cartelón montado en una bicicleta que reclamaba el cese del bloqueo a Cuba y un enorme pasacalles que gritaba: ¡Somos anticapitalistas!, agitaron el centro de la ciudad, en medio de un torrencial aguacero, que amainaba para arreciar y al que contestaban correteando: ¡resistir!, ¡resistir!, ¡resistir!

La jornada denominada 10-N (10 de Noviembre), fue convocada por la Mesa Amplia Nacional Estudiantil -MANE-, instancia que congrega a cinco organizaciones del país, que exigen participación decisoria en la definición de las políticas educativas y garantía del derecho a la educación. Protestas similares se vivieron en Medellín, Cali, Popayán, Barranquilla y otras ciudades. La mayoría en el mismo tono con que empezó el movimiento, pacíficas, alegres, inagotables. En medio de besos, abrazos, estrechando afectuosamente a los policías que los vigilan, con un nuevo lenguaje. Juveniles, rebeldes.

Padres de familia y curiosos no ocultaron sus lágrimas al ver discurrir ese torrente de vida, dignidad y fortaleza. Mostrando una fotografía de la Ministra de Educación que sostenía en las manos, una joven gritaba: - Esta es la minoría de que habla su señoría. Refiriéndose a palabras de la ministra que desestimaron la protesta. En esa tónica, el Presidente del Senado la calificó como una “bobada” y el ex Vicepresidente Francisco Santos, primo del Presidente -a quien se opone por débil-, llamó a aplacarla con “armas no letales”. Expresiones que por sí solas muestran el talante democrático de los potentados, pero traslucen a la vez el temor por la trascendencia que puede tener el movimiento.

Sacudido con el respaldo social que logró la oposición al proyecto de ley 112 de 2010 de reforma a la educación universitaria, el Presidente Juan Manuel Santos, tras meses de mostrarse intransigente y anunciar que lo sometería a la aprobación del Congreso de la República contra viento y marea, intentó ocultar su fracaso, aceptando retirarlo y debatirlo si los estudiantes levantaban un paro que afecta a los principales centros de educación superior pública. Buscando, de paso, debilitar la marcha, que constató la fortaleza de la movilización. De hecho, ante la magnitud de la protesta su propio partido le quitó respaldo a la iniciativa y los legisladores ponentes embolataron el trámite.

Tras el anuncio presidencial, y luego del N-10, a Mesa Nacional Estudiantil determinó acampar en instalaciones universitarias y de organizaciones sociales y votar en asamblea, la forma como se inició la protesta y se han tomado las decisiones, las acciones a seguir, advirtiendo que el fin del paro depende de que el gobierno esté dispuesto a iniciar la construcción de una política educativa a partir de los intereses del estudiantado y del país y no con base en el proyecto impugnado.

La reforma a la educación superior está determinada por las exigencias del Tratado de Libre Comercio, recientemente aprobado por el Congreso de los Estados Unidos, y los lineamientos del Banco Mundial para hacer funcional la educación a las demandas de la globalización neoliberal. Una versión dura, que determinaba la inversión privada directa -hasta ahora se manejan como entidades públicas o privadas sin ánimo de lucro-, tuvo que ser modificada, por la reacción generada en la comunidad universitaria y la que pudo palpar el Presidente Santos en Chile.

Sin embargo, entre líneas, la esencia se mantiene: se refiere a la educación como derecho a la par de que se la califica como servicio; con el gancho de engordar el crédito se oculta la intención de desmontar la gratuidad; se anuncia incremento presupuestal y de cobertura, pero se oculta que son efectos inerciales y parciales; reivindica la autonomía pero la limita. Frente a todos esos puntos los estudiantes tienen propuestas.

El proyecto busca profundizar la privatización de la educación en el país, iniciada hace dos décadas, contradictoriamente, cuando se consagró como derecho en la Constitución de 1991. En el marco legislativo desarrollado desde entonces, los niveles de calidad han descendido debido a la precarización que implica la explosión de universidades e institutos técnicos de “garaje”, educación básica y media de “entrega inmediata”; ampliación de coberturas a costa de calidad -hacinamiento, instalaciones inadecuadas, reducción de personal docente y administrativo-, traslado de costo y reducción de recursos a las universidades, aumento de la brecha social. Todo lo cual se ha dado encubierto en la envoltura de un discurso pedagógico de ciclos, estándares y competencias, supuestamente avanzado, cuya pertinencia también está en cuestión por la complejidad que comporta.

Como pocas veces, la sociedad en su conjunto parece involucrarse en un asunto que la afecta de manera fundamental. En cafeterías y buses se habla del tema, se apoya a los estudiantes y se cuestiona al gobierno. El lunar lo constituyen los medios masivos de comunicación interesados en hacer aparecer las demandas estudiantiles como necedades o extravagancias inconexas como pedir que se reduzcan las leoninas exenciones a las trasnacionales, mejor distribución de las regalías mineras y de hidrocarburos, reducción del presupuesto de guerra para lo cual se debe procurar la paz. Medidas que generarían importantes fondos para financiar la educación.

Hay excepciones que muestran el impacto de la protesta. Un reconocido conductor de revista noticiosa radial de la cadena Ser de España se vio a gatas frente a dos de sus jóvenes periodistas cuando -en medio de la perorata en que instó a los estudiantes a que ya está bueno y que se vayan a estudiar-, le alegaron que la movilización es un medio democrático de participación, que la estigmatización de la protesta es un legado del régimen político excluyente y que los gobiernos manipulan las cifras para conducir la opinión. Luego de preguntar al aire: ¿Pero eso que tiene que ver? Calmó apuros pasando comerciales. Un síntoma de le enfermedad nacional: que poco espacio le da el instante a la memoria.

Hace apenas dos años, el nonagenario Sthepan Hessel, sobreviviente de los nazis, ciudadano francés, alemán de nacimiento y judío de origen, miembro de la resistencia francesa antifascista, propulsor de la Declaración de los Derechos Humanos de la ONU, animador del Mayo del 68 y activista social, llamó a los jóvenes de Europa a indignarse pacíficamente contra el neoliberalismo, la discriminación, la xenofobia, la aniquilación del Estado de bienestar, el hambre en África y el genocidio del pueblo palestino: ¡indignaos!, ¡indignaos!, ¡indignaos!.

Este año los jóvenes de España lo escucharon el 15 de marzo (M-15). Luego los de varios países de Europa, Australia, los Estados Unidos y el cono sur de América, donde los estudiantes chilenos mantienen en jaque al gobierno con su resistencia a la mercantilización de la educación, el 15 de Octubre (15-O). Hoy, 10 de Noviembre, pase después lo que pase, los estudiantes de Colombia obtuvieron la primera victoria de los indignados del mundo. Conscientes de que están trastornando el avejentado e injusto orden de cosas, presentan excusas: “Perdonen la molestia. Solo queremos cambiar el mundo”

lunes, 31 de octubre de 2011

Bogotá:¡Petropolis!

No hace mucho, por casualidad, vi el documental realizado por la hija del asesinado dirigente del M-19 Carlos Pizarro en homenaje a su padre. Una imagen sacudió mi memoria: muestra la votación que realizó la organización para determinar si la militancia aprobaba el acuerdo de desmovilización con el gobierno de Virgilio Barco. Gustavo Petro Urrego, el “Aureliano” de la clandestinidad, dirigía el evento. Quién habría podido imaginar hace 20 años, que hoy estaríamos abrazándolo porque los bogotanos de todas las clases, etnias, opciones sexuales y colores políticos le acaban de dar su respaldo para que gobierne la ciudad, y de paso enviar dos mensajes contundentes: de nuevo un ¡No! a las imposiciones autoritarias y al “todo vale”, y que la izquierda no es un grupúsculo corrupto e hipócrita y unos cuantos tuertos a conveniencia.
 
Aparte de escoger a Petro por su carisma, antecedentes en el desempeño congresional, calidad de discurso, programa social, actitud pacifista y tolerante, esta ciudad progresista, defraudada en el tiempo reciente, le está reconociendo el haber puesto políticamente contra la pared al paramilitarismo, develado la toma mafiosa del Estado y, en su más reciente batalla, la entereza de desnudar a la organización política que ayudó a construir, por el imperdonable episodio del “carrusel de la contratación”. Es claro que en el Polo Democrático Alternativo hay gente honesta, consecuente y firme, pero también lo es que hay varios infectos y que mirar para otro lado, por el riesgo de “perder la Alcaldía”, así no se tuviera, porque Samuel Moreno la negoció con toda la politiquería tradicional, era una excusa vergonzosa.
 
El compromiso con la ciudad es monumental: que los niños y niñas pobres sean amados, se nutran, estudien, jueguen y gocen en los jardines infantiles, que la ciudad crezca hacia arriba y no comiéndose la Sabana, que la basura sea una renta para los recicladores y el tesoro público y no sólo para “Tom” y “Jerry”, que el resto de la ciudad deje de mirar a los sectores populares con desprecio, que la educación genere conocimiento y contribuya a achicar la brecha social y no sea un negocio de avivatos , que los servicios hospitalarios sean la última opción con atención digna, que con el respaldo de la Nación el metro deje de ser carreta, en fin, muchas tareas para hacer de Bogotá una ciudad humana, ambiental, incluyente, sostenible y competitiva.
 
Mientras se comienza ya hay un efecto inmediato: la política pública de educación. Fiel a la Constitución del 91, fruto, entre otras razones, de los acuerdos de paz con el eme y otras guerrillas, Petro ha sido claro: ¡La Educación es un derecho! Y una obligación del Estado. Si hasta ahora, el gobierno de Juan Manuel Santos ha tenido oídos sordos frente al vivificante movimiento estudiantil que se opone al proyecto de reforma de la educación, ya es hora de que acepte la creciente demanda de que lo retire del Congreso, para que entre todos pensemos y acordemos una política educativa que le sirva al país para salir del atraso, con inclusión y oportunidades para los mas necesitados, y no para obedecer los mandatos del capital trasnacional, cumplir engañosamente las metas del milenio y ahondar la aberrante desigualdad imperante.
 
Al manifestar que asumirá el liderazgo en la aplicación de la “Ley de víctimas”, Petro presenta otro compromiso histórico: convertir a la capital del país en el corazón de la reconciliación nacional (la política del amor contra la política del odio), en el epicentro del proceso que, aún con las limitaciones, dificultades y vacíos, debe reparar a los cientos de miles de colombianos flagelados, expropiados y desplazados de su pedazo de tierra por la alianza criminal del narcoparamilitarismo y la complacencia de varios gobiernos por sus réditos contrainsurgentes. Tenemos el deber de ser solidarios y cuestionarnos la indiferencia de siempre.
 
Una opción de avanzada seria tenía que ser el resultado de un proceso de maduración. El Polo fue la prueba ácida, puso énfasis en lo social pero se quemó las manos con la contratación. La ética hacía la diferencia y falló. El desafío: que dentro de cuatro años Colombia quiera ser como Bogotá: humana y progresista.

martes, 26 de julio de 2011

Joe, un pedacito de la historia nuestra

Creador de un sonido propio con lo mejor de la influencia africana, caribeña, antillana y costeña, delicia de los bailadores de Colombia, América Latina y el mundo, Alvaro José Arroyo también contribuyó a reivindicar un lugar digno para los afrocolombianos en la historia y en el presente.
El Joe” Arroyo, quien murió cerca de cumplir 56 años (Cartagena, 1o. de noviembre 1955-Barranquilla, 26 de julio de 2011), sí que está presente en la historia musical de Colombia y en la vida de muchos de los que en los 70´s comenzamos a rumbear. A mediados de esa década, por entre la avalancha tropical que con orquestas venezolanas inundaba los estaderos y salones de casi todo el país, irrumpió desde Medellín el sabor endemoniado de Fruko y sus tesos, cargado de salsa, con las voces excepcionales del cartagenero Álvaro José Arroyo y el caleño Wilson “Saoko” Manyoma: El Ausente, El Caminante, Tania, El Preso, Negro Chombo, Mosaico Santero, nos pusieron a azotar baldosa. De African look o larga melena, vestidos con camisas sicodélicas, pantalón de bota ancha y tacón mediano, coreando el soye: “flores silvestres, luna y estrellas, todo se me acumula en mi cabeza que va estallar” -uno de sus grandes placeres pero también doloroso azote de su vida- nos iniciamos en la bohemia y en el gozar. La casa disquera le sacó el jugo a la tesitura de la voz y al relincho del "Joe", quien interpretó éxitos de temporada para varias orquestas de estudio y The Latin Brothers (Las cabañuelas, Dos caminos, Patrona de los reclusos). Entre curiosidades, dos bolerazos: Buenos días tristeza y Volver a empezar.

En los 80, creó su propia orquesta y acentuó los ritmos del gusto “currambero” que lo convirtieron en un fuera de concurso en el Carnaval de Barranquilla aunque lo distanciaron un poco del interior del país, donde nos cuesta mover hombros, menear cintura y raspar canilla al tiempo, con éxitos como el sicotrópico Tumbatecho, La rumbera y Bolobonchi. Pero con el Lp Musa Original y sus tres exitazos: el que da nombre al disco, Mary y La Rebelión, la sacó del estadio para conquistar Colombia, Latinoamérica y escenarios de todo el mundo. Letras de su puño y corazón, reivindicación del negro y de la noche, odas a sus amores, música con ecos del África Madre, la costa que arde, cumbia, porro, chandé, reggae y joeson, una mixtura atrapadora que evitó definir afirmando "ni yo sé que putas es". Luego Echa´o pa´ lante con La vuelta, Son Apretao y el Yamulemao del senegalés Laba Sosseh. Al que siguió Fuego en mi mente pegando La noche, En Barranquilla me quedo, Por ti no moriré y A mi dios todo le debo. Al final de la década, el útimo Lp con Discos Fuentes, En Acción con golpes como El centurión de la noche, Pa´l bailador, y Suave Bruta.

Muchas razones para el multitudinario concierto de homenaje en sus 20 años de vida artística, en 1992, que juntó 70 mil personas en el estadio El Campín de Bogotá para escuchar al “Joe” y a los oferentes: "Richi" Rey y Bobby Cruz, Andy Montañez, Saoko, Fruko y Niche (su director Jairo Varela, otro grande, también murió meses después). En los años siguientes, con Sony Internacional, la vena romántica con influjos de bachata produjo bellezas como Tal para cua, Ella y tú y Noche de arreboles. Del amor a la costa atlántica y su folklor surgieron los homenajes a Irene Martínez, Estefanía Caicedo, Esthercita Forero, Los Gaiteros de San Jacinto (La tortuga, Pañuelo y guayuco, Lo de la Chula, Falta la plata a dúo con Víctor Meléndez, Ron pa´todo el mundo a dúo con Diomedes Díaz y sus éxitos a dúo con Juan Carlos Coronel). De esta época también es una de sus mejores salsas: Madera. Siempre a su lado, en el piano de “Chelito” De Castro, y, después, Víctor del Real. A comienzos de siglo, en el Madison Square Garden de New York, desobedeció a Ralph Mercado, quien le presagió un abucheo si se salía del repertorio salsero, y puso a brincar a miles con el raspacanilla A mi dios todo le debo en la catedral de la Fania.

La rebelión: fiesta con mensaje
Las carencias y el hambre de la niñez siempre estuvieron presentes en su inspiración como denuncia de la injusticia, protesta y reivindicación de la raza. Más allá de quienes sostienen que la música del Caribe, por su sonoridad y cadencia es de por sí revolucionaria. Desde las primeras grabaciones con Fruko incluyó temas como Pueblo sufrido, Palenque, Gamincito y Abandonaron el campo. Con su orquesta La Verdad, Amerindio,  La vida va, Mundo cruel, La guerra de los callados. Llanto ven, llanto va; Blanco y Negro, La Rebelión y Mi Libertad son crónicas de la esclavitud en la Cartagena colonial y la exigencia de respeto para los afrocolombianos y la mujer negra, temas para bailar pensando que trascendieron la música hasta convertirse en corpus de investigaciones sociales sobre la realidad de los afrodescendientes en las américas. En el “corralito de piedra”, en el Fuerte de San Fernando o en el Palacio de la Inquisición, la mente vuela siglos atrás y con los ojos cerrados se escucha la voz de los cimarrones de Benkos Bioho: “quiero contarle mi hermano, un pedacito de la historia negra, de la historia nuestra”. Fruto de su vida accidentada, de la desesperación y de su formación callejera e instintiva, también alabó al final al Dios de una iglesia protestante después de venerar a Changó, contradicción que, como algunas de sus letras, no demerita su mensaje.

En 2006, el escrito “La doble conciencia de DuBois, frente al excepcionalismo latinoamericano: Joe Arroyo salsa y negritudes”, autoría del PhD. de la Universidad de California, Doctor en Ciencia Política de la Universidad de Chicago e integrante del Departamento Ciencia Política y del Centro para los estudios Afroamericanos de la Universidad de California, Mark Q. Sawyer, fue galardonado con el premio a mejor ensayo en asuntos de negritudes. Al referirse a La Rebelión, Sawyer sostiene: "verso a verso, la canción cuestiona la percepción de una historia de Colombia unificada y saca a relucir la historia de opresión y luchas que marcan en especial la historia afrocolombiana". El aporte de “Joe” como artista popular notable es demostrar la existencia de una “discriminación inclusionaria en la música y en las sociedades latinoamericanas”; sus canciones son “formas fractarias de respuestas a la opresión y la cultura”. Destaca, así mismo, que “Joe” replantea el papel de la mujer objeto en la salsa para reclamar por su dignidad y reivindica al hombre como defensor de sus derechos por sobre el tradicional macho gozón ¡No le pegue a la negra! ¡Porque a la negra se la respeta!

Es el legado de “Joe”, el niño que recorría a pie descalzo las calles destapadas del barrio Nariño de Cartagena con la cabeza entre un tarro para escucharse y soñar con ser un artista grande, que le cantó a los putañeros en Tesca y a los curas en la coral del arzobispado, que abandonó la escuela para graduarse en la música, que saltó a la fama niño y vivió adolescente, que casi se muere varias veces saciado de alcohol y droga, que lucía como palero santero; el Super Congo de Oro de los carnavales de Barranquilla, el Grammy póstumo a la excelencia, una de las cuotas significativas de Colombia en la historia de la música popular universal. El “Joe”, siempre echa´o pa´lante y prepara´o.