domingo, 8 de diciembre de 2024

En Ayacucho se rubricó la epopeya bolivariana

 

                Batalla de Ayacucho, oleo de Martín Tovar y Tovar

Se cumplen 200 años de la batalla que puso fin al imperio colonial español en el sur de América

Con la invasión de los ejércitos del emperador francés Napoleón a la península ibérica y la imposición de su hermano como rey de España, en 1808, se desata la crisis de la monarquía y en las colonias americanas, fluctuantes entre el corsario, la fidelidad al rey o la independencia definitiva. 

En 1812, las fuerzas de la resistencia aprueban en Cádiz una Constitución liberal que reconsidera la relación con las colonias americanas. En 1816, Fernando VII recupera el trono y con el “régimen el terror” de Pablo Morillo y otros de sus mandos, pone fin al interregno republicano al otro lado del Atlántico.

Apenas tres años después, 1819, el ejército criollo, liderado por Simón Bolívar, logra, en el Puente de Boyacá, la independencia de la Nueva Granada. En Carabobo, proclama la libertad de Venezuela, e inicia el avance hacia Quito y el Perú para terminar definitivamente con el imperio español, tras tres siglos de exacción colonial.  Por el sur, José de San Martín consolida la liberación de Argentina y Chile, y converge en la necesidad de sellar la gesta continental. 

El levantamiento popular de 1820, liderado por el general Rafael del Riego, a favor de la Constitución liberal de 1812, saca del poder de nuevo al rey Fernando VII y se niega al envío de soldados a América para sostener el orden monárquico. Sin embargo, en 1823, la invasión de “Los Cien Mil Hijos de San Luis”, acción contrarrevolucionaria de la denominada “Santa Alianza”, pone fin al régimen constitucional revolucionario y al Trienio Liberal, dando paso a la segunda restauración absolutista en España.

Como consecuencia de estos cambios, el virrey del Perú, José de la Serna, tuvo que hacer frente a la insurgencia independentista con precarios refuerzos y con su propia iniciativa. 

Las huestes españolas se dividieron entre los partidarios del régimen liberal, actuantes desde Lima, y los obstinados seguidores de la monarquía que, comandados por Olañeta, se hicieron fuertes en el Alto Perú, obrando con deslealtad frente a ambos bandos. 

La restauración del monarca y los importantes refuerzos enviados para evitar la catástrofe, poco pudieron hacer, tras más de una década de guerra desoladora.

Llegan San Martín y Bolívar

En septiembre de 1820, las luchas emancipadoras de los peruanos son reforzadas con el desembarco en el puerto del Callao de la expedición libertadora, comandada desde el sur del continente por el General José de San Martín, que en junio de 1821 toma a Lima y declara la Independencia formal, dado que medio país seguía en manos de los realistas.  

Entre tanto, Simón Bolívar avanza por el sur de la Nueva Granada extirpando reductos realistas. 

Con la capitulación de las tropas monarquistas, posterior a la Batalla de Bomboná, en mayo de 1822 - coadyuvada por la victoria del General Sucre en Pichincha con apoyo de fuerzas enviadas por San Martín- Bolívar logra dominar la resistencia de los pastusos, obstáculo crucial y obstinado, en el objetivo de llevar la guerra de liberación hacia el Perú, principal bastión de la presencia española.  

Entre el 26 y 27 de julio, Bolívar y San Martín se reúnen en Guayaquil para determinar la conducción y el curso de la campaña libertadora del Perú, pero desavenencias en esos temas y en torno a la pertenencia territorial del puerto, así como el cansancio y la enfermedad, llevan a San Martín al retiro, quedando la continuidad del proceso independentista bajo la dirección estratégica de Simón Bolívar.

El Congreso Constituyente del Perú designa una Junta de Gobierno presidida por el General José de La Mar, quien se propone liberar territorios en poder de los realistas en el centro y sur del país, siguiendo la estrategia sanmartiniana de ganar a los españoles los puertos para, por vía marítima, transportar tropas que permitieran derrotar las huestes del virrey La Serna. Tras sucesivas victorias sobre el ejército patriota, el General realista Canterac retoma Lima, a mediados de 1823.

El fracaso de la estrategia, llevó a que los principales jefes militares independentistas impusieran al Congreso la elección del coronel de milicias José de la Riva Agüero como jefe de gobierno, quien a través de misivas solicita apoyo a Simón Bolívar e insiste en ganar puertos intermedios, sin éxito. Más tarde sería acusado de traidor y condenado a muerte. En lo sucesivo las desavenencias entre peruanos serían dramáticas para la causa y la posteridad.

El Congreso peruano exalta entones a Bolívar como Libertador y suprema autoridad militar y administrativa con poderes dictatoriales. En tal condición, llega al Callao el primero de setiembre de 1823, impone contribuciones forzosas, adquiere préstamos, prioriza gastos para financiar al Ejército libertador e inicia un plan de desplazamientos hacia el norte del Perú, con el fin de reclutar combatientes y consolidar su tropa.

El 5 de febrero de 1824, la sublevación traidora de los argentinos del Regimiento del Río de la Plata, posibilita que un arsenal que los patriotas habían reunido en una de las fortalezas del Callao sea tomado por los realistas que así recuperaran el puerto. 

En marzo, Bolívar establece su cuartel general en Trujillo y centra el manejo político en José Faustino Sánchez Carrión, quien instituyó el “estado de guerra” en todo el país lo que le permite recabar, sin contemplaciones, los recursos y contingentes necesarios para la guerra.

El 6 de agosto de 1824, el Ejército Unido Libertador, dirigido por Bolívar, derrota a los españoles, conducidos por el General Canterac, en Junín, luego de lo cual ordena a Antonio José de Sucre asumir el mando y conservar el territorio conquistado, obligado por la conminación absurda del Congreso grancolombiano de no inmiscuirse en asuntos militares siendo presidente del país. 

Si bien el vicepresidente grancolombiano  Santander colaboró con la gesta bolivariana en las fronteras del sur, siempre fue a ruego y con cicatería. Era claro que no le interesaba ver más allá de su comarca.

Bolívar se instaló en Lima para resolver asuntos políticos y de gobierno. Desde la casona La Magdalena, en las afueras limeñas, dio rienda suelta a su apasionado y escandaloso romance con la ecuatoriana Manuelita Saenz, una de las relaciones más  apasionantes, libérrimas y poderosas en la historia sentimental de Nuestra América.

A ella, San Martín le rindió honores y fue ascendida por Sucre a coronela en Ayacucho, título del que la quiso despojar Santander, por lo que recibió contundente respuesta de Bolívar: ¡Si puede, quíteselo!

Canterac, tras la derrota de Junín, inicia la retirada hacia Cusco, hostigado sin descanso por las avanzadas patriotas, lo que llevó a los realistas a desplazarse hacia el norte, casi de manera paralela a la tropa comandada por el venezolano Antonio José de Sucre, parte de la estrategia de Bolívar de sacarlos de Lima y el puerto, destruyendo a su paso cultivos y bienes, una táctica de “tierra arrasada” para cortar suministros a los realistas, que, si bien exitosa, causó hambre y sufrimientos en pueblos dispuestos al sacrificio por la libertad. 

Los dos ejércitos iban al Alto Perú pues el dominio de este territorio implicaba el control de las minas de Potosí, riqueza definitiva para el decurso de la guerra y lo que determinara su definición.

 El momento histórico de Sucre y Córdova

Luego de varias semanas de escaramuzas, al amanecer del 9 de diciembre de 1824, el ejército patriota se encontraba en la llanura de Ayacucho (“rincón de los muertos”, en quechua), mientras que la tropa realista ocupaba las alturas del cerro Condorcunca, desde donde esperaba una victoria con ventaja.  

Los realistas contaban con más de 9 mil efectivos, al mando del virrey La Serna, caso excepcional, con los generales Valdez y Canterac como jefes.  La mayoría de sus miembros eran peruanos, en gran número reclutados forzosamente, más unas centenas de veteranos llegados años antes de España. 

La Serna organizó su tropa: la división del General Valdés a la derecha del cerro; la división del General Monet al centro y la división del General Villalobos a la izquierda, además de sus 14 cañones.

El Ejército Unido Libertador del Perú, dirigido por el general Antonio José de Sucre, con el general Agustín Gamarra como Jefe de Estado Mayor, estaba compuesto por 6 mil combatientes venezolanos, colombianos y ecuatorianos, en su mayoría, y una cuarta parte peruanos comandados por argentinos. También participaron legionarios extranjeros. Los dos ejércitos estaban apoyados por guerrillas y montoneras indígenas y campesinas.

Sucre formó sus hombres en dos líneas: en la primera, a la izquierda, estaba ubicada la división peruana al mando del General de La Mar y una pieza de artillería, frente a la de Valdés; al centro, la división del General Lara; a la derecha, la Primera División colombiana a órdenes del General Córdova, frente a la de Villalobos; en la retaguardia, la caballería colombiana comandada por el General William Miller. La Reserva la formaba la Segunda División colombiana, al mando de Jacinto Lara, y el Regimiento de Húsares de Junín.

Antes de empezar la contienda, en un cruel protocolo de guerra, los mandos de realistas y patriotas permitieron que familiares y amigos ubicados en la contraparte se despidieran preventivamente. Razón por la cual, cerca de 50 parejas se encontraron al frente para darse lo que podría ser un último abrazo y llorar la desgracia de una confrontación de tropas compuestas por hermanos nativos.

"¡Soldados! de los esfuerzos de hoy pende la suerte de América del Sur... Otro día de gloria va a coronar vuestra admirable constancia", exclamó Sucre a sus hombres antes de romper lanzas y fuegos.

A las nueve de la mañana, siguiendo instrucciones del virrey, las tres divisiones realistas lanzan un fuerte ataque contra la tropa patriota mientras los artilleros desde las faldas del cerro arman los cañones. El coronel realista Rubín de Celis se precipita atacando a bayonetazos las huestes de Córdova, que contuvieron el ataque y lo dieron de baja diezmando la fuerza enemiga.

Sucre ordenó a Córdova atacar, apoyado por la caballería de Miller. El joven antioqueño, animado por las notas marciales de La Guaneña, interpretada por una banda de guerra conformada por pastusos - según relata Pilar Moreno de Ángel, basada en el testimonio del Coronel Manuel Antonio López- entró en combate. 

Al grito, "¡Soldados! ¡Armas a discreción! ¡Paso de vencedores!", su gente arremetió con furor, maniobra que provocó el desconcierto del batallón de Villalobos y la desbandada de los realistas, arrebatándoles siete cañones.

Por su parte, La Mar contuvo la ofensiva de Valdés mientras el ataque por el centro dirigido por Monet fue repelido y su división dispersada por la caballería patriota al mando de Miller y Lara. 

El virrey La Serna fue herido y apresado. La más sangrienta batalla en la guerra de liberación de Suramérica terminó hacia una de la tarde con la victoria patriota y el fin de la dominación colonial, no obstante la persistencia de algunos focos de resistencia, en distintos lugares, por unos años más.

Al mando de las fuerzas realistas, el general Canterac pidió suspender el enfrentamiento, negoció y firmó ante Sucre la Capitulación de Ayacucho, donde acordaron que quedaban prisioneros de guerra los generales La Serna, Canterac, Valdez, Carratalá, Monet, Villalobos, 16 coroneles, 68 tenientes coroneles, 484 oficiales y 3, 200 soldados, cabos y sargentos. Cerca de mil quinientos soldados realistas cayeron lanceados o abaleados y el resto del otrora poderoso ejército español había huido.

Como parte del acuerdo, varios mandos españoles regresaron a su país costeados por el erario peruano, al renunciar a ocupar el mismo rango en las tropas patriotas. Allá,  con rabia y desprecio por la derrota, los llamaron  “los ayacuchos”. Acá, Bolívar convocó a los pueblos de la Nuestra América a la unidad en el Congreso Anfictiónico de Panamá, saboteado por Santander, gobiernos lacayos y el naciente rumbo imperialista de los Estados Unidos.

Del épico episodio que puso fin al coloniaje en estos predios, Bolívar dijo, “La batalla de Ayacucho es la cumbre de la gloria americana y la obra del General Sucre. La disposición de ella ha sido perfecta y su ejecución divina. Maniobras hábiles y prontas desbarataron en una hora a los vencedores de catorce años y a un enemigo perfectamente constituido y hábilmente mandado. Ayacucho es la desesperación de nuestros enemigos y la envidia de los americanos. Ayacucho, semejante a Waterloo, que decidió el destino de la Europa, ha fijado la suerte de las naciones americanas”.

 


domingo, 3 de diciembre de 2023

La Paz de Danilo


 

Fui testigo y lamento que el relevo del Alto Comisionado para la Paz, Danilo Rueda, se produjera a través de un trino, mientras respondía a una entrevista de Yamid Amat, quien también sorprendido preguntó ¿Qué pasó? Para luego darle un giro al interrogatorio y permitir al entrevistado exponer sus ideas fundamentales sobre la Paz Total, de la que es inspirador, y la valoración de su gestión.

Recordé, en ese momento, los abrazos con los cuales celebramos la victoria de Gustavo Petro, frente a la máquina de escribir que perteneciera a nuestro común y querido amigo, el asesinado abogado y defensor de los derechos humanos, Eduardo Umaña Mendoza, en la sede de Contagio Radio, donde nos juntamos por invitación de Danilo, para analizar los resultados electorales.

Días después, en uno de sus primeros nombramientos, Gustavo Petro, primer presidente de izquierda en la historia de Colombia, nombró a Danilo Rueda, Alto Comisionado para  Paz, y, mediante decreto, amplió las funciones del cargo para colocarlo a la cabeza de las gestiones por el fin de la violencia y la reconciliación en el país.

A pesar de los esfuerzos del Fiscal General, un sector de los medios de comunicación, algunos “pazólogos”, varias de las organizaciones de derechos humanos, miembros del gobierno Santos y la oposición, de desprestigiar y desconocer la brega revolucionaria y audaz con la que Danilo adelantó su misión, los resultados y perspectivas que deja son muy importantes para hacer realidad el mandato constitucional de la Paz.

Tiene en su haber, como promotor intelectual, la Ley de Paz Total (Ley 2272 de 2022), declarada exequible en sus aspectos fundamentales el pasado 28 de noviembre por la Corte Constitucional. La ley establece criterios clave para el gobierno del cambio como Paz Total y Seguridad Humana, habilita negociaciones políticas con grupos armados organizados y conversaciones sociojurícas para el sometimiento de estructuras armadas de crimen organizado, y los ámbitos y mecanismos para adelantar diálogos y conversaciones.

En sus escasos quince meses en el cargo, acompañado de una miríada de apasionados de la lucha por los derechos humanos y la paz, la mayoría, como él, forjados en las resistencias en el territorio, exmilitantes de las izquierdas y las guerrillas, que hemos hecho de la paz y la justicia social  la cruzada de nuestras vidas, logró traer de nuevo a la mesa de negociaciones al Ejército de Liberación Nacional, proceso que ya completa su quinta ronda de conversaciones con acento en la participación popular.

La delegación gubernamental, por lineamiento de Danilo, es diversa, amplia y representativa, destacándose la participación del partido de oposición uribista Centro Democrático, a través del experimentado negociador José Félix Lafourie. Otro tanto sucede con la conformación de los designados por el presidente para adelantar diálogos con el Estado Mayor Central que congrega parte de las disidencias de la Farc que se opusieron, desde el comienzo, a las negociaciones con Santos. Allí el CD está representado por el experimentado Fabio Valencia.

Danilo acordó con el presidente que estos procesos estuvieran en cabeza de un luchador de izquierda humanista, Camilo González Posso, con EMC, y un líder histórico de la guerrilla en la que se formó el presidente, Otty Patiño, comandante del M19 en la época de su desmovilización por la paz, con el ELN.

Contrario a lo propalado por medios y analistas, el EMC, cuya cuestionada integración permitió establecer un diálogo conjunto con agrupaciones dispersas, lo que habría sido un obstáculo para el avance de la política de paz, acaba de fortalecer su representación en la mesa de negociación con miembros de su alto mando, mientras se concreta la agenda a discutir y se superan impasses, no obstante los cuales ha mantenido su disposición a dar continuidad al proceso. La Segunda Marquetalia, disidencia a la que por provenir del proceso ya en marcha con las extintas Farc se le ha negado el reconocimiento político, está a la expectativa y dispuesta a acordar los términos de un diálogo, como lo constató Danilo con su líder “Iván Márquez”.

En cuanto a las estructuras armadas de crimen de alto  impacto, las gestiones dirigidas por Danilo para disipar la violencia urbana han logrado aquietar la actividad de una decena de bandas en Quibdó, desescalar la confrontación entre Shottas y Espartanos en Buenaventura -que posibilitó que por primera vez en medio siglo  llegara un crucero turístico al puerto- y un acuerdo con todas las organizaciones de Medellín y el Valle de Aburrá que, al día siguiente de su  reemplazo, iban a firmar un acuerdo para adelantar conversaciones de cara a la opinión pública sobre aspectos sensibles de la cotidianidad de las comunas y poblados empobrecidos y tenaces  de donde emergen, mientras se concreta el marco jurídico de su posible reinserción en la sociedad, abandonando la criminalidad a cambio de incentivos jurídicos.

La crítica furiosa al cese al fuego unilateral decretado por el presidente Petro, a instancias de Danilo, con seis organizaciones al margen de la ley el 31 de diciembre pasado, por la inconsistencias de algunas de ellas más que por error del gobierno, no permitió apreciar la bondad de la iniciativa y la grandeza del gesto. El ELN, en actitud arrogante, se deslindó. Un horroroso ajusticiamiento interno del EMC en el Putumayo obligó al gobierno a reactivar la acción militar contra ese grupo en algunas zonas del país. Un “paro armado” en el bajo Cauca antioqueño y el ataque a la policía impuso también la suspensión con las autodenominadas autodefensas gaitanistas.

Esos hechos, repudiables e inadmisibles todos si estamos sinceramente por una opción a la carnicería en que se ha convertido el país, por supuesto son golpes para un tejedor de alternativas y obsesionado por superar décadas de sufrimiento de los territorios que padecen el conflicto armado. Danilo habría preferido ir a hablar, razonar, buscar acuerdos y salvar vidas y la vía del diálogo pero se impuso la presión por obrar con fuerza. Muy a pesar de las diatribas, los canales de comunicación se mantuvieron y ningún de los grupos descartó la posibilidad de avanzar hacia acuerdos. Meses después pasó algo similar en el corregimiento de El Plateado, Argelia, Cauca, y volvimos a lo mismo, o diálogo y más diálogo o bala y guerra eterna.

Cuando todos los interesados le caían en gavilla a Danilo para acabarlo, la Unidad de Investigación y Acusación de la Jurisdicción Especial para la Paz le dio un espaldarazo contundente a su gestión. En los lugares donde hay cese al fuego, diálogos o conversaciones han disminuido las afectaciones a la población, las bajas de la fuerza pública, los golpes entre armados y aberraciones como la extorsión, el secuestro y la violencia sexual se expresan, con mayor magnitud, en zonas donde no operan o lo hacen parcialmente los actores armados.

En el momento en el que el compañero presidente Gustavo Petro le comunicó a Danilo su decisión de relevarlo, impulsaba con entusiasmo iniciativas suyas surgidas de su profundo conocimiento de los territorios, los actores y las formas de hacer acuerdos. Queda el embrión de MisiónPaz, los núcleos civilistas de un nuevo país de convivencia que fructificarían en Ecosistemas de Paz donde el concepto se ampliaría a todos los espacios de interacción del ser humano, y su estratégica visión de los planes de acción de transformación territorial transversal con los que aspiraba hacer realidad el Estado Social y Ambiental de Derecho en los territorios. Anima que el nuevo Alto Comisionado, Otty Patiño, asume que es imprescindible territorializar la paz.

A Danilo Rueda no le faltan méritos académicos pero, a diferencia de muchos supuestos expertos en paz, ha hecho de su vida una misión recorriendo descalzo los barrizales ensangrentados, los ríos llenos de cadáveres y los pastizales que guardan muertos anónimos, para animar a los deudos dolientes. Con la mochila al hombro y el dolor en el pecho acompañó la terquedad pacifista en el Catatumbo, en las riveras del Telembí, en el Atrato y el bajo San Juán, en Calima y Cacarica, en el Putumayo, en los Montes de María, en los llanos del Yarí, y a la comunidad de San José de Apartadó, estigmatizada y flagelada por defender a fondo el principio cristiano de que la vida es sagrada, y convirtió la sangre de sus mártires en cacao para el mundo. Gracias Danilo.

viernes, 17 de noviembre de 2023

Edy regresa a Pasto de la mano de La Guaneña


Paseábamos con Edy Martínez, junto con Josean Ramos -escritor boricua biógrafo de Daniel Santos y de la Espada de Bolívar- por el parque Alcalá, al norte de Bogotá, cerca del alojamiento donde vive. Entre tema y tema sobre el maravilloso mundo del Jazz Latino, en el que Edy vivió y fue protagonista, Josean le indagó si conoció a Lou Pérez, y el maestro, como si nada: 

 - Como no, gran señor, trabajamos, fuimos amigos, allí hay mucho de la música latina 
 
Edy hablaba de un afamado músico y compositor que arrebató los “yores” en los 60 con su charanga por la que pasaron insignias como Israel “Cachao” López, Oswaldo “Chi hua hua” Martínez, Eddie Zervigón, Ralhp Carrillo, Julito Collazo, Ángel “Cachete” Maldonado, Cándido Camero, José “Chombo” Silva, Javier Vásquez, Víctor Venegas, Virgilio Martí, Gonzalo Fernández, Eddie Drennón, Ray Mantilla, Mike Martínez, Steve Berrios, y muchos más, todos colegas y “parceros” del virtuoso pastuso y estrellas del universo jazzístico y salsero. 

 - ¿Y al fantástico flautista cubano Gonzálo Fernández, precursor de las charangas? -le pregunto- 

 - ¡Ah sí! ¡Cómo no! Gran señor, una personalidad. Hizo un tema lindo a Cartagena. Nos tuvimos gran aprecio 

 Se refería a una de las tantas glorias a las que conoció o con las que trabajó y no se inmutaba. En su modestia, es algo normal. De repente, recibió la llamada de uno de sus sobrinos para invitarlo a un toque de un grupo de amigos, entre los cuales, su también sobrino, el afamado percusionista Samuel Torrres, Danny Rosales y Jorge Guzmán en las congas, en la terraza del Hotel Tequendama. Vamos tres respondió, mirándonos. El motivo era la presentación familiar por Samuel de su esposa estadounidense, virtuosa violinista. Abrieron los dos con música de los Apalaches y luego el grupo se fajó tremenda descarga. Edy, consentido por familiares y amigos, meneaba la cabeza, seguro recordando sus noches en algún club nocturno de Nueva York. 

 Meses antes, una noche, junto a Josean, y su pareja y paisana Lenis Oropeza, nos gozamos una sesión salsera y jazzista del maestro Edy con su grupo en Casa de Citas, sitio que junto con Café Libro lo han programado varias veces. Antes de inciar el jam, los presenté y se dio una amena charla colmada de afecto y admiración. Josean ha hecho parte de su vida periodística narrando la música cubana y borinqueña, escribió una soberbia biografía de Daniel Santos, de quien fue secretario de prensa, y estaba asombrado del desconocimiento del papel de Edy en la historia de la música afrocaribeña y el jazz. 

 Días después, por Jairo Grijalba, musicólogo y minucioso investigador musical, me entero que estaba a punto de estrenarse ¡Viva Edy! Historia de una música indestructible!, un documental basado en la biografía monumental aun inédita de Jairo sobre Edy. La película fue producida por Carlos Ospina, un caleño apasionado, comprometido y juicioso, gustador de la música y de hacer cine, quien hace algunos años fundó La Topa Tolondra, el salseadero más sabroso de la “sucursal del cielo”. Había generado mucha expectativa desde que TelePacífico la programó a finales del año pasado y se ha codeado en varios festivales de prestigio recibiendo varios premios y es un tremendo homenaje testimonial al maestro. 

 Quise verla, llevarla a Pasto, ir con Edy, Carlos y Jairo. Me obsesioné hablando con todos los funcionarios que pude. Nadie arrancó. Llegó la presentación comercial nacional en septiembre. Los organizadores de Pasto Jazz tuvieron el acierto de hacer un pre estreno tributo con el maestro presente, vivito y tocando. La vi por fin en Bogotá, en el Festival de Jazz de Colsubsidio, donde un Edy tímido pero lleno de alegría departía junto a Carlos con seguidores bogotanos, que tantas veces lo han aplaudido y no pararon de ovacionarlo. Estaba en otro momento, muy distinto al de Jazz al Parque, en junio, cuando tuvo una conversación con el melómano Manny Durango en Quiebracanto, y, era tal su postración física, que al saludarlo me dieron ganas de llorar. 

 Edy es un gigante. Destacado pianista, arreglista y compositor de la escena neoyorquina. Nacido en el sur de Colombia, se comió el mundo. En la visita que comenté al inicio, le pregunté por qué había grabado La Guaneña en Latín Jazz y me respondió con la metáfora de que se la había encontrado en Pasto y la había invitado a conocer cómo se vive en otros países, en Estados Unidos, Europa y Japón, donde él había estado. Los ojos le brillaban, su hablar era cansino, el vaso de café temblaba en sus manos. En conjunto, la emoción del profundo afecto por nuestra tierra, nuestros orígenes, nuestros amores. Con él, La Guaneña ha viajado lejos, conoció mucho, amó de los veras. 

 En el espléndido libro Zacude zapato viejo, editado por Mario Jursich para la Alcaldía de Bogotá, Jairo Grijalba devela, en un capítulo sin pierde, que bajo la dirección de Edy, con producción y recursos gestionados por Carlos Lucio y la asesoría de la madre de la salsa bogotana, Bertha Quintero, una big band poderosa, con la voz de Jimmy Sabater, grabó para un futuro disco compacto, varias letras inspiradas en la lucha contra la extradición. Terminada la grabación, los sufragios hicieron que Edy abandonara el país y nadie sabe de la suerte del carrete con la obra que, no obstante su gran calidad, no pudo ser reproducida. 

 Durante una prolongada estadía en Pasto, vinculado a la Universidad de Nariño y en homenaje a los 25 años del Departamento de Música, Edy conformó una big band con músicos jóvenes, daándoles la savia de su experticia y creatividad y grabó un trabajo que incluye una estupenda versión suya de La Guaneña Hoy en jazz, el estándar Manteca de Dizzy Guilispie, ademas de sus composicionese Manuela ¡si!, Mother´s Day, Tambores de la U., Joyce´s Calipso, Morning Shushine, Never let mi go, Laye, Homenaje a once compositores colombianos y el pasillo Procesión Nigromante, obra dedicada a los mártires de la violencia en Colombia, así de extenso y así de claro porque Edy es un hombre humanista y progresista

En 2008, para su álbum Midnight jazz affair, nominado al Premio Grammy, recreó el himno popular de nuestro Nariño en una ejecución orquestal espléndida. El talentoso compatriota Héctor Martignon, en las notas discográficas del trabajo, destaca la creación de Edy y sus arreglos para los solos del virtuoso flautista boricua Dave Valentín, quien, dice, se apropia nota a nota de la “majestuosa melodía incaica”. Edy le dio a La Guaneña status de “música del futuro”, según una revista especializada de New York.

 El documental de Carlos Ospina y el próximo libro de Jairo Grijalba ilustran con detalle la hazaña de nuestro Quijote de las blancas y las negras, con un currículum de lujo en el mundo de la salsa y el jazz. Aún imberbe integró y enriqueció con sus arreglos la orquesta de Ray Barreto, con la que grabó homenajes a su mamá y a su hermana y la brutal descarga de Irresistible y por ello, en el tema El watusi, Ray anuncia con orgullo, “From Colombia Edy Martínez”. 

Después, Mongo Santamaría se lo llevó a su grupo y Edy realizó los arreglos de esa hermosura que es Sofrito. Trabajó también, nada más ni nada menos, que con Tito Puente, Carlos “Patato” Valdéz, Tito Rodríguez, Celia Cruz, Loui Ramirez y la Broadway. Por si fuera poco, y es uno de sus mayores orgullos, no reconocidos por la firma de Pacheco y Masucci, compuso el tema de presentación de la Fania All Stars, “Oye que rico suenan, las Estrellas de Fania”. 

 El jazzista argentino Gato Barbieri lo conoció y prendado de su arte musical contó con él para varios trabajos. Entre ellos, tuvo la dicha de ser el arreglista de la suite ¡Viva Emiliano Zapata! y de la banda sonora de la sensual película, El último tango en París, entonces torpemente censurada, en cuya filmación el director Bernardo Bertolucci se hizo el loco para que el cuarentón Marlon Brando -conguero y asiduo del histórico Copacabana de Nueva York- lubricara por detrás con mantequilla a la adolescente María Schneider y la accediera para la posteridad, haciendo real un acto que se convino sería simulado. Hecho bizarro que para nada opaca la calidad de la música que acompaña el filme. 

Entre 1979 y 1981 la empresa de instrumentos de percusión LP crea el Latin Percussion Jazz Ensemble (LPJE) para promocionar sus productos en Europa. Un grupo de prestigiosos músicos radicados en Nueva York recorrió escuelas de música y universidades europeas y ofreció talleres y recitales a los estudiantes. Se destacaban el baterísta Steve Berríos, el bajista Sal Cuevas, el trompetista René López, y el percusionista Johnny Rodríguez, además de del timbalero Tito Puente y el conguero Carlos “Patato” Valdéz. Y, por supuesto, Edy Martínez al piano. En la primera grabación de LPJE, The just magic, el maestro Edy compuso The oppener (con Sal Cuevas),  Afro blue y Martínez Blus. El trabajo es un estándar del Latin Jazz.
 
Para Ángel Canales, Edy hizo los arreglos de temas prodigiosos como Lejos de ti y El sol de mi vida. Joe Quijano lo llevó a su charanga para homenajear a los Titos y a Machito. Con el percusionista venezolano Gerardo Rosales hicieron el maravilloso Rítmico y Pianístico. La Cubop City del holandés Lukas Van Merjick contó con su talento para los álbumes dedicados a la música de los cubanos soneros Arsenio Rodríguez, Benny Moré, Luciano “Chano” Pozo y Latin Vocal Explosión. The Latín Jazz Coalition del griego Demetrios Kastaris, lo tuvo entre sus invitados e integró la Irazú del chileno Raúl Gutiérrez en Europa. Diego “El Cigala”, en conocimiento de la maestría de Edy lo llamó para que acompañara la grabación de su álbum salsero que nombró Indestructible y que trae una versión poderosa del de por si contundente tema original de Barreto con los arreglos de Martínez. 

 A la lista incompleta de sus participaciones en la historia de la música rumbera se suman, la Orquesta Universal de Nueva York de Carlos Konig y Richie Vitale, la Charanga de la Tapa, Zaperoco, el Grupo Madera de Mauricio Smith, la Mambo Dulcet de Carlos Jiménez, La Manigua Mambo, Chico Álvarez en el compacto Montuneando, y hasta una enigmática participación con la agrupación rockera Malo V. Con su amigo Ray Mantilla realizó siete álbumes. En uno de ellos, The Connection, Edy vuela con los dedos en el piano en su Andean Fantasy, y, en otro, Mantilla agradecido le dedica el tema Martínez. Con grupo propio, Edy grabó Privilegio para Casa de Citas de Carlos González, Su Majestad el Piano con FM Discos, Universidad de Nariño Big Band y Midnight Jazz Affair para Jogal Musical Productions. Ha ganado mucchos reconocimientos en el mundo de Latín Jazz, incluida su presencia en obras ganadoras de un par de Grammys. 

 En la película de Carlos Ospina desfilan, en testimonio homenaje a un precursor de la fusión de las frenéticas barriadas neoyorquinas con los ancestrales sonidos tropicales del Caribe, “El Pulpo” Colón, Tito Allen, Luis “Perico” Ortiz, Samuel Torres, Adalberto Santiago, Bobby Valentín, Nicky Marrero, Orlando Marín, Tempo Alomar, José Mangual Jr., “Papo” Pepin y una pléyade de artistas. La cuarentena por el Covid 19 impidió la presencia de Larry Harlow y Orestes Vilató. Yuri Buenaventura puso su voz para una contundente versión de Irresistible en la banda sonora. 

 Para que la dicha fuera completa, Carlos Ospina produjo el EP (extended play) Travesía y legado, grabado, en parte, en los míticos estudios Egrem de La Habana, Cali y New York, con una nómina de lujo en la que participaron, entre otros, Barbarito Torres (Buenavista Social Club) en el laud, Alexander Abreu en la trompeta y el recién fallecido creador de NG la banda, José Luis Cortés “El tosco”, en la flauta, con la dirección, composiciones y arreglos del gran Edy Martínez. Además de Indestructible, el trabajo incluye versiones de Yiri yiri bom, La mulata rumbera y el bolero A mi manera. En el formato disco compacto se agrega una suite  y Hard Drive Blues

Hay en apartes de la película un profundo dejo de nostalgia como acompañar a Edy en la soledad de un pequeño apartamento en Nueva York, donde se reponía, tras la pandemia, de un grave accidente de tránsito o insinuar el llamado a cuentas de la vida en la aridez del desierto y la decrepitud de un rostro, el recuerdo de sus amores en la edad añeja y su caminar solitario como expresión profunda de libertad al final del camino. 

La música fue todo en la existencia de Edy Martínez y a ella entregó su privilegiado talento. En muchas partes del mundo se reconoce su sello y su estela, pero siempre parece poco. Tal vez su mayor orgullo y alegría sea recibir el aplauso de sus paisanos y vecinos - ¡Viva Caracha le gritan recordándole el barrio donde se crió. Ahora que trae de regreso a la La Guaneña para compartir la película sobre su vida (17 de noviembre) y dedicarle  un concierto acompañado  de jóvenes músicos nariñenses con lo mejor de su repertorio, páginas sublimes de la historia de la melodía afrolatina.

martes, 25 de abril de 2023

Los sueños rotos de Julio Daniel (Periodismo en años aciagos I )


Algún funcionario lamedor del Plan Nacional de Rehabilitación del gobierno de Virgilio Barco, me increpó enfadado: – ¡mire lo que escribió su amigo Julio Daniel Chaparro! Revisé el periódico El Espectador hasta que encontré la nota, una de las varias que hizo como balance del cuatrienio, para la cual Julio me había consultado varias veces como jefe de comunicaciones del PNR. El titular me preocupó pero el artículo, aparte de bien escrito por la calidad de Julio y su vena poética, era ecuánime, sustentado, contrastado, en fin, “objetivo”. Al preguntarle por qué había titulado así, me explicó la razón de la ironía “El PNR lava en casa”: si el plan había sido positivo en llevar precariamente el Estado a algunas zonas que lo desconocían, sencillamente estaba empezando a limpiar la suciedad de la que éste era responsable.

Coincidíamos. A mi no me molestaba la crítica porque había llegado al cargo, aceptando la propuesta de Eduardo Díaz Uribe, con la postura de apoyar comunicativamente al plan y no a hacer propaganda. Así lo reconoció María Teresa Herrán, en una de sus columnas, al calificar el mini informativo de TV del PNR Amarillo, Azul y Rojo, realizado por Alexandra Uribe y Martha Lucía Ávila, como “un comercial a punta de patria”, en mención a mi lineamiento de que la valoración de las obras, de la gestión y las críticas las hiciera la gente humilde de todos los rincones de un país hasta entonces invisible para las grandes ciudades.

Conocí a ese exquisito poeta llanero en un seminario sobre periodismo para el desarrollo que organicé con el apoyo de Fescol y el Círculo de Periodistas de Bogotá, bajo la presidencia de Rafael Gálvez. Fue un evento con buena asistencia, ameno y productivo. Tenía temor, porque a pesar de que conocía a varios colegas de los medios, la invitación la hacía desde un programa gubernamental y ellos me identificaban en la brega de la prensa alternativa. Un corito de amigas solidarias, encabezado por Marcela Giraldo, me quitó el susto: - vinimos por ti, para apoyarte. Recuerdo, además, a Carlos Chica, Víctor Javier Solano, Carlos Arturo Páez, Servio Tulio Díaz y María Teresa Herrán. Entre la treintena de colegas, llegó con su mochila arhuaca terciada el inolvidable Julio Daniel Chaparro, con quien después de un par de tanteos nos hicimos amigos de muchos tintos.

Tiempo después, al valiente y osado Julio Daniel, en el periódico, le asignaron -a lo mejor se lo peleó- un reportaje sobre la violencia en el nordeste antioqueño donde había sucedido uno de los hechos más espantosos de la violencia paramilitar: la masacre de 43 personas a plena luz del día en el pueblo minero de Segovia, el 11 de noviembre de 1988, por las bandas de Fidel Castaño, mientras las fuerzas de la policía y el ejército simulaban ataques de la guerrilla para guardarse en sus cuarteles y dejar a la gente a su suerte.

La noche del 24 de abril de 1991, Julio Daniel y el fotógrafo Jorge Enrique Torres, fueron acribillados en uno de los sitios donde se produjo la matanza. Se pensó que por orden de los mismos autores intelectuales y a lo mejor por las mismas manos, pero con el tiempo se supo que fue el Ejército de Liberación Nacional (ELN), hecho sobre el cual nunca se ha manifestado. Había escrito dos libros de poemas y en su homenaje se publicó Papaito país con sus crónicas y reportajes sobre la Colombia profunda. Sin saber qué pasaría con su vida, dijo de las tristezas del amor en Los sueños de ahora:

Hubo un tiempo en que soñamos

Entonces éramos como soles

Éramos vientos

De nuestras manos salían alces

Y en los pechos queríamos dibujar un eclipse de sol en una noche.

....

Y ahora lo recuerdo sumergido en este frío

Desnudo yo, tan opaco, tan muñeco muerto

Tan hecho mí enemigo

Susurrando amor, amor

En esta hora interminable

Que me es río de sombra, mar de miedo

Ahora lo recuerdo muerto de pájaros y digo

Hubo un día y éramos como soles. Éramos vientos.

Carlos Pizarro habla de la Paz (páginas recuperadas 1)

 








domingo, 4 de diciembre de 2022

Eternamente Pablo

En los inicios de la Revolución Cubana el joven Pablo Milanés incursionaba con entusiasmo en la corriente del Filin, esa manera muy propia de hacer canción sentimental y poética, emparentada con el bolero, escudriñando formas para aportar en la música al tránsito que vivía la sociedad, conservando la riqueza de sus raíces. Simpatizaba con “Los barbudos” pero, desde el comienzo, por su forma de su ser franca y rebelde, hizo públicas sus críticas sobre la progresiva imposición ideológica y represiva que se inmiscuyó hasta en las letras de las canciones y en los ritmos admitidos en la cruzada “anti yanqui”.

Pablo, con “Mis 22 años” y “Tu, mi desengaño”, a mediados de los 60, se colocaba a la vanguardia de la canción romántica con trazas trovadorescas, influencias del barroco y el renacentismo y lograba el reconocimiento entre los cultores de la canción elegante, amadrinado por Aida Diestro, Marta Valdéz y Miryam Ramos. A la vez que sus críticas y cuestionamientos públicos a sectores del poder, por las imposiciones y la intolerancia, le cobraron factura. Convocado a cumplir el servicio militar patriótico fue conducido a un campo de reeducación para corregir sus “desviaciones”. 

 El maltrato a Milanés fue un error, como tantos que cometió y comete la dirigencia de la Revolución Cubana, intentando ayer, sosteniendo hoy, una alternativa para América Latina y El Caribe, acechada siempre por los zarpazos imperiales y en una difícil lucha por ser auténtica pero atada a intransigencias anacrónicas, frente a una realidad que exige reformas y apertura. Pablo se escapó del “correccional”, que, ante las denuncias, el gobierno trataba de hacer presentable reduciendo, por ejemplo, la altura de las alambradas de púas de 23 a 14 líneas (pelos), lo que le dio pie para componer “14 pelos y un día me separan de mi amada”. Al final, no sin pasar otros malos momentos, quedó libre. 

 Junto con varios talentosos noveles compositores inspirados en al efervescencia revolucionaria hizo parte del disruptivo Grupo de Experimentación Sonora del Instituto Cubano de Artes e industria Cinematográfica (Gesi-Icaic), creado para componer bandas sonoras del naciente nuevo cine y explorar sonoridades. Con esa base, el noviembre de 1972, con milanés, Silvio Rodríguez y Noel Nicolá, como insignias, surgió la Nueva Trova Cubana, que bebió en el agua de la trova tradicional, de comienzos de siglo, para decir lo que inspiraba un acontecimiento como la Revolución. 

Justo en el cincuenta aniversario de ese alumbramiento, Pablo Milanés dejó de existir físicamente. Más de 50 años de carrera artística e igual número de trabajo discográficos publicados, escenarios repletos y delirantes por toda América Latina y El Caribe, España y otros lugares, temas profundos que en voz alta dijeron en bellas composiciones sus reflexiones sobre la soledad, la muerte, el tiempo, los años, la vejez, la juventud, el amor, el desamor, las humedades, las luchas, las esperanzas y la patria. En los inicios cantó a los poetas, a Martí y a Guillén, de quien creo con “Canción” una página sublime. 

Ya ves”, “Para vivir” “Yolanda”, “El breve espacio”, “El tiempo, el implacable, el que pasó”, “Proposiciones”, son entre muchas, canciones de obligada recordación entre bohemios, amantes y enamorados. Parte de su discografía estuvo dedicada al bolero y al rescate de la tradición con tres volúmenes de “Años” interpretados en compañía de connotados ejecutantes de las cuerdas y la música tradicional, como Luis Peña, “El albino”, Octavio Sánchez, “Cotán” y “Compay Segundo” (Francisco Repilado), con quien hizo la primera versión del mundialmente famoso son ”Chan Chan”. 

Hizo la segunda voz a  Armando Garzón para que brillara “el jilguero de la voz de terciopelo” con celebrados temas de antaño. Participó en el bello homenaje jazzístico del lamentado Emiliano Salvador a Puerto Padre. En Venezuela, con la folclorista Lilia Vera realizó un hermoso homenaje a la canción vernácula. Reivindicó a los músicos tradicionales opacados por las nuevas generaciones, mucho antes del impacto comercial de Buena Vista Social Club. 

 Con el canario Caco Senante versionó preciosos boleros y con el boricua Andy Montañez se dieron gusto cantando, soneando y salseando. En Brasil, son inolvidables sus conciertos con Caetano Velozo, Chico Buarque y Elsa Ramalho, como en Buenos Aires con Silvio, Mercedes Sosa y otros cantores. En Santiago, cumplió la promesa de pisar “las calles nuevamente”. Bogotá vivió un hermoso concierto suyo en compañía de Piero, registrado en grabación producida por el pastuso Javier Martínez Maya. Querido Pablo de 1995 y Pablo Querido de 2005 compilan versiones de una pléyade de artistas iberoamericanos entusiastas de sus letras y amistad, con presentación, este último, de Gabriel García Márquez, “Este disco es una casa sin puertas ni ventanas…”. 

 Su rítmica y melodía, permitieron que canciones tristes se convirtieran en varios éxitos salseros interpretados por las mejores agrupaciones del género, como la Sonora Ponceña y el Gran Combo de Puerto Rico. Con el magistral “Chucho” Valdéz en el piano y temas íntimos grabó “Más allá de todo”, producido en su propio estudio en La Habana, una de las ventajas que permitió por un tiempo la concesión del gobierno a algunos músicos de cierta autonomía a través de fundaciones. En los teatros Mella y Carlos Marx de La Habana, un público emocionado acompañó los conciertos con sus hijas Lynn y Haydée, que brillan con luz propia.  Su último trabajo en estudio fue una selección de estándar del jazz. 

 La rebeldía de Pablo era conocida en Cuba, él se calificaba liberal para decir lo que pensaba y lo que no le gustaba pero siempre reivindicó la Revolución como una ruptura histórica en busca de justicia. De tanto en tanto fustigaba a la dirigencia, por poco diligente, y, en los últimos años, dio respaldo a manifestaciones de inconformidad después de tantos de resistencia. No obstante, con Fidel Castro mantuvo una relación de admiración por la que al llamado de éste, o en los que se hacían en su honor, siempre estuvo en la tarima, “Si el poeta eres tú, que puedo yo cantarte comandante”. Fidelidad, motivo del famoso impasse con Rubén Blades, al que calificó de oportunista cuando le increpó por su respaldo a Castro, y de la bronca no curada con la pequeña Habana miamense. 

Los últimos años de vida de Pablo Milanés fueron dolorosos por un cáncer prolongado que lo llevó a vivir a España donde tuvo mucho amigos y admiradores, giras y trabajos con Joan Manuel Serrat, Ana Belén, Víctor Manuel y Miguel Ríos. En medio de la enfermedad, el arañazo cruel de la tristeza vino con la muerte, en enero de este año, de su hija Suylén, música y gestora cultural de 50 años, por un accidente cerebro vascular. En julio, en el multitudinario y estorbado concierto “Mi Habana” se despidió con  “Amo esta isla soy del caribe” y “Yo me quedo”. A la pena se agregó el deceso, en agosto, por trombosis pulmonar, del esposo de Suylén, Camilo Guevara March, hijo del Comandante de la Revolución Ernesto Guevara de la Serna, “El Che”, a quien Pablo dedicara, “Un homenaje para tu ausencia, lo llenas todo con tu presencia”. 

 El 22 de noviembre se cumplió la cita y sentencia que Milanés había anunciado en “Renacimiento”, un precioso álbum publicado en 2013 con líricas trascendentes de corte de cuentas con la existencia y reivindicaciones al manantial inagotable de la música cubana en todos sus géneros: “Amé, fui amado, el sol acarició mi faz. Vida, nada me debes! Vida, estamos en paz! Vida, estamos en paz!”

domingo, 26 de septiembre de 2021

Y no pudieron hacerla trizas

 

“La paz frágil”, dijo el presidente de Colombia ante la Asamblea de Naciones Unidas para referirse con sorna a los acuerdos que trajeron de vuelta a la institucionalidad descaecida del país a las FARC-EP. La misma paz con la que el gobierno y sus representantes sacan pecho para recibir los elogios y apoyos que le ha deparado el mundo a Colombia por ese pacto histórico de civilidad y de cuyo estado actual –recortes y fragilidad- es absoluto responsable.

El vociferante Ministro de Defensa siguió la pauta al afirmar que ahora no hay una sino tres FARC: la que tiene representación en el Congreso, la que se hartó de los incumplimientos y erróneamente volvió a las armas y la que nunca creyó en ese cuento. Calló que a la primera, leal a los acuerdos, la están masacrando y el gobierno no ha sido capaz de impedirlo.

Se sumaron al coro el Ministro del Interior, que tuvo la osadía de lesa antidemocracia de salir a retar al candidato favorito a las presidenciales restregándole su pasado guerrillero, y el embajador en los Estados Unidos que, como funcionario del gobierno firmante de la paz, asintió a favor de las conversaciones y ahora las repudia.

Las reacciones amargadas y guerreristas del gobierno uribista, del partido en el gobierno -el Centro Democrático y sus aliados-, y de Uribe -desde su trinchera campestre y ecuestre-, obedecen a una razón de fondo: el proceso de paz facilitó las condiciones para que un gobierno alternativo dirija los destinos de la nación.

Esa es en el fondo la razón de la bronca contra los acuerdos de paz. Prefieren ignorar que, a la par, la alternativa de las armas fue deslegitimada como opción en un país acostumbrado a acudir a ellas para dirimir sus diferencias.

La república señorial de estirpe terrateniente y mafiosa y “el Estado Social de Derecho” neoliberal de la burguesía urbana financiera se resisten a aceptar la realidad de que, tras el acuerdo de paz con la guerrilla más grande e histórica, la guerra dejó de ser amenaza y freno y la gente se liberó para expresar su inconformidad y optar por un posible vuelco político histórico. Eso no lo calcularon Santos y su gente, pero contribuyeron a ello y, por eso, la reacción no se los perdona.

La desazón se nota en la desesperación de las reacciones por manchar como fracaso y minimizar el quinto aniversario de la firma de los Acuerdos de Paz Estado-FARC-EP, fraguados en La Habana durante un lustro, desde que el nuevo presidente, Juan Manuel Santos, anunció que tenía la llave de la puerta de la paz, el 7 de agosto de 2012, liberándose de las amarras de la “seguridad democrática” de Uribe.

El 26 de septiembre de 2016, en pomposo acto en Cartagena, cimbrado por aviones de guerra que reafirmaron la posición de las Fuerzas Armadas -la paz es la victoria, les prometió el presidente-, “Timochenko” (Rodrigo Arias Londoño) y Santos estamparon sus firmas y estrecharon sus manos en medio de vítores de los invitados. A pocas cuadras, el expresidente Álvaro Uribe, altavoz en mano, se despachaba contra el tratado.

La dicha fue breve. El terco y soberbio empeño de Juan Manuel Santos por glorificarse con un plebiscito de apabullante apoyo a su gestión se estrelló con los efectos de la estrategia mezquina del uribismo para desprestigiar las negociaciones. Contra el optimismo y el tremendismo atemorizador de la propaganda oficial, el 2 de octubre ganó el No por una mínima diferencia y sobre la base de muchas mentiras e infamias.

Como para la reelección, el presidente tuvo que acudir al respaldo del movimiento social partidario de la paz -que no a su mandato de carácter neoliberal- para darle oxígeno a un proceso balbuceante, edificado institucionalmente sobre la base del apoyo político de los partidos de la coalición de gobierno, “mermelada” a los congresistas y medios de comunicación y la promesa a los grandes empresarios de mejores días para los negocios.

Tras el pasmo de la derrota, en una hábil decisión, Santos consultó con los ganadores modificaciones: aceptó muchas formales y, presionadas por los militares azuzados por Uribe, otras de fondo como la impunidad jerárquica. El 7 de octubre, el otorgamiento del Premio Nobel de Paz le dio el necesario y urgido espaldarazo ante el país y el mundo. Con el apoyo del Congreso y el aval de la Corte Constitucional logró una salida institucional al proceso.

El acuerdo se ratificó en una nueva ceremonia en el Teatro Colón de Bogotá, el 24 de noviembre. Desde entonces, la división es irreconciliable. El uribismo no acepta lo acordado así en gran parte, no se haya cumplido. El gobierno Santos, a pesar de los esfuerzos y, en algunos casos adrede, no logró completar la arquitectura de implementación de los compromisos ante unas FARC-EP desmovilizadas.

El cumplimiento de los acuerdos, en la esencia de lo negociado -que más allá de la desmovilización de las FARC-EP apuntaba a destrabar factores de injusticia que dieron justificación a la insurgencia-, requería de un gobierno afín. El establecimiento, que apañó la iniciativa de Santos por considerarla manejable, se “patraseó” ante la posibilidad de un gobierno de cambio. Para atajar a Gustavo Petro, corrieron a imponer a Duque, en conocimiento de que traicionaban lo que habían respaldado.

El movimiento social que ha promovido una solución política a los conflictos celebra el Acuerdo de Paz, no obstante la implementación desvirtuada y reducida por parte del Gobierno Duque y los 289 firmantes, hombres y mujeres, y cientos de líderes sociales asesinados, reivindica lo avanzado y sigue trabajando porque se pueda recuperar el espíritu original y cumplir lo acordado. Comparte una visión holística en la que paz significa equidad, justicia, verdad, reparación de las víctimas y compromiso de no repetición. Una sociedad reconciliada en sus diferencias y con un proyecto de país para todos.

El Gobierno Duque, con la política de “paz con legalidad”, se ha limitado a procurar la reincorporación de excombatientes de base, a tolerar con cicatería la Comisión de la Verdad y la Jurisdicción de Paz, a un Centro de Memoria Histórica desvirtuado por el negacionismo y a proyectos menores en los Planes de Desarrollo con Enfoque Territorial -PDET- afectados por el impacto del conflicto. El uribismo, al asumirse vencedor en la guerra sin limitaciones humanitarias impuesta con la “seguridad democrática”, aspiraba a una imposible claudicación de la insurgencia e imponer las condiciones del desarme. Nada más.

Reforma rural integral, catastro multipropósito, sustitución voluntaria de cultivos ilícitos, restitución de tierras despojadas, dignificación de los territorios, participación decisoria, justicia transicional restaurativa, memoria histórica centrada en las víctimas quedaron en el papel y son ahora filtrados por los intereses de los victimarios.

A pesar de eso, de que se han desatado varias guerras y cunde la muerte para contener el descontento social tras el reciente estallido, no han podido “hacer trizas la paz”. Colombia no les copia a los guerreristas. Lo dicen, una tras otra, las encuestas. No hay duda, mejor una paz frágil y por construir que la guerra abominable que promueve con mentiras ominosas la derecha envilecida y asustada ante la posibilidad de un cambio de rumbo, el cual intenta parar desde el gobierno y el Congreso con toda clase de manejos y trucos.