miércoles, 24 de diciembre de 2025

Navidad, catolicismo y nueva espiritualidad



La Navidad me gusta, como a muchísima gente, por la tradición familiar, la francachela con los amigos y amigas, la luminosidad y el festejo, la natilla y los buñuelos, los abrazos y regalos, las expresiones de solidaridad, generosidad y afecto, y el pretérito enigmático que la envuelve. No me gusta, como a tanta otra, por la retahíla de la novena, el sonsonete de los villancicos, la rezadera autómata, el festín de los mercachifles, las falsas promesas, las frases hipócritas y el embuste de gozársela como una costumbre idólatra simulando lealtad a una  historia fraudulenta inventada y fomentada para mantener fiel al rebaño.

La Natividad, en su contenido teológico, es una de las tantas invenciones, a través de los siglos, de los “sumos pontífices”, “santos y santas” y curas y monjas para dar cuerpo doctrinario a la religión católica. Sin certeza sobre la fecha de nacimiento de Jesús, para ganarse a los pueblos paganos, adaptaron el 25 de diciembre, momento del calendario en que por iniciarse el solsticio de invierno en el hemisferio norte, estos celebraban al Sol victorioso, la fecundidad y la cosecha. Así, comparte fecha de advenimiento con personajes mitológicos como Apolo en Roma, Horus en Egipto, Harpócrates en Grecia, Mitra, Manú y Buda en la India, Huitzilopochtli de los aztecas e Inti de los incas, y una madre virgen que da a luz en el abrigo de un establo.

Las investigaciones dicen que no es la única falsedad o treta oportunista que se convertiría en rito. La mayor parte de los hechos que configuran la Navidad fueron ideados en el siglo IV d.n.e. a partir de la suma de leyendas. Jesús no nació en Belén, la virgen María perdió la virginidad y tuvo más prole -afirmación cuya cita le costó la prohibición de escribir para el público al Padre Alfonso Llano; los tres reyes no eran reyes, no eran magos, ni eran tres. No hubo día de los inocentes ni estrella de David. A Melchor lo pintaron de negro en el siglo XVI para atraer a la gente de esa raza del África mientras los reyes católicos eran bendecidos por esclavizarla. Los tiernos villancicos surgieron de los no tan tiernos cantos cortesanos. Francisco de Asís “vistió” por primera vez el pesebre en el siglo XVII. De Castilla nos viene la religión, el idioma y lo villanos.

El día de las velitas (7 de diciembre), es la particular celebración colombiana de la proclamación por Pio IX del dogma de la “inmaculada concepción” -un verdadero milagro porque concibe sin embarazo dos semanas después- y el inicio de la parranda navideña, que en Cali y Medellín arranca el primero de diciembre abaleando el cielo, ya se sabe porque.  El fuego y la luz han sido objeto ritual desde los albores de la humanidad. La novena, que se reza y festeja en Colombia, la escribió el cura ecuatoriano Francisco Larrea y se le agregaron los cantos o gozos de María Ignacia, una monja hija de Soledad Acosta de Samper. El buñuelo y la natilla se impusieron con el tiempo. La pólvora es un antiquísimo invento chino que por décadas cobró dedos y torturó animales hasta que la razón ha impuesto su manejo responsable y la tecnología la sustituye, aunque no pocos atorrantes y la subcultura narco insistan en el alboroto.

En otros tiempos, el “Niño Jesús” traía los regalos, que aparecían de la nada la madrugada del 25 de diciembre, tras la bebeta, comilona y bailata del 24, hasta que los niños descubrieron que los colocaba el papá enguayabado en calzoncillos, antes junto al pesebre, después al pie del pino lleno de luces, bolas y escarcha, costumbre importada de Europa.  Como el monje turco disfrazado de rojo en EE.UU. por Coca Cola que vuela en trineo desde los polos arrastrado por venados para colarse por las chimeneas, desplazando al “divino niño”, a dejar los regalos impuestos por la industria de la juguetería y el entretenimiento made in USA. Ahora San Nicolás, Santa Claus o Papá Noel, aparece también vestido de verde o azul vendiendo celulares. Todas esas vainas llevaron a García Márquez a hablar de la “Navidad siniestra”.

Como la Nochebuena, la catedral católica está empedrada en fruslerías, falsedades, crímenes abominables, pederastia, complicidades, boato, sangre, persecuciones, violencia, guerra, aberraciones, robos, estafas y terror. Basta leer el ensayo La puta de Babilonia de Fernando Vallejo o Las mentiras de la iglesia de Pepe Rodríguez para repasar el horror que ha significado para buena parte de la humanidad, para asombrarse de tanta mentira. No obstante, cada vez con menos fuerza, Occidente sigue siendo religioso y mayoritariamente católico. La razón, como lo sostiene Richard Dawkins, es que la arquitectura del poder institucional, económico y social tiene esa matriz, y, además, es ideológicamente funcional al capitalismo. Según el filósofo Michel Onfray, es un poder construido sobre la represión al placer y el sofisma del libre albedrío, por lo que aboga por liberar al hombre de esas ataduras que lo sojuzgan. 

No se pueden desconocer los importantes aportes de las religiones a la preservación de la especie, la cultura y el arte, la moral y la ética, y, algunas veces, a la cohesión de los pueblos frente a riesgos catastróficos; tampoco las atrocidades extremistas de los fundamentalismos, pero  la arqueología, historia, literatura fundacional,  bases conceptuales, preceptos, dogmas, conformación institucional y formas de imposición y dominación del catolicismo han sido desnudadas, rebatidas y hasta puestas en ridículo por el propio Dawkins, Cristopher Hitchens y el científico Stephen Hawking en el debate reciente. Matthew Alper, en Dios está en el cerebro, califica la religión, las religiones, como un invento del hombre, un ingrediente genético evolutivamente incorporado en la mente del ser humano, como antídoto para enfrentar la siempre atormentante certeza consciente de la muerte, de la finitud de la existencia y la acechanza permanente de los miedos.

Para Dawkins es un fenómeno cultural arteramente inoculado y cuyas prácticas y creencias son transportadas por los siglos a través de una especie de genes ideológicos. Califica al catolicismo como una de las más absurdas y peores experiencias de la humanidad. En perspectiva, el teólogo y filósofo valenciano Mariá Carbí, en un aporte erudito y contundente, define las religiones como un hecho cultural que permitió programar las sociedades preindustriales pero que ha perdido sentido en la sociedad del conocimiento, por lo que llama a recoger lo mejor de ellas hacia una espiritualidad laica. Sin creencias, sin religiones y sin dioses. Punto de vista que comparto. No puede ser posible que una parte del mundo católico siga condenando el homosexualismo, el aborto, la eutanasia y el sexo seguro, para agravar la miseria, la discriminación y la violencia en el mundo, hechos que muestran un odio atroz del Dios católico contra la especie humana, a la que la institución mantiene fiel con amenazas apocalípticas, como sostiene Dawkins.

Así las cosas, no deja de ser contradictorio que quienes abanderan procesos que se reclaman  progresistas, ideológicamente sustentados en el materialismo y por ende proclives al ateísmo, de repente, ante situaciones personales dramáticas, promuevan rituales e invocaciones de la rancia tradición católica. Pero es explicable. Es el caso de Latinoamérica y El Caribe, donde las mayorías -a pesar de la competencia de las iglesias y sectas en boga- profesan el catolicismo, herencia colonial castellana impuesta a rajatabla y, en buena parte de nuestra historia, corresponsable, desde el poder, de las injusticias, la represión, el sojuzgamiento y el atraso de nuestros pueblos. Sin embargo, millones de personas siguen orando a diario, encomiendan a sus seres queridos a Dios, van a misa los domingos y comparten rituales que en colectivo son vivencias de fe y esperanza, así el día a día reniegue con su dureza lo que en la capilla es una ilusión. No en todos los casos, desde luego. Si el creyente es “exitoso” más razones tiene para creer. Pregúntenselo a un sicario o un traqueto.

También hay coincidencias entre los postulados del socialismo con la práctica religiosa comprometida en la lucha contra la injusticia y por la equidad en una lectura liberadora de los evangelios, con ejemplos históricos desde las catacumbas romanas hasta las paupérrimas veredas del Tercer Mundo. Ese encuentro fue el que advirtió Fidel Castro para matizar la contundente afirmación marxista de que la religión es “el opio del pueblo” -que lo es como aparato de dominación-, exaltar páginas memorables de la historia del cristianismo, llevar por buen camino las relaciones con las iglesias de su país, encomiar las labores de beneficencia de los laicos y el clero y saludar el compromiso de cientos de creyentes con el cambio social. Reflexiones y realidades consignadas ampliamente en la larga entrevista con Gianni Mina, "Fidel y la religión".

En esa corriente militaron Torres, vida segada por una muerte estúpida; Gaspar García Laviana y Oscar Arnulfo Romero, asesinados por católicos al servicio de los poderosos, en Nicaragua y El Salvador; Fernando y Ernesto Cardenal -increpado grotescamente por el Papa Juan Pablo II, orientado por Joshep Ratzinger, por su papel en la Revolución Sandinista-; Sergio Méndez Arceo en México,  Pedro Casaldáliga en Brasil,Monseñor Leonidas Proaño en Ecuador y tantos sacerdotes de a pie a lo largo del continente y el mundo. La Iglesia de los Pobres, de Gerardo Valencia Llano, René García  y Golconda; Medellín y Puebla, las Comunidades Eclesiales de Base y la Teología de la Liberación, teorizada por Gustavo Gutiérrez, Leonardo Boff, Paolo Richard, Enrique Dussel, Ignacio Ellacuria, Fracoise Hutard, Frey Beto e Ignacio Martín Baró y sus compañeros de luchas (asesinados por militares en El Salvador).

Los aportes cristianos para la liberación del periodismo concientizador que en Solidaridad y Utopías hicimos con la orientación de Héctor Torres. El catolicismo solidario y humanista de Camilo Torres Restrepo, Francisco De Roux, Mario Peressón, Javier Giraldo, René García, y los mártires Alcides Jiménez, Héctor Gallego, Bernardo López Arroyave, Teresita Ramírez, Yolanda Cerón, Sergio Restrepo, Guillermo Céspedes, Nevardo Fernández, Luz Stella Vargas, Mario Calderón, Elsa Alvarado, el sacerdote de origen nasa Álvaro Ulcué y  Antonio Hernández Niño, nuestro compañero de Solidaridad, acribillado de rodillas “por confusión” en la guerra sucia que tantos aún añoran en lugar de compartir  un pan.

Esa savia  que alimenta la nueva espiritualidad basada en principios y valores de amor a la humanidad, defensa irrenunciable de la plena vigencia de los derechos humanos, respeto absoluto a la diversidad y el pluralismo, acogimiento a la soberanía, autodeterminación  e independencia de los pueblos, búsqueda permanente de la paz y práctica constante de la solidaridad. Principios vapuleados por el neoimperialismo y el sionismo en la atormentada y ensangrentada Gaza, la Palestina que vio nacer al Jesús por estas calendas motivo de tantos festejos, mientras masacran a su pueblo.

 Verdaderos “milagros” se atribuyen a la conjunción de humanismo, energía y espiritualidad, que la creencia popular adjudica a manifestaciones divinas, pero que son una demostración del poder del afecto de los seres que habitamos este punto del universo. Así lo explicó, en forma sugestiva, ese costeño fascinante que en vida llevó el nombre de Jaime Bateman Cayón: “Si una persona es absolutamente sentida, constantemente querida, si en ella se dan cita una cantidad de afectos fuertes, el afecto de la mamá, de las hermanas, de la amante, de los amigos, esa cadena de afectos lo defiende de la muerte, del peligro, lo vuelve casi inmortal…Porque el amor es la certeza de la vida. Es la sensación de la inmortalidad.” Ya es hora de superar la ilusión de que “Dios es amor” por la vivificante afirmación, el amor es mi dios.

viernes, 19 de diciembre de 2025

Bolívar descrito con saña

Centenario de “Estudios sobre la vida de Bolívar” de José Rafael Sañudo

En memoria de Julián Bastidas Urresty



José Rafael Sañudo, nació y murió en Pasto, su ciudad natal (1872-1943). Fue un caballero a la antigua, de finos modales, bien hablado, católico ultramontano, intelectual de quilates, independiente de partido pero de espíritu conservador; labrado en la autoformación en lenguas clásicas, derecho, historia y literatura, lo que le generó gran reconocimiento y aprecio local y del poder central del país, para desempeñar altos cargos judiciales, magisteriales y la primera presidencia de la naciente Academia de la Historia de Nariño, a comienzos del siglo XX. Por su carácter reservado y modesto, rechazó varias distinciones y, en una rectitud encomiable, como abogado, asumía las costas si el error era suyo.

Publicó la primera novela conocida en el actual departamento de Nariño, “La expiación de una madre”, a finales del siglo XIX; elaboró una ambiciosa historia de la ciudad de Pasto, de la que alcanzó a imprimir tres volúmenes, tan detallada y colmada de datos, que fue admirada por intelectuales connotados. También concibió una “Filosofía del Derecho” que, dicen testigos, fue texto en facultades de Argentina y recibió elogios del mismísimo jurista Giorgio Del Vechio, en Roma. En su libro “Otro panamismo”, en forma valiente, condenó los supuestos lesivos arreglos limítrofes con Ecuador, del Ministro de Relaciones Exteriores, Marco Fidel Suárez.

Pero el escrito suyo que desató furias, y algunos aplausos, fue “Estudios sobre la vida de Bolívar” publicado en octubre de 1925, unas décadas después de que Carlos Marx, su antípoda ideológica, también cometiera graves errores de apreciación sobre la acción del Libertador, el “bellaco embaucador”. Un libro hecho con rabia. Con la saña de Sañudo, sinónimo de feroz e iracundo.  

“Desde la sangre que corría por sus venas, hasta la misma agonía. Su vida, un tejido de crímenes, en que actuaron la vanidad, la traición, la crueldad, la envidia, la lujuria, el engaño, la soberbia, y cuantas pasiones y vicios hacen de un hombre un ser abominable.”

Otra cosa dice la historia: Simón Bolívar (24.7.1783, Caracas, Venezuela, 17.12.1830, Santa Marta, Colombia) peleó en 447 batallas, siendo derrotado sólo 6 veces. Cabalgó 123 mil km., recorrió 10 veces más que Aníbal, 3 veces más que Napoleón y el doble de Alejandro Magno. Venció al imperio más poderoso de su tiempo, ganando la libertad para cinco naciones, entre ellas Colombia, según resumen de BBC de Londres, año 2000. 

La bronca corresponde, en parte, a la indignación, frente a las conminaciones indeseadas, las imposiciones, los insultos, los ataques, los destierros y la violencia ejercida por las tropas patriotas, por más de una década, tratando de atraer a la república a los indómitos y leales monarquistas pastusos. Es el repudio por la “La Navidad Negra” del 24 de diciembre de 1823, cuando el ejército republicano, al mando de Antonio José de Sucre, ebrio por los fragores de la guerra, dio rienda suelta a la ira y la venganza contra la resistencia realista, ocasionando cientos de muertos, violaciones, robos, saqueos y destrucción. 

Por supuesto, a Sañudo le era imposible analizar que, si bien el ejército libertador tuvo un rapto de desquicio, ganar a Pasto fue un paso fundamental para liberar al Perú y de esa manera consolidar la Independencia. Bolívar consideraba que el fin de la dominación colonial llegaría con la derrota de ejército realista allá. Pasto, en el trayecto, se opuso a toda conminación y pagó caro el precio de su obstinación. 

En lo militar, no le halla mérito alguno. Cuando triunfa, es por disponer de mayor número de tropa y le increpa crueldad por el número de bajas enemigas. Le achaca la “Guerra a muerte”, que alineó a los americanos en la causa ante el horror impuesto por los españoles. Sañudo prefiere decir que la Independencia fue el fruto desafortunado y a destiempo, de los levantamientos liberales en España. En sus escarnios, no le da chance para rebajarlo:

“En el cuerpo de esta historia habrán notado sus cualidades de guerrero, desde luego que en el Pantano de Vargas, si no es por Rondón, se hubiera consumado la derrota de los republicanos; que Boyacá fue un asalto; que en Carabobo tenía una extraordinaria superioridad sobre Latorre; que en Bomboná fue rechazado, y que en Junín fue un encuentro fortuito de caballerías, sin ordenamiento alguno de su parte”.




No advierte las diferencias en el objetivo de la lucha, entre Bolívar y otros líderes rebeldes (Santander, Páez, Flórez), más interesados en conquistar su pedazo que en forjar una Patria Grande. Compara y reduce al Libertador frente a otros, asimilando episodios incomparables, sin contemplar las razones tácticas y estratégicas que lo obligaron a imponerse en contradicciones y desavenencias o arriesgar en la distracción o la felonía. Decisiones que, casi siempre, le dieron la razón. Para Sañudo, Bolívar es impasable:

“Amén de la falacia. No era óbice a sus propósitos el culto de la verdad; porque, ora por su natural hiperbólico, ora por cálculo, mentía desaforadamente. Conté antes, varios casos de falsificación y seria largo relatar todas las mentiras o por lo menos exageraciones, que profería su relato”.

Imposible para un hombre enclaustrado, patriarcal y misógino, entender la vida pasional de Bolívar. La más escandalosa, la más hermosa, la más revolucionaria, la aventura a la que le convidó la quiteña Manuelita Sáenz, quien fue su amante, su confidente, su libertadora. La que le salvó la vida en la conspiración septembrina. La mujer que en armas, en Ayacucho, se ganó el grado de Coronel de los Ejércitos Libertadores de América. Ahí, Sañudo, hombre de su tiempo, de rosarios y reprobaciones: 

“Sobre su conducta licenciosa, basta solo referir, para darle una justa reprobación y por ser tan conocido el hecho, que vivía en el Palacio Presidencial de Bogotá, con la adúltera Manuelita Sáenz esposa del inglés Thorne por cuyos sucesos dice Palma, sus generaciones tenían que agachar la cabeza”. 

Sañudo escribió sobre Bolívar, desde la visión de un nostálgico de la Colonia, la monarquía y la herencia hispánica; desde la fe de un fundamentalista católico; desde una moral rígida, ascética e intransigente; desde la indignación de un pueblo aferrado a sus creencias y sometido a la fuerza a cambiarlas; desde el dolor de la memoria de la “Navidad sangrienta”; desde la convicción de que cada hecho debe esperar su tiempo; desde “¡La ira que brota naturalmente de la piedad de un hijo, por los insultos a su patria!”, como gritó, citando a Cicerón.  

 “Y es el caso que los hechos de Bolívar, están contados, casi siempre con fidelidad en las historias de Colombia; pero sin que los historiadores, se hubieran preocupado de compararlos con un criterio moral; de modo que pásmase uno, de que hasta graves crímenes, queden sin sanción, de compararlos con un criterio moral; de modo que, pásmase uno, antes sean asunto de alabanzas y encarecimiento”.

En la introducción a los “Estudios sobre la vida de Bolívar”, Sañudo expone su teoría de la expiación por la que, según la Biblia, debe transitar el hombre el camino de arrepentimiento, que deberán también recorrer los descendientes, hasta la tercera y cuarta generación, para la redención del pecado original. Las sociedades cargan con los errores de sus líderes, como las rebeliones, y los pagan con desastres naturales, sufrimientos y castigos -la guerra, entre ellos, frente a la cual no hay opción porque es designio de la providencia. En la medida en que el hombre y la sociedad logran acercarse a la perfección divina, purificados por el dolor, avanzan en la senda del progreso. 

Detestaba a Bolívar por irreligioso y perjuro, motivos insuperables de antipatía para un fanático moralista como él. Preso de sus supercherías, vio en el terremoto de 1812 en Venezuela el látigo del “creador” por la desobediencia al orden monárquico, “las provincias rebeldes fueron las que padecieron más, y se libraron de sus estragos las realistas”. Por el contrario, Bolívar aceptó el reto a la condición humana: “¡Si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca!”. 

No obstante, lo que por los antecedente se pudiera creer, la primera publicación de los “Estudios” tuvo una recepción negativa en los medios intelectuales y académicos de Pasto, con la solidaria excepción de algunos intelectuales. La Academia Colombiana de Historia lo reprobó y la Sociedad Bolivariana, sobre la base de criterios mezquinos, cometió el desatino de aprobar una proposición que declaraba a Sañudo “Hijo indigno de Colombia”, descalificación que rezumaba sectarismo y discriminación. 

La publicación de los “Estudios” y las posiciones expresadas por Sañudo en columnas de prensa, desataron una intensa polémica con Sergio Elías Ortiz, reconocido historiador, etnólogo y lingüista pastuso, miembro de la Academia Colombiana de Historia y autor de importantes obras, entre las cuales, la precursora “Agustín Agualongo y su tiempo”, incidida por sus afectos terruños pero leal a los hechos. La controversia bolivarismo y antibolivarismo, fue desplegada a través de la revista “Ilustración Nariñense”, entre 1925 y 1928. Fue publicada en 1999, con el título “Dos visiones sobre la vida de Bolívar”, por el humanista Edgar Bastidas Urresty.

La vida de Sañudo, entrañablemente ligada a su ciudad natal y admirada con veneración por ella; dedicada al estudio serio y profundo y a contribuir al conocimiento de su “patria chica” y los sucesos de la nación, con independencia de su credo y óptica, era y es digna de reconocimiento y exaltación, no obstante que con Bolívar no se comportó, ni como historiador ni como polemista, con sano criterio. Se fajó como vengador equivocado y obsesionado.

Honrar su calidad intelectual y ciudadana fue el loable propósito del abogado e historiador, Vicente Pérez Silva, también nariñense, con una disertación sobre “La vida y obra de José Rafael Sañudo”, en el centenario de su nacimiento, en 1972, en la Academia Colombiana de la Historia. En un nuevo hecho inaudito, le fue impedido, lo que llevó al autor a renunciar al honor de ser miembro de la institución, decisión respaldada por prestigiosos intelectuales, ante una burda censura.

El libro de Sañudo y el artículo despreciativo de Marx sobre El Libertador sirvieron de sustento, in extenso, a la novela “La carroza de Bolívar” (2012) que escenificada en Pasto, desarrolla una tragicómica trama, con la que, según el autor, Evelio Rosero Diago, pretende contribuir a desmitificar al héroe. Algo similar intentó Carlos Riverth Insuasty con la majestuosa carroza “El colorado” en 2018. Pero, como ha sido demostrado, la malquerencia a Bolívar no puede sostenerse de forma certera, ni en Marx ni en Sañudo. 

Si bien los “Estudios”, y la forma que narran la vida de Bolívar y las luchas de Independencia, incidieron en la percepción adversa de un sector de la opinión pública pastusa -y pesan aún- sobre esos sucesos y su impronta histórica, no es la corriente predominante en la historiografía de autores nariñenses. Eduardo Zúñiga Erazo (“El realismo pastuso y su aversión a Simón Bolívar”), Edgar y Julián Bastidas Urresty, Vicente Pérez Silva, Jorge Luis Piedrahita, Carlos Bastidas Padilla, entre otros, sin ignorar los excesos y desmanes de que fue víctima el pueblo pastuso, reivindican el legado del Libertador, desde una perspectiva siempre honesta y progresista.  

En ese lugar se colocó el poeta pastuso Alfonso Alexander: 

“Así fue como apareció -Bolívar de América- y así fue como vivió y amó y sufrió, padeciendo muerte infamante también este inconmensurable Centauro; este Creador admirable; este Poeta de la Espada; este predilecto de la Tempestad; este símbolo de la Gloria y la Amargura; este Padre Nuestro hecho en barro y luz y hierro y diamante y bronce y oro y fuego y cenizas y carcajadas y blasfemias y lágrimas. Este -Simón Bolívar- este casi infinito Libertador.”

jueves, 4 de septiembre de 2025

La Carta de Jamaica y los sueños de la patria grande

                                                                            

En 1815,en momentos críticos para el proceso independentista de las colonias de la monarquía española en América, ante la derrota de la Segunda República en Venezuela, la restauración de Fernando VII en el trono con el respaldo de la Santa Alianza -tras el revés de Napoleón Bonaparte en Waterloo-, y la invasión de tropas realistas al mando de Pablo Morillo a Venezuela y Nueva Granada, Simón Bolívar llega a Cartagena para sumarse a la resistencia patriota, pero las rencillas internas y el rechazo de algunos  dirigentes locales lo obligan a instalarse en Jamaica para gestionar apoyos a la causa, con mala fortuna. Después siguió a Haití y allí le dio la mano el rebelde gobernante negro Alexander Petión, triunfante contra el ejército colonial de Napoleón, el imperio del momento.
 

En Jamaica, Bolívar padeció grandes dificultades económicas para un hombre de origen mantuano -los ricos en la Venezuela de entonces- como no tener con qué pagar la pensión donde se hospedaba. Angustias que comunicaba urgido a su amigo y mecenas Maxwell Hyslop. También enfrentó las acechanzas de los sicarios pagados por sus perseguidores españoles, de uno de cuyos intentos, a manos de un dependiente suyo sobornado, logró salvarse al abandonar el lugar de residencia para disfrutar de la compañía de su amiga Julia Corbier, en otro lecho. Su amigo Félix Amestoy, vencido por el sueño y para guarecerse de la lluvia, ocupó la hamaca del huésped y fue asesinado a puñaladas.

 Acosado por las carencias y riesgos, el Libertador, ante la petición del ciudadano de origen canadiense Henry Cullen, de conocer los pormenores de la lucha independentistas en América del sur, concibe la "Carta de un caballero meridional a un ciudadano de esta isla", para la posteridad Carta de Jamaica, considerada, con los antecedentes Manifiesto de Cartagena y Manifiesto de Carúpano, y el fundacional Discurso de Angostura, uno de los escritos fundamentales de su pensamiento.

Dictada por Bolívar a su escribiente, el coronel Pedro Briceño Méndez, la sesuda y anticipatoria epístola, contentiva de un extraordinario análisis de la coyuntura mundial y continental, las razones y condiciones para la independencia ante el sojuzgamiento por España y las posibilidades de un futuro promisorio con la unidad de Nuestra América, fue culminada y suscrita por el Libertador en Kingston, el 6 de Septiembre de 1815, y prontamente traducida al inglés por el voluntario canadiense Jhon Roberston.  La primera copia en ese idioma, fue impresa en 1818 por la "Jamaican Quaterly and Literary Gazzette" y se encuentra, por cosas del destino, en el Archivo Nacional de Colombia. 

 La primera versión publicada en español data de 1833, incluida en la Colección de "Documentos Relativos a la Vida Pública de El Libertador", reunida por Francisco Javier Yánez y Cristóbal Mendoza. El hallazgo de una copia del original en castellano, localizada en el archivo histórico del ministerio de Cultura del Ecuador, una vez verificada su autenticidad, fue anunciado por el gobierno de ese país junto con el de Venezuela el 5 de noviembre de 2014, con la advertencia de la falta del último folio que debería contener la firma de Bolívar.

 con reflexiones personales de Bolívar, quien expone las razones de las derrotas que permiten el retorno de los españoles, describe las luchas de los patriotas a lo largo del continente, analiza las condiciones de los pueblos dominados por la monarquía, sus fortalezas y  debilidades, reivindica el pasado prehispánico; justifica el esfuerzo libertario y demanda solidaridad de Europa y Estados Unidos, éstos últimos observadores pasivos en una tramposa neutralidad que les permitió apoyar a las tropas monárquicas mientras dificultaban la labor de los rebeldes.

 Con vehemencia denuncia la violencia, el aniquilamiento de los pobladores originarios y sus dignidades, la expoliación, la anulación de emprendimientos, posibilidades y libertades,  y el humillante sojuzgamiento a que están sometidos los hijos de esta tierra : “Los americanos, en el sistema español que está en vigor, y quizá con mayor fuerza que nunca, no ocupan otro lugar en la sociedad que el de siervos propios para el trabajo, y cuando más el de simples consumidores; y aun esta parte coartada con restricciones chocantes (…). Pretender que un país tan felizmente constituido, extenso, rico y populoso, sea meramente pasivo ¿no es un ultraje y una violación de los derechos de la humanidad?"

 Describe con prosa bella la angustia del momento y llama a la acción, “El velo se ha rasgado, hemos visto la luz y se nos quiere volver a las tinieblas. Se han roto las cadenas; ya hemos sido libres, y nuestros enemigos pretenden de nuevo esclavizarnos. Por lo tanto, América combate con despecho; y rara vez la desesperación no ha arrastrado tras sí la victoria”. 

 No obstante, que ese deseo chocaba con la realidad de unas provincias que día tras día regresaban al dominio hispano en medio de una cruenta represión, suscribe la irreversibilidad de la revolución, “El suceso coronará nuestros esfuerzos porque el destino de América se ha fijado irrevocablemente”. Con certeza afirma a su destinatario, que la fórmula para “expulsar a los españoles y de fundar un gobierno libre: “es la unión, ciertamente; más está unión no nos vendrá por prodigios divinos sino por efectos sensibles y esfuerzos bien dirigidos”.

 Así mismo, razona sobre la inconveniencia de la monarquía porque “los americanos ansiosos de paz, ciencias, arte, comercio y agricultura, preferirían las repúblicas a los reinos”, y del federalismo “por ser demasiado perfecto y exigir virtudes y talentos demasiado superiores a los nuestros”, advirtiendo el atraso intelectual y político de las mayorías, por lo que defiende un gobierno fuerte y centralizado para enfrentar las demandas de la guerra y sentar las bases de las repúblicas soberanas.

 Con claridad acerca de las fuerzas en pugna en un proceso revolucionario y la inexorabilidad del cambio, señala dos partidos en las guerras civiles: “conservadores y reformadores”. Los primeros son más porque la fuerza de la costumbre produce “el efecto de la obediencia a las potestades establecidas”; los reformadores “menos numerosos aunque más vehementes e ilustrados”. Postula que el equilibrio así establecido, entre fuerza física y fuerza moral, prolonga la contienda y sus resultados son inciertos, pero concluye para la causa emancipatoria, “Por fortuna, entre nosotros, la masa ha seguido a la inteligencia”

 Si bien comparte el sueño de un solo gran país conformado por las comarcas liberadas: “Es una idea grandiosa pretender formar de todo el mundo nuevo una sola nación con un solo vínculo que ligue sus partes entre sí y con el todo. Ya que tiene un origen, una lengua, unas costumbres y una religión (…)”, también señala los límites, “mas no es posible porque climas remotos, situaciones diversas, intereses opuestos, caracteres desemejantes, dividen a la América.”

 Con extraordinaria lucidez advierte las dificultades de ese propósito y, como alternativa a las ambiciones de las grandes potencias, hondea su enseña política y cultural en favor de la patria grande de manera diáfana: “Yo deseo más que otro alguno ver formar en América la más grande Nación del Mundo, menos por su extensión y riquezas que por su libertad y gloria".

 Aconseja que se creen estados de menor tamaño pero sólidos en Centroamérica y la unión de la Nueva Granda (incluido Ecuador) y Venezuela con el nombre de Colombia como reconocimiento al navegante que nos dio a conocer al resto del mundo. En 1819, en el Congreso de Angostura, su deseo se cumple con la creación de la República de Colombia, pero las ruindades y dificultades que había advertido, hicieron añicos el deseo del Libertador a poco más de una década de haber nacido.

 En la Carta, predijo casi que con precisión el mapa político de Latinoamérica a constituirse, en su criterio, por unos 17 estados regidos por gobiernos republicanos. Cuba y Puerto Rico, que continuaban siendo colonias -de hecho hoy la primera asediada y el otro “Estado libre asociado”-, fueron motivo de sus preocupaciones, planes y gestiones para liberarlas del yugo español y juntarlas libres con Nuestra América. No por nada, el movimiento conspirativo que se conformó en la más grande de las Antillas para lucha por la emancipación, con la participación de una legión de latinoamericanos, entre los cuales muchos colombianos, se llamó “Soles y rayos de Bolívar”.

 También fue visionario al destacar la importancia de Panamá para abrir una vía interoceánica y, previendo que algún día las naciones necesitarían de una sede para un foro planetario, postuló a ese país para tan noble causa, anticipándose a la Sociedad de Naciones y a la actual Organización de las Naciones Unidas, que no a la Organización de los Estados Americanos, promovida por Estados Unidos como escenario de imposición de sus políticas respecto de América Latina y El Caribe, “El ministerio de colonias yanquis” de que hablara el canciller de la Cuba Revolucionaria, Raúl Roa Kouri. En la Carta de Jamaica, Bolívar da las primeras puntadas para la convocatoria a un congreso de la América libre que permitiera la constitución de una poderosa confederación de repúblicas con respeto en el mundo.

 Nueve años después, el 7 de diciembre de 1824, dos días antes de sellarse en Ayacucho la libertad de los Andes, convocaba a los gobernantes de la América independiente con entusiasmo, al Congreso Anfictiónico de Panamá, “El día que nuestros plenipotenciarios hagan el canje de sus poderes, se fijará en la historia diplomática de América una época inmortal. Cuando, después de siglos, la posteridad busque el origen de nuestro derecho público y recuerde los pactos que consolidaron su destino, registrarán con respeto los protocolos del Istmo. En él encontrarán el plan de las primeras alianzas, que trazará la marcha de nuestras relaciones con el universo. ¿Qué será entonces del Istmo de Corinto comparado con el de Panamá?” Pero el sueño fracasó, escamoteado por egoísmos, chauvinismos y las movidas del naciente imperialismo de los Estados Unidos.

 Correspondería al patriota cubano José Martí valorar el alcance de la gesta bolivariana y sobre su senda elevar otra pieza magistral de ovación a la heredad, su gente, su cultura y la unidad como factor fundamental de soberanía e independencia: Nuestra América. Ante lo que todavía nos ata al atraso, con los ojos mirando la hazaña del Libertador y advertido de los obstáculos puestos por quienes siempre añorarán la condición de súbditos, plasmó un reto para los siglos: “Lo que Bolívar no hizo está por hacerse todavía”

 Convocatoria que asumiría en 1929 el General de Hombres Libres Augusto César Sandino al mando del Ejercito Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua, un “pequeño ejército de locos”, al decir de Gabriela Mistral, que en una gesta heroica le enseñaron al mundo la dignidad de un pueblo frente a la agresión de los marines yanquis. Rescatando el llamado de Bolívar y Martí, Sandino le dictó a su secretario personal, el pastuso Alfonso Alexander Moncayo, el “Plan para la realización del Supremo Sueño de Bolívar”, propuesta para un encuentro nuestro americano que condujera a un pacto para la defensa y la integración, que desoyeron la mayoría de los mandatarios latinoamericanos arrodillados al norte, como después diría Jorge Eliécer Gaitán.

 Transcurridos doscientos diez años de la carta profética que expresó uno de los deseos más sentidos de Simón Bolívar, como fue la unión de la Nueva Granada y Venezuela, éstas intentan andar juntas en medio de cuestionamientos y acechanzas. Los esfuerzos por la unidad de Latinoamérica y El Caribe, florecen y marchitan al vaivén de las fuerzas “reformistas” o “conservadoras”, como diría Bolívar.  Un homenaje digno y justiciero para el hombre que condujo los ejércitos que nos dieron la Independencia, en una de las gestas más heroicas del género humano, es que, guiados por el pensamiento germinal, altivo y fraternal del Libertador, persistamos: “Para nosotros, la Patria es América”. 

 

domingo, 8 de diciembre de 2024

En Ayacucho se rubricó la epopeya bolivariana

 

                Batalla de Ayacucho, oleo de Martín Tovar y Tovar

Se cumplen 200 años de la batalla que puso fin al imperio colonial español en el sur de América

Con la invasión de los ejércitos del emperador francés Napoleón a la península ibérica y la imposición de su hermano como rey de España, en 1808, se desata la crisis de la monarquía y en las colonias americanas, fluctuantes entre el corsario, la fidelidad al rey o la independencia definitiva. 

En 1812, las fuerzas de la resistencia aprueban en Cádiz una Constitución liberal que reconsidera la relación con las colonias americanas. En 1816, Fernando VII recupera el trono y con el “régimen el terror” de Pablo Morillo y otros de sus mandos, pone fin al interregno republicano al otro lado del Atlántico.

Apenas tres años después, 1819, el ejército criollo, liderado por Simón Bolívar, logra, en el Puente de Boyacá, la independencia de la Nueva Granada. En Carabobo, proclama la libertad de Venezuela, e inicia el avance hacia Quito y el Perú para terminar definitivamente con el imperio español, tras tres siglos de exacción colonial.  Por el sur, José de San Martín consolida la liberación de Argentina y Chile, y converge en la necesidad de sellar la gesta continental. 

El levantamiento popular de 1820, liderado por el general Rafael del Riego, a favor de la Constitución liberal de 1812, saca del poder de nuevo al rey Fernando VII y se niega al envío de soldados a América para sostener el orden monárquico. Sin embargo, en 1823, la invasión de “Los Cien Mil Hijos de San Luis”, acción contrarrevolucionaria de la denominada “Santa Alianza”, pone fin al régimen constitucional revolucionario y al Trienio Liberal, dando paso a la segunda restauración absolutista en España.

Como consecuencia de estos cambios, el virrey del Perú, José de la Serna, tuvo que hacer frente a la insurgencia independentista con precarios refuerzos y con su propia iniciativa. 

Las huestes españolas se dividieron entre los partidarios del régimen liberal, actuantes desde Lima, y los obstinados seguidores de la monarquía que, comandados por Olañeta, se hicieron fuertes en el Alto Perú, obrando con deslealtad frente a ambos bandos. 

La restauración del monarca y los importantes refuerzos enviados para evitar la catástrofe, poco pudieron hacer, tras más de una década de guerra desoladora.

Llegan San Martín y Bolívar

En septiembre de 1820, las luchas emancipadoras de los peruanos son reforzadas con el desembarco en el puerto del Callao de la expedición libertadora, comandada desde el sur del continente por el General José de San Martín, que en junio de 1821 toma a Lima y declara la Independencia formal, dado que medio país seguía en manos de los realistas.  

Entre tanto, Simón Bolívar avanza por el sur de la Nueva Granada extirpando reductos realistas. 

Con la capitulación de las tropas monarquistas, posterior a la Batalla de Bomboná, en mayo de 1822 - coadyuvada por la victoria del General Sucre en Pichincha con apoyo de fuerzas enviadas por San Martín- Bolívar logra dominar la resistencia de los pastusos, obstáculo crucial y obstinado, en el objetivo de llevar la guerra de liberación hacia el Perú, principal bastión de la presencia española.  

Entre el 26 y 27 de julio, Bolívar y San Martín se reúnen en Guayaquil para determinar la conducción y el curso de la campaña libertadora del Perú, pero desavenencias en esos temas y en torno a la pertenencia territorial del puerto, así como el cansancio y la enfermedad, llevan a San Martín al retiro, quedando la continuidad del proceso independentista bajo la dirección estratégica de Simón Bolívar.

El Congreso Constituyente del Perú designa una Junta de Gobierno presidida por el General José de La Mar, quien se propone liberar territorios en poder de los realistas en el centro y sur del país, siguiendo la estrategia sanmartiniana de ganar a los españoles los puertos para, por vía marítima, transportar tropas que permitieran derrotar las huestes del virrey La Serna. Tras sucesivas victorias sobre el ejército patriota, el General realista Canterac retoma Lima, a mediados de 1823.

El fracaso de la estrategia, llevó a que los principales jefes militares independentistas impusieran al Congreso la elección del coronel de milicias José de la Riva Agüero como jefe de gobierno, quien a través de misivas solicita apoyo a Simón Bolívar e insiste en ganar puertos intermedios, sin éxito. Más tarde sería acusado de traidor y condenado a muerte. En lo sucesivo las desavenencias entre peruanos serían dramáticas para la causa y la posteridad.

El Congreso peruano exalta entones a Bolívar como Libertador y suprema autoridad militar y administrativa con poderes dictatoriales. En tal condición, llega al Callao el primero de setiembre de 1823, impone contribuciones forzosas, adquiere préstamos, prioriza gastos para financiar al Ejército libertador e inicia un plan de desplazamientos hacia el norte del Perú, con el fin de reclutar combatientes y consolidar su tropa.

El 5 de febrero de 1824, la sublevación traidora de los argentinos del Regimiento del Río de la Plata, posibilita que un arsenal que los patriotas habían reunido en una de las fortalezas del Callao sea tomado por los realistas que así recuperaran el puerto. 

En marzo, Bolívar establece su cuartel general en Trujillo y centra el manejo político en José Faustino Sánchez Carrión, quien instituyó el “estado de guerra” en todo el país lo que le permite recabar, sin contemplaciones, los recursos y contingentes necesarios para la guerra.

El 6 de agosto de 1824, el Ejército Unido Libertador, dirigido por Bolívar, derrota a los españoles, conducidos por el General Canterac, en Junín, luego de lo cual ordena a Antonio José de Sucre asumir el mando y conservar el territorio conquistado, obligado por la conminación absurda del Congreso grancolombiano de no inmiscuirse en asuntos militares siendo presidente del país. 

Si bien el vicepresidente grancolombiano  Santander colaboró con la gesta bolivariana en las fronteras del sur, siempre fue a ruego y con cicatería. Era claro que no le interesaba ver más allá de su comarca.

Bolívar se instaló en Lima para resolver asuntos políticos y de gobierno. Desde la casona La Magdalena, en las afueras limeñas, dio rienda suelta a su apasionado y escandaloso romance con la ecuatoriana Manuelita Saenz, una de las relaciones más  apasionantes, libérrimas y poderosas en la historia sentimental de Nuestra América.

A ella, San Martín le rindió honores y fue ascendida por Sucre a coronela en Ayacucho, título del que la quiso despojar Santander, por lo que recibió contundente respuesta de Bolívar: ¡Si puede, quíteselo!

Canterac, tras la derrota de Junín, inicia la retirada hacia Cusco, hostigado sin descanso por las avanzadas patriotas, lo que llevó a los realistas a desplazarse hacia el norte, casi de manera paralela a la tropa comandada por el venezolano Antonio José de Sucre, parte de la estrategia de Bolívar de sacarlos de Lima y el puerto, destruyendo a su paso cultivos y bienes, una táctica de “tierra arrasada” para cortar suministros a los realistas, que, si bien exitosa, causó hambre y sufrimientos en pueblos dispuestos al sacrificio por la libertad. 

Los dos ejércitos iban al Alto Perú pues el dominio de este territorio implicaba el control de las minas de Potosí, riqueza definitiva para el decurso de la guerra y lo que determinara su definición.

 El momento histórico de Sucre y Córdova

Luego de varias semanas de escaramuzas, al amanecer del 9 de diciembre de 1824, el ejército patriota se encontraba en la llanura de Ayacucho (“rincón de los muertos”, en quechua), mientras que la tropa realista ocupaba las alturas del cerro Condorcunca, desde donde esperaba una victoria con ventaja.  

Los realistas contaban con más de 9 mil efectivos, al mando del virrey La Serna, caso excepcional, con los generales Valdez y Canterac como jefes.  La mayoría de sus miembros eran peruanos, en gran número reclutados forzosamente, más unas centenas de veteranos llegados años antes de España. 

La Serna organizó su tropa: la división del General Valdés a la derecha del cerro; la división del General Monet al centro y la división del General Villalobos a la izquierda, además de sus 14 cañones.

El Ejército Unido Libertador del Perú, dirigido por el general Antonio José de Sucre, con el general Agustín Gamarra como Jefe de Estado Mayor, estaba compuesto por 6 mil combatientes venezolanos, colombianos y ecuatorianos, en su mayoría, y una cuarta parte peruanos comandados por argentinos. También participaron legionarios extranjeros. Los dos ejércitos estaban apoyados por guerrillas y montoneras indígenas y campesinas.

Sucre formó sus hombres en dos líneas: en la primera, a la izquierda, estaba ubicada la división peruana al mando del General de La Mar y una pieza de artillería, frente a la de Valdés; al centro, la división del General Lara; a la derecha, la Primera División colombiana a órdenes del General Córdova, frente a la de Villalobos; en la retaguardia, la caballería colombiana comandada por el General William Miller. La Reserva la formaba la Segunda División colombiana, al mando de Jacinto Lara, y el Regimiento de Húsares de Junín.

Antes de empezar la contienda, en un cruel protocolo de guerra, los mandos de realistas y patriotas permitieron que familiares y amigos ubicados en la contraparte se despidieran preventivamente. Razón por la cual, cerca de 50 parejas se encontraron al frente para darse lo que podría ser un último abrazo y llorar la desgracia de una confrontación de tropas compuestas por hermanos nativos.

"¡Soldados! de los esfuerzos de hoy pende la suerte de América del Sur... Otro día de gloria va a coronar vuestra admirable constancia", exclamó Sucre a sus hombres antes de romper lanzas y fuegos.

A las nueve de la mañana, siguiendo instrucciones del virrey, las tres divisiones realistas lanzan un fuerte ataque contra la tropa patriota mientras los artilleros desde las faldas del cerro arman los cañones. El coronel realista Rubín de Celis se precipita atacando a bayonetazos las huestes de Córdova, que contuvieron el ataque y lo dieron de baja diezmando la fuerza enemiga.

Sucre ordenó a Córdova atacar, apoyado por la caballería de Miller. El joven antioqueño, animado por las notas marciales de La Guaneña, interpretada por una banda de guerra conformada por pastusos - según relata Pilar Moreno de Ángel, basada en el testimonio del Coronel Manuel Antonio López- entró en combate. 

Al grito, "¡Soldados! ¡Armas a discreción! ¡Paso de vencedores!", su gente arremetió con furor, maniobra que provocó el desconcierto del batallón de Villalobos y la desbandada de los realistas, arrebatándoles siete cañones.

Por su parte, La Mar contuvo la ofensiva de Valdés mientras el ataque por el centro dirigido por Monet fue repelido y su división dispersada por la caballería patriota al mando de Miller y Lara. 

El virrey La Serna fue herido y apresado. La más sangrienta batalla en la guerra de liberación de Suramérica terminó hacia una de la tarde con la victoria patriota y el fin de la dominación colonial, no obstante la persistencia de algunos focos de resistencia, en distintos lugares, por unos años más.

Al mando de las fuerzas realistas, el general Canterac pidió suspender el enfrentamiento, negoció y firmó ante Sucre la Capitulación de Ayacucho, donde acordaron que quedaban prisioneros de guerra los generales La Serna, Canterac, Valdez, Carratalá, Monet, Villalobos, 16 coroneles, 68 tenientes coroneles, 484 oficiales y 3, 200 soldados, cabos y sargentos. Cerca de mil quinientos soldados realistas cayeron lanceados o abaleados y el resto del otrora poderoso ejército español había huido.

Como parte del acuerdo, varios mandos españoles regresaron a su país costeados por el erario peruano, al renunciar a ocupar el mismo rango en las tropas patriotas. Allá,  con rabia y desprecio por la derrota, los llamaron  “los ayacuchos”. Acá, Bolívar convocó a los pueblos de la Nuestra América a la unidad en el Congreso Anfictiónico de Panamá, saboteado por Santander, gobiernos lacayos y el naciente rumbo imperialista de los Estados Unidos.

Del épico episodio que puso fin al coloniaje en estos predios, Bolívar dijo, “La batalla de Ayacucho es la cumbre de la gloria americana y la obra del General Sucre. La disposición de ella ha sido perfecta y su ejecución divina. Maniobras hábiles y prontas desbarataron en una hora a los vencedores de catorce años y a un enemigo perfectamente constituido y hábilmente mandado. Ayacucho es la desesperación de nuestros enemigos y la envidia de los americanos. Ayacucho, semejante a Waterloo, que decidió el destino de la Europa, ha fijado la suerte de las naciones americanas”.

 


domingo, 3 de diciembre de 2023

La Paz de Danilo


 

Fui testigo y lamento que el relevo del Alto Comisionado para la Paz, Danilo Rueda, se produjera a través de un trino, mientras respondía a una entrevista de Yamid Amat, quien también sorprendido preguntó ¿Qué pasó? Para luego darle un giro al interrogatorio y permitir al entrevistado exponer sus ideas fundamentales sobre la Paz Total, de la que es inspirador, y la valoración de su gestión.

Recordé, en ese momento, los abrazos con los cuales celebramos la victoria de Gustavo Petro, frente a la máquina de escribir que perteneciera a nuestro común y querido amigo, el asesinado abogado y defensor de los derechos humanos, Eduardo Umaña Mendoza, en la sede de Contagio Radio, donde nos juntamos por invitación de Danilo, para analizar los resultados electorales.

Días después, en uno de sus primeros nombramientos, Gustavo Petro, primer presidente de izquierda en la historia de Colombia, nombró a Danilo Rueda, Alto Comisionado para  Paz, y, mediante decreto, amplió las funciones del cargo para colocarlo a la cabeza de las gestiones por el fin de la violencia y la reconciliación en el país.

A pesar de los esfuerzos del Fiscal General, un sector de los medios de comunicación, algunos “pazólogos”, varias de las organizaciones de derechos humanos, miembros del gobierno Santos y la oposición, de desprestigiar y desconocer la brega revolucionaria y audaz con la que Danilo adelantó su misión, los resultados y perspectivas que deja son muy importantes para hacer realidad el mandato constitucional de la Paz.

Tiene en su haber, como promotor intelectual, la Ley de Paz Total (Ley 2272 de 2022), declarada exequible en sus aspectos fundamentales el pasado 28 de noviembre por la Corte Constitucional. La ley establece criterios clave para el gobierno del cambio como Paz Total y Seguridad Humana, habilita negociaciones políticas con grupos armados organizados y conversaciones sociojurícas para el sometimiento de estructuras armadas de crimen organizado, y los ámbitos y mecanismos para adelantar diálogos y conversaciones.

En sus escasos quince meses en el cargo, acompañado de una miríada de apasionados de la lucha por los derechos humanos y la paz, la mayoría, como él, forjados en las resistencias en el territorio, exmilitantes de las izquierdas y las guerrillas, que hemos hecho de la paz y la justicia social  la cruzada de nuestras vidas, logró traer de nuevo a la mesa de negociaciones al Ejército de Liberación Nacional, proceso que ya completa su quinta ronda de conversaciones con acento en la participación popular.

La delegación gubernamental, por lineamiento de Danilo, es diversa, amplia y representativa, destacándose la participación del partido de oposición uribista Centro Democrático, a través del experimentado negociador José Félix Lafourie. Otro tanto sucede con la conformación de los designados por el presidente para adelantar diálogos con el Estado Mayor Central que congrega parte de las disidencias de la Farc que se opusieron, desde el comienzo, a las negociaciones con Santos. Allí el CD está representado por el experimentado Fabio Valencia.

Danilo acordó con el presidente que estos procesos estuvieran en cabeza de un luchador de izquierda humanista, Camilo González Posso, con EMC, y un líder histórico de la guerrilla en la que se formó el presidente, Otty Patiño, comandante del M19 en la época de su desmovilización por la paz, con el ELN.

Contrario a lo propalado por medios y analistas, el EMC, cuya cuestionada integración permitió establecer un diálogo conjunto con agrupaciones dispersas, lo que habría sido un obstáculo para el avance de la política de paz, acaba de fortalecer su representación en la mesa de negociación con miembros de su alto mando, mientras se concreta la agenda a discutir y se superan impasses, no obstante los cuales ha mantenido su disposición a dar continuidad al proceso. La Segunda Marquetalia, disidencia a la que por provenir del proceso ya en marcha con las extintas Farc se le ha negado el reconocimiento político, está a la expectativa y dispuesta a acordar los términos de un diálogo, como lo constató Danilo con su líder “Iván Márquez”.

En cuanto a las estructuras armadas de crimen de alto  impacto, las gestiones dirigidas por Danilo para disipar la violencia urbana han logrado aquietar la actividad de una decena de bandas en Quibdó, desescalar la confrontación entre Shottas y Espartanos en Buenaventura -que posibilitó que por primera vez en medio siglo  llegara un crucero turístico al puerto- y un acuerdo con todas las organizaciones de Medellín y el Valle de Aburrá que, al día siguiente de su  reemplazo, iban a firmar un acuerdo para adelantar conversaciones de cara a la opinión pública sobre aspectos sensibles de la cotidianidad de las comunas y poblados empobrecidos y tenaces  de donde emergen, mientras se concreta el marco jurídico de su posible reinserción en la sociedad, abandonando la criminalidad a cambio de incentivos jurídicos.

La crítica furiosa al cese al fuego unilateral decretado por el presidente Petro, a instancias de Danilo, con seis organizaciones al margen de la ley el 31 de diciembre pasado, por la inconsistencias de algunas de ellas más que por error del gobierno, no permitió apreciar la bondad de la iniciativa y la grandeza del gesto. El ELN, en actitud arrogante, se deslindó. Un horroroso ajusticiamiento interno del EMC en el Putumayo obligó al gobierno a reactivar la acción militar contra ese grupo en algunas zonas del país. Un “paro armado” en el bajo Cauca antioqueño y el ataque a la policía impuso también la suspensión con las autodenominadas autodefensas gaitanistas.

Esos hechos, repudiables e inadmisibles todos si estamos sinceramente por una opción a la carnicería en que se ha convertido el país, por supuesto son golpes para un tejedor de alternativas y obsesionado por superar décadas de sufrimiento de los territorios que padecen el conflicto armado. Danilo habría preferido ir a hablar, razonar, buscar acuerdos y salvar vidas y la vía del diálogo pero se impuso la presión por obrar con fuerza. Muy a pesar de las diatribas, los canales de comunicación se mantuvieron y ningún de los grupos descartó la posibilidad de avanzar hacia acuerdos. Meses después pasó algo similar en el corregimiento de El Plateado, Argelia, Cauca, y volvimos a lo mismo, o diálogo y más diálogo o bala y guerra eterna.

Cuando todos los interesados le caían en gavilla a Danilo para acabarlo, la Unidad de Investigación y Acusación de la Jurisdicción Especial para la Paz le dio un espaldarazo contundente a su gestión. En los lugares donde hay cese al fuego, diálogos o conversaciones han disminuido las afectaciones a la población, las bajas de la fuerza pública, los golpes entre armados y aberraciones como la extorsión, el secuestro y la violencia sexual se expresan, con mayor magnitud, en zonas donde no operan o lo hacen parcialmente los actores armados.

En el momento en el que el compañero presidente Gustavo Petro le comunicó a Danilo su decisión de relevarlo, impulsaba con entusiasmo iniciativas suyas surgidas de su profundo conocimiento de los territorios, los actores y las formas de hacer acuerdos. Queda el embrión de MisiónPaz, los núcleos civilistas de un nuevo país de convivencia que fructificarían en Ecosistemas de Paz donde el concepto se ampliaría a todos los espacios de interacción del ser humano, y su estratégica visión de los planes de acción de transformación territorial transversal con los que aspiraba hacer realidad el Estado Social y Ambiental de Derecho en los territorios. Anima que el nuevo Alto Comisionado, Otty Patiño, asume que es imprescindible territorializar la paz.

A Danilo Rueda no le faltan méritos académicos pero, a diferencia de muchos supuestos expertos en paz, ha hecho de su vida una misión recorriendo descalzo los barrizales ensangrentados, los ríos llenos de cadáveres y los pastizales que guardan muertos anónimos, para animar a los deudos dolientes. Con la mochila al hombro y el dolor en el pecho acompañó la terquedad pacifista en el Catatumbo, en las riveras del Telembí, en el Atrato y el bajo San Juán, en Calima y Cacarica, en el Putumayo, en los Montes de María, en los llanos del Yarí, y a la comunidad de San José de Apartadó, estigmatizada y flagelada por defender a fondo el principio cristiano de que la vida es sagrada, y convirtió la sangre de sus mártires en cacao para el mundo. Gracias Danilo.

viernes, 17 de noviembre de 2023

Edy regresa a Pasto de la mano de La Guaneña


Paseábamos con Edy Martínez, junto con Josean Ramos -escritor boricua biógrafo de Daniel Santos y de la Espada de Bolívar- por el parque Alcalá, al norte de Bogotá, cerca del alojamiento donde vive. Entre tema y tema sobre el maravilloso mundo del Jazz Latino, en el que Edy vivió y fue protagonista, Josean le indagó si conoció a Lou Pérez, y el maestro, como si nada: 

 - Como no, gran señor, trabajamos, fuimos amigos, allí hay mucho de la música latina 
 
Edy hablaba de un afamado músico y compositor que arrebató los “yores” en los 60 con su charanga por la que pasaron insignias como Israel “Cachao” López, Oswaldo “Chi hua hua” Martínez, Eddie Zervigón, Ralhp Carrillo, Julito Collazo, Ángel “Cachete” Maldonado, Cándido Camero, José “Chombo” Silva, Javier Vásquez, Víctor Venegas, Virgilio Martí, Gonzalo Fernández, Eddie Drennón, Ray Mantilla, Mike Martínez, Steve Berrios, y muchos más, todos colegas y “parceros” del virtuoso pastuso y estrellas del universo jazzístico y salsero. 

 - ¿Y al fantástico flautista cubano Gonzálo Fernández, precursor de las charangas? -le pregunto- 

 - ¡Ah sí! ¡Cómo no! Gran señor, una personalidad. Hizo un tema lindo a Cartagena. Nos tuvimos gran aprecio 

 Se refería a una de las tantas glorias a las que conoció o con las que trabajó y no se inmutaba. En su modestia, es algo normal. De repente, recibió la llamada de uno de sus sobrinos para invitarlo a un toque de un grupo de amigos, entre los cuales, su también sobrino, el afamado percusionista Samuel Torrres, Danny Rosales y Jorge Guzmán en las congas, en la terraza del Hotel Tequendama. Vamos tres respondió, mirándonos. El motivo era la presentación familiar por Samuel de su esposa estadounidense, virtuosa violinista. Abrieron los dos con música de los Apalaches y luego el grupo se fajó tremenda descarga. Edy, consentido por familiares y amigos, meneaba la cabeza, seguro recordando sus noches en algún club nocturno de Nueva York. 

 Meses antes, una noche, junto a Josean, y su pareja y paisana Lenis Oropeza, nos gozamos una sesión salsera y jazzista del maestro Edy con su grupo en Casa de Citas, sitio que junto con Café Libro lo han programado varias veces. Antes de inciar el jam, los presenté y se dio una amena charla colmada de afecto y admiración. Josean ha hecho parte de su vida periodística narrando la música cubana y borinqueña, escribió una soberbia biografía de Daniel Santos, de quien fue secretario de prensa, y estaba asombrado del desconocimiento del papel de Edy en la historia de la música afrocaribeña y el jazz. 

 Días después, por Jairo Grijalba, musicólogo y minucioso investigador musical, me entero que estaba a punto de estrenarse ¡Viva Edy! Historia de una música indestructible!, un documental basado en la biografía monumental aun inédita de Jairo sobre Edy. La película fue producida por Carlos Ospina, un caleño apasionado, comprometido y juicioso, gustador de la música y de hacer cine, quien hace algunos años fundó La Topa Tolondra, el salseadero más sabroso de la “sucursal del cielo”. Había generado mucha expectativa desde que TelePacífico la programó a finales del año pasado y se ha codeado en varios festivales de prestigio recibiendo varios premios y es un tremendo homenaje testimonial al maestro. 

 Quise verla, llevarla a Pasto, ir con Edy, Carlos y Jairo. Me obsesioné hablando con todos los funcionarios que pude. Nadie arrancó. Llegó la presentación comercial nacional en septiembre. Los organizadores de Pasto Jazz tuvieron el acierto de hacer un pre estreno tributo con el maestro presente, vivito y tocando. La vi por fin en Bogotá, en el Festival de Jazz de Colsubsidio, donde un Edy tímido pero lleno de alegría departía junto a Carlos con seguidores bogotanos, que tantas veces lo han aplaudido y no pararon de ovacionarlo. Estaba en otro momento, muy distinto al de Jazz al Parque, en junio, cuando tuvo una conversación con el melómano Manny Durango en Quiebracanto, y, era tal su postración física, que al saludarlo me dieron ganas de llorar. 

 Edy es un gigante. Destacado pianista, arreglista y compositor de la escena neoyorquina. Nacido en el sur de Colombia, se comió el mundo. En la visita que comenté al inicio, le pregunté por qué había grabado La Guaneña en Latín Jazz y me respondió con la metáfora de que se la había encontrado en Pasto y la había invitado a conocer cómo se vive en otros países, en Estados Unidos, Europa y Japón, donde él había estado. Los ojos le brillaban, su hablar era cansino, el vaso de café temblaba en sus manos. En conjunto, la emoción del profundo afecto por nuestra tierra, nuestros orígenes, nuestros amores. Con él, La Guaneña ha viajado lejos, conoció mucho, amó de los veras. 

 En el espléndido libro Zacude zapato viejo, editado por Mario Jursich para la Alcaldía de Bogotá, Jairo Grijalba devela, en un capítulo sin pierde, que bajo la dirección de Edy, con producción y recursos gestionados por Carlos Lucio y la asesoría de la madre de la salsa bogotana, Bertha Quintero, una big band poderosa, con la voz de Jimmy Sabater, grabó para un futuro disco compacto, varias letras inspiradas en la lucha contra la extradición. Terminada la grabación, los sufragios hicieron que Edy abandonara el país y nadie sabe de la suerte del carrete con la obra que, no obstante su gran calidad, no pudo ser reproducida. 

 Durante una prolongada estadía en Pasto, vinculado a la Universidad de Nariño y en homenaje a los 25 años del Departamento de Música, Edy conformó una big band con músicos jóvenes, daándoles la savia de su experticia y creatividad y grabó un trabajo que incluye una estupenda versión suya de La Guaneña Hoy en jazz, el estándar Manteca de Dizzy Guilispie, ademas de sus composicionese Manuela ¡si!, Mother´s Day, Tambores de la U., Joyce´s Calipso, Morning Shushine, Never let mi go, Laye, Homenaje a once compositores colombianos y el pasillo Procesión Nigromante, obra dedicada a los mártires de la violencia en Colombia, así de extenso y así de claro porque Edy es un hombre humanista y progresista

En 2008, para su álbum Midnight jazz affair, nominado al Premio Grammy, recreó el himno popular de nuestro Nariño en una ejecución orquestal espléndida. El talentoso compatriota Héctor Martignon, en las notas discográficas del trabajo, destaca la creación de Edy y sus arreglos para los solos del virtuoso flautista boricua Dave Valentín, quien, dice, se apropia nota a nota de la “majestuosa melodía incaica”. Edy le dio a La Guaneña status de “música del futuro”, según una revista especializada de New York.

 El documental de Carlos Ospina y el próximo libro de Jairo Grijalba ilustran con detalle la hazaña de nuestro Quijote de las blancas y las negras, con un currículum de lujo en el mundo de la salsa y el jazz. Aún imberbe integró y enriqueció con sus arreglos la orquesta de Ray Barreto, con la que grabó homenajes a su mamá y a su hermana y la brutal descarga de Irresistible y por ello, en el tema El watusi, Ray anuncia con orgullo, “From Colombia Edy Martínez”. 

Después, Mongo Santamaría se lo llevó a su grupo y Edy realizó los arreglos de esa hermosura que es Sofrito. Trabajó también, nada más ni nada menos, que con Tito Puente, Carlos “Patato” Valdéz, Tito Rodríguez, Celia Cruz, Loui Ramirez y la Broadway. Por si fuera poco, y es uno de sus mayores orgullos, no reconocidos por la firma de Pacheco y Masucci, compuso el tema de presentación de la Fania All Stars, “Oye que rico suenan, las Estrellas de Fania”. 

 El jazzista argentino Gato Barbieri lo conoció y prendado de su arte musical contó con él para varios trabajos. Entre ellos, tuvo la dicha de ser el arreglista de la suite ¡Viva Emiliano Zapata! y de la banda sonora de la sensual película, El último tango en París, entonces torpemente censurada, en cuya filmación el director Bernardo Bertolucci se hizo el loco para que el cuarentón Marlon Brando -conguero y asiduo del histórico Copacabana de Nueva York- lubricara por detrás con mantequilla a la adolescente María Schneider y la accediera para la posteridad, haciendo real un acto que se convino sería simulado. Hecho bizarro que para nada opaca la calidad de la música que acompaña el filme. 

Entre 1979 y 1981 la empresa de instrumentos de percusión LP crea el Latin Percussion Jazz Ensemble (LPJE) para promocionar sus productos en Europa. Un grupo de prestigiosos músicos radicados en Nueva York recorrió escuelas de música y universidades europeas y ofreció talleres y recitales a los estudiantes. Se destacaban el baterísta Steve Berríos, el bajista Sal Cuevas, el trompetista René López, y el percusionista Johnny Rodríguez, además de del timbalero Tito Puente y el conguero Carlos “Patato” Valdéz. Y, por supuesto, Edy Martínez al piano. En la primera grabación de LPJE, The just magic, el maestro Edy compuso The oppener (con Sal Cuevas),  Afro blue y Martínez Blus. El trabajo es un estándar del Latin Jazz.
 
Para Ángel Canales, Edy hizo los arreglos de temas prodigiosos como Lejos de ti y El sol de mi vida. Joe Quijano lo llevó a su charanga para homenajear a los Titos y a Machito. Con el percusionista venezolano Gerardo Rosales hicieron el maravilloso Rítmico y Pianístico. La Cubop City del holandés Lukas Van Merjick contó con su talento para los álbumes dedicados a la música de los cubanos soneros Arsenio Rodríguez, Benny Moré, Luciano “Chano” Pozo y Latin Vocal Explosión. The Latín Jazz Coalition del griego Demetrios Kastaris, lo tuvo entre sus invitados e integró la Irazú del chileno Raúl Gutiérrez en Europa. Diego “El Cigala”, en conocimiento de la maestría de Edy lo llamó para que acompañara la grabación de su álbum salsero que nombró Indestructible y que trae una versión poderosa del de por si contundente tema original de Barreto con los arreglos de Martínez. 

 A la lista incompleta de sus participaciones en la historia de la música rumbera se suman, la Orquesta Universal de Nueva York de Carlos Konig y Richie Vitale, la Charanga de la Tapa, Zaperoco, el Grupo Madera de Mauricio Smith, la Mambo Dulcet de Carlos Jiménez, La Manigua Mambo, Chico Álvarez en el compacto Montuneando, y hasta una enigmática participación con la agrupación rockera Malo V. Con su amigo Ray Mantilla realizó siete álbumes. En uno de ellos, The Connection, Edy vuela con los dedos en el piano en su Andean Fantasy, y, en otro, Mantilla agradecido le dedica el tema Martínez. Con grupo propio, Edy grabó Privilegio para Casa de Citas de Carlos González, Su Majestad el Piano con FM Discos, Universidad de Nariño Big Band y Midnight Jazz Affair para Jogal Musical Productions. Ha ganado mucchos reconocimientos en el mundo de Latín Jazz, incluida su presencia en obras ganadoras de un par de Grammys. 

 En la película de Carlos Ospina desfilan, en testimonio homenaje a un precursor de la fusión de las frenéticas barriadas neoyorquinas con los ancestrales sonidos tropicales del Caribe, “El Pulpo” Colón, Tito Allen, Luis “Perico” Ortiz, Samuel Torres, Adalberto Santiago, Bobby Valentín, Nicky Marrero, Orlando Marín, Tempo Alomar, José Mangual Jr., “Papo” Pepin y una pléyade de artistas. La cuarentena por el Covid 19 impidió la presencia de Larry Harlow y Orestes Vilató. Yuri Buenaventura puso su voz para una contundente versión de Irresistible en la banda sonora. 

 Para que la dicha fuera completa, Carlos Ospina produjo el EP (extended play) Travesía y legado, grabado, en parte, en los míticos estudios Egrem de La Habana, Cali y New York, con una nómina de lujo en la que participaron, entre otros, Barbarito Torres (Buenavista Social Club) en el laud, Alexander Abreu en la trompeta y el recién fallecido creador de NG la banda, José Luis Cortés “El tosco”, en la flauta, con la dirección, composiciones y arreglos del gran Edy Martínez. Además de Indestructible, el trabajo incluye versiones de Yiri yiri bom, La mulata rumbera y el bolero A mi manera. En el formato disco compacto se agrega una suite  y Hard Drive Blues

Hay en apartes de la película un profundo dejo de nostalgia como acompañar a Edy en la soledad de un pequeño apartamento en Nueva York, donde se reponía, tras la pandemia, de un grave accidente de tránsito o insinuar el llamado a cuentas de la vida en la aridez del desierto y la decrepitud de un rostro, el recuerdo de sus amores en la edad añeja y su caminar solitario como expresión profunda de libertad al final del camino. 

La música fue todo en la existencia de Edy Martínez y a ella entregó su privilegiado talento. En muchas partes del mundo se reconoce su sello y su estela, pero siempre parece poco. Tal vez su mayor orgullo y alegría sea recibir el aplauso de sus paisanos y vecinos - ¡Viva Caracha le gritan recordándole el barrio donde se crió. Ahora que trae de regreso a la La Guaneña para compartir la película sobre su vida (17 de noviembre) y dedicarle  un concierto acompañado  de jóvenes músicos nariñenses con lo mejor de su repertorio, páginas sublimes de la historia de la melodía afrolatina.

martes, 25 de abril de 2023

Los sueños rotos de Julio Daniel (Periodismo en años aciagos I )


Algún funcionario lamedor del Plan Nacional de Rehabilitación del gobierno de Virgilio Barco, me increpó enfadado: – ¡mire lo que escribió su amigo Julio Daniel Chaparro! Revisé el periódico El Espectador hasta que encontré la nota, una de las varias que hizo como balance del cuatrienio, para la cual Julio me había consultado varias veces como jefe de comunicaciones del PNR. El titular me preocupó pero el artículo, aparte de bien escrito por la calidad de Julio y su vena poética, era ecuánime, sustentado, contrastado, en fin, “objetivo”. Al preguntarle por qué había titulado así, me explicó la razón de la ironía “El PNR lava en casa”: si el plan había sido positivo en llevar precariamente el Estado a algunas zonas que lo desconocían, sencillamente estaba empezando a limpiar la suciedad de la que éste era responsable.

Coincidíamos. A mi no me molestaba la crítica porque había llegado al cargo, aceptando la propuesta de Eduardo Díaz Uribe, con la postura de apoyar comunicativamente al plan y no a hacer propaganda. Así lo reconoció María Teresa Herrán, en una de sus columnas, al calificar el mini informativo de TV del PNR Amarillo, Azul y Rojo, realizado por Alexandra Uribe y Martha Lucía Ávila, como “un comercial a punta de patria”, en mención a mi lineamiento de que la valoración de las obras, de la gestión y las críticas las hiciera la gente humilde de todos los rincones de un país hasta entonces invisible para las grandes ciudades.

Conocí a ese exquisito poeta llanero en un seminario sobre periodismo para el desarrollo que organicé con el apoyo de Fescol y el Círculo de Periodistas de Bogotá, bajo la presidencia de Rafael Gálvez. Fue un evento con buena asistencia, ameno y productivo. Tenía temor, porque a pesar de que conocía a varios colegas de los medios, la invitación la hacía desde un programa gubernamental y ellos me identificaban en la brega de la prensa alternativa. Un corito de amigas solidarias, encabezado por Marcela Giraldo, me quitó el susto: - vinimos por ti, para apoyarte. Recuerdo, además, a Carlos Chica, Víctor Javier Solano, Carlos Arturo Páez, Servio Tulio Díaz y María Teresa Herrán. Entre la treintena de colegas, llegó con su mochila arhuaca terciada el inolvidable Julio Daniel Chaparro, con quien después de un par de tanteos nos hicimos amigos de muchos tintos.

Tiempo después, al valiente y osado Julio Daniel, en el periódico, le asignaron -a lo mejor se lo peleó- un reportaje sobre la violencia en el nordeste antioqueño donde había sucedido uno de los hechos más espantosos de la violencia paramilitar: la masacre de 43 personas a plena luz del día en el pueblo minero de Segovia, el 11 de noviembre de 1988, por las bandas de Fidel Castaño, mientras las fuerzas de la policía y el ejército simulaban ataques de la guerrilla para guardarse en sus cuarteles y dejar a la gente a su suerte.

La noche del 24 de abril de 1991, Julio Daniel y el fotógrafo Jorge Enrique Torres, fueron acribillados en uno de los sitios donde se produjo la matanza. Se pensó que por orden de los mismos autores intelectuales y a lo mejor por las mismas manos, pero con el tiempo se supo que fue el Ejército de Liberación Nacional (ELN), hecho sobre el cual nunca se ha manifestado. Había escrito dos libros de poemas y en su homenaje se publicó Papaito país con sus crónicas y reportajes sobre la Colombia profunda. Sin saber qué pasaría con su vida, dijo de las tristezas del amor en Los sueños de ahora:

Hubo un tiempo en que soñamos

Entonces éramos como soles

Éramos vientos

De nuestras manos salían alces

Y en los pechos queríamos dibujar un eclipse de sol en una noche.

....

Y ahora lo recuerdo sumergido en este frío

Desnudo yo, tan opaco, tan muñeco muerto

Tan hecho mí enemigo

Susurrando amor, amor

En esta hora interminable

Que me es río de sombra, mar de miedo

Ahora lo recuerdo muerto de pájaros y digo

Hubo un día y éramos como soles. Éramos vientos.