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domingo, 1 de septiembre de 2013

Un agosto de fiestas y protestas en la Plaza de Bolívar

Concentración Popular, Plaza de Bolívar, 29 de agosto de 2013. Foto: Alejandro Olave
A la Bogotá fundada por los castellanos un 6 de agosto  le faltan 25 años para cumplir medio milenio; del 2 al 10 , la efemérides 475 se celebró por lo alto y diferente; con anticipación, el Alcalde Petro retiró la pintura del invasor Jiménez de Quesada del salón principal de la Alcaldía  y la sustituyó por una del Libertador Simón Bolívar con ruana -sí,  Bolívar ya estaba emputado por estos días-; un desfogue de arte y cultura brilló en todas las localidades; el día de al conmemoración, la avenida 26 se convirtió en una galería callejera; enfrente del Centro de Memoria Histórica una exposición móvil mostraba la historia de las negociaciones de paz en el país y un amplificador dejaba escuchar lo voz premonitoria de Jorge Elércer Gaitán, advirtiendo: "Cercano está el día que se sabrá si el pueblo es el que manda, si el pueblo es el pueblo y no una masa anónima de siervos"; El beso de los invisibles, pintura mural inspirada en el beso de una pareja de indigentes fotografiado en la turbia calle del Bronx,  una de las más grandes intervenciones de arte callejero del mundo, se pudo ver y oír, porque habla de amor y dignidad, de la indiferencia humana y del desdén liberado de los excluidos.

Comparsas y murgas se tomaron la ciudad, una serenata gigante con mariachis le cantó el feliz cumpleaños  y, en la noche, fueron clamorosas las  ovaciones de 30 mil bogotanas y bogotanos para la puesta en escena de “Bolívar y Bogotá: un Bolívar urbano”, por 200 artistas de diferentes localidades pertenecientes a la red de Hip Hop Pazur, Golpe de Barrio y al Instituto Distrital para la Protección de la Niñez y la Juventud (Idipron), musicalizada por la Orquesta Filarmónica de Bogotá, bajo la dirección de Francisco Zumaqué, música clásica con latin jazz, hip hop y teatro, que recrea los episodios más importantes de la estela del Libertador, después de su llegada triunfante a la ciudad, tras derrotar a las tropas coloniales, puesto en tiempo presente y andando por esta ciudad de pasiones y contrastes; al cierre, el firmamento se iluminó con   el derroche de sonidos y color de los juegos pirotécnicos  lanzados desde el interior de la Alcaldía y el Parque Simón Bolívar; Bogotá se celebra alegre, multicolor, incluyente y diversa, niña y mujer, negra e indígena,  de todas y de todos, dijo el Alcalde Petro; al otro  día, los actos conmemorativos de la Batalla de Boyacá, el Día de la Independencia (7 de agosto de 1819), en los que al desfile militar de la celebración oficial nacional, en las localidades bogotanas le opusieron una jornada de lecturas alternas de la historia y por la paz;  y siguió  la fiesta cumpleañera y el Festival de Verano, en  la vida agitada de esta ciudad frenética, indescifrable y adorable que nos marcó de por vida.

Te doy una canción
Apenas una semana más tarde, en el concierto de Rubén Blades (viernes 16 de agosto), 50 mil almas se apretujaban y meneaban coreando Pedro Navaja, Pablo Pueblo, Amor y control, Desapariciones   y Plástico; durante dos horas aplaudieron al artista panameño en cada una de sus canciones que son proverbios y en sus frases que cantan verdades: "Bogotá te ves bien después de 475 años", "Gracias Alcalde Gustavo Petro por invitarme al Festival Salsa al Parque", "Tenemos muchas cosas por hacer para acabar con la discriminación racial, sexual y laboral", "Espero ver el día en el que a la mujer se le pague el mismo sueldo que al hombre", "Espero que llegue el día en el que a las personas se les juzgue por su actitud y no por su color de piel", "Colombia tiene la fortuna de ser un país con alto nivel cultural", "Bogotá es una gran familia", “Víctor Jara y Camilo Torres fueron grandes hombres” “Gabo es maravilloso” “Latinoamérica debe estar unida como Simón Bolívar la soñó”, "Héctor Lavoe vive!!!" "La muerte solo comienza por el olvido, mientras recordemos no habrá muerte de las ideas ni de las personas"; luego,  la multitud se desató para agitar caderas con la timba de la Nueva Generación la Banda de Cuba hasta casi la medianoche; al día siguiente, al comenzar la tarde, segundo día de Salsa al Parque, con el remate de los Van Van de Cuba, la voz de Yenisel Valdéz y 20 mil voces coreando “Y después de todo qué,  roto el sentimiento, para que y por qué mi amor,  di por mí lo siento". 

El domingo 25, un río de gente acompañó el paso de las carrozas de la XXXV Caminata de la Solidaridad, uno de los eventos masivos más grandes de Latinoamérica, con el que colaboran personajes de la farándula y el deporte. Por la noche cientos de muchachos y muchachas comenzaron a hacer sentir un cacerolazo en respaldo de los campesinos boyacenses que llenaban la Plaza de Bolívar de Tunja para taparle la boca al Presidentes Santos, quien había dicho que su huelga por el agro no existía. Regresaron en la noche  del lunes con miles más, emputados y expresivos. El martes  (27 de agosto) en el frontis de la sede de la Alcaldía fue desplegado un pendón gigante conmemoratorio del Día Internacional de los Desaparecidos (30 de agosto), violación de los Derechos Humanos aquí cubierta por la impunidad, que, según el Comité de Búsqueda,  son cerca de 20 mil pero podrían llegar a 50 mil, dependiendo del criterio que defina los casos; luego se adelantó una programación recordatoria en la que  participaron el Colectivo Teatral Luz de Luna, con el pre-estreno de la obra "Corriente", Diana Tovar y su grupo (Música Folklor), la Fundación Poética Andrés Barbosa, Sistema Sonoro Skartel (Rock), el Colectivo Artístico Wipalas, quienes elaboraron una mandala gigante, Lucia Vargas (Hip Hop) y el Colectivo musical Amdae (Música del Pacifico); los asistentes portaban retratos de sus seres queridos forzados a la ausencia;  al tiempo que enjugaban sus lágrimas arrojaban claveles rojos y blancos y coreaban con Rubén Blades:  “A dónde van los desaparecidos, busca en agua y en los matorrales, y por qué es que se desaparecen, porque no todos somos iguales, y cuándo vuelve el desaparecido, cada vez que lo trae el pensamiento, y cómo se le habla al desaparecido, con la emoción apretando por dentro”. 

Ruanas rebeldes
Al atardecer, comenzaron a llegar grupos de muchachas y muchachos, algunos con ruanas y sombreros, como los usan los campesinos del altiplano cundiboyacense y de las montañas andinas de Nariño -símbolo que potenció  el respaldo a esa protesta a escala planetaria-, venían del Parque El Virrey, norte acomodado de la ciudad, y el Parque Nacional, convocados por las redes sociales por el movimiento social Estamos Emputados y el Partido del Tomate, a un cacerolazo, con el objetivo de apoyar el Paro Agrario Nacional que ya ajustaba una semana y exigía medidas para contrarrestar la quiebra y la miseria en que tienen a los campesinos las políticas     neoliberales y los     TLC -el Alcalde Petro recordó por twitter el artículo 65 de la Constitución sobre los derechos del campesinado, que los gobiernos han violado y trasgredido con un desdoro aberrante-; expresaban su indignación porque el Presidente Santos  había negado el "tal paro" y la fuerza pública la emprendió salvajemente contra los labriegos que protestaban en las carreteras; la muchachada, gritaba sus consignas y golpeaba las cacerolas con cucharas; en la noche eran más miles, le pusieron ruana al Bolívar de Tenerani, enrruanaron un lorito y corearon la “Lora Proletaria”, canción protesta de Jorge Veloza relegada al baúl de los recuerdos; al día siguiente, el Alcalde Petro se puso ruana, firmó valiente el decreto que modifica el Plan de Ordenamiento Territorial metiéndole  humanidad al urbanismo y se fue a Ciudad Bolívar a evaluar con el pueblo su mes de alcaldía móvil, luego suscribió acuerdos de protección con los campesinos de las zonas rurales de Usme y Sumapaz; en  la noche, los emputados y emputadas reunidos eran más de 20 mil, llamando a la movilización nacional de solidaridad con la Colombia campesina al día siguiente.

El jueves 29 de agosto, desde muy temprano, en 16 puntos de la ciudad, se reunieron miles de personas para marchar hacia el centro; llegaron por la Carrera Séptima; las banderas y pasacalles multicolores identificaban las diversas expresiones políticas de izquierda y del movimiento social; los miembros del  desacreditado grupo policial Esmad estaban tensos, algunos marchistas los cortejaban, otros los insultaban, unos pocos los agredían; los muchachos y muchachas mostraban orgullosos carteles escritos a mano que decían “Soy agrodescendiente”, “Policía sus papás son campesinos”, “Colombianos nuestro abuelos nacieron en el campo” “No más TLC”,  “Fuera Monsantos”, “Los campesinos les dan de tragar a los Cenadores” (sic), “Por lo menos una vez en la vida vas a necesitar un médico o un abogado pero a los campesinos los necesitas tres veces al día todos los días”, “Gente pobre con uniforme golpeando  gente pobre con hambre para  beneficio personal de gente rica que no tiene ni uniforme ni hambre”, “Prefiero cultivar en mi finca que consumir basura gringa”,  “Hermano campesino, hermana campesina, Colombia te ama, te necesita con vida, Colombia te agradece”, “La última vez que Boyacá se levantó ganamos la Independencia. ¡Boyacá resiste!” (Impreso en una ruana) “Soy hijo de campesino y lo digo con orgullo, campesinos han sido los míos como campesinos son los tuyos” y “¡No sea villano, compre colombiano!”; la Rebelión de las ruanas de Colombia se puso a tono con el mundo que dijo ¡basta ya! al capitalismo salvaje.

Estamos emputados
A las 2:00 de la tarde, unas 50 mil personas expresaban con el sonar de las vuvuzelas su respaldo a las demandas campesinas,  en un hecho inédito en la historia nacional, porque lucha campesina e indígena ha habido desde siempre, desde Dabeiba y La Gaitana, Benkos Bioh, Barule y Los Comuneros, Juana  Julia Guzmán, “El boche”, Eutiquio Timoté, José Gonzalo Sánchez, Quintín Lame, Juan de la Cruz Varela, Marulanda y Camilo Torres, el Manifiesto de Simacota y las proclamas rebeldes en el Sinú y el San Jorge, la Anuc, el Cric y la Onic, pero los citadinos volviendo su mirada al campo es  el campanazo de estos tiempos; y eso fue lo que quisieron borrar quienes  en una bien urdida estrategia, pasaron de la aburridora jodedera de los saboteadores de siempre, a la acción de decenas de vándalos que  cambiaron la ruana por la capucha y se dieron a vil tarea de destruir los alrededores, mientras la caballería, los  motorizados y la infantería del Esmad descargaba patadas, puñetazos, bolillo, gases pimienta, bombas aturdidoras,  balas de goma, y, al escondido, choques eléctricos -en algo hay que utilizar el injustificado arsenal adquirido por el gobierno Uribe-, contra una muchedumbre atortolada, atrapada entre la brutalidad de una represión indiscriminada y  de unas bandas delincuenciales infiltradas con el deliberado propósito de provocar un desastre que le cierre el paso a los diálogos de paz en La Habana que, no obstante los bandazos y la distancia entre el discurso y los hechos, sigue siendo una apuesta plausible del gobierno de Juan Manuel Santos; y dañarle  el rumbo al gobierno progresista de Petro propósito innoble que también intentan la derecha, los concejales narcisos, la izquierda rencorosa,  las ías de bolsillo y la revocatoria gomela.

Mientras afuera se vivía una batalla campal, entre atorrantes pagos y policías ardidos y arengados, en el salón Huitaca de la Alcaldía Mayor, atosigados por los gases lacrimógenos, expertos planificadores y urbanistas del mundo avalaban la pertinencia de las modificaciones al Plan de Ordenamiento Territorial decretadas por Petro, obligado por la pasividad conveniente y la oposición rentable de los concejales, entre los cuales, a la vanguardia de una adversidad mezquina, pequeña y deleznable, el nieto de un presidente lamentable; el POT busca adaptar a la ciudad a los riegos del cambio climático, generar espacio público mediante cargas compensatorias a los constructores, posibilitar vivienda popular, preservar las fuentes de agua, densificar el centro y proteger los cerros y la sabana, planificar el futuro: "Es la lucha de Eros contra Tánatos", ilustró contundente Petro y minutos después tomó riendas ante la asonada de afuera,  no sin antes lamentar la muerte de 4 personas, las 200 heridas y la destrucción causada en Ciudad Bolívar, Suba, Engativa, el centro y Soacha.

Estigmatizando el paro, el gobierno nacional pretendió dar marcha atrás a lo concedido en la mesa de negociación con los campesinos pero ya era público; ahora habla de pacto agrario después de que sus políticas -la de éste y de todos los antecedentes- destruyeron la pequeña y mediana agricultura y pauperizaron aún más al siempre humillado campesinado colombiano; Petro le dice  que es un oportunidad para rectificar, pero Santos está entrampado, aunque aceptó varias medidas exigidas por los cultivadores y cultivadoras, ofreció disculpas, lamentó el abandono de la población agraria y viajó a Tunja e Ipiales a sellar los pactos, en medio país el paro sigue pues el pliego de la Mesa Agropecuaria y Popular de Interlocución y Acuerdo (Mía) contiene una plataforma de reivindicaciones estructurales que darán de qué hablar en adelante; él  se debe a los gremios y no a la base -aun así le ha hecho un esquince a la mentalidad provinciana, autoritaria y terrateniente de su antiguo jefe-; las elecciones  se le vinieron encima en un mar de contradicciones; por primera vez el establecimiento no está claro de  lo que viene y la Colombia  de abajo tiene una oportunidad; en la noche del sábado 30, no obstante la batalla campal del 29, unos dos mil jóvenes marcharon desde el Centro de Memoria Histórica en el Carnaval por la Juventud y la Paz, evento del Festival Distrital de la Juventud, y junto a sus propuestas volvieron a expresar su apoyo al campesinado.

Todo lo que he contado es lo que he vivido en este luminoso, gozoso, agitado, alterado, sufrido, dolido e   inolvidable mes de agosto de 2013; hoy, al finalizar el mes,  la concurrencia es la de costumbre, por ahora la agitación pasó; los lustrabotas, los fotógrafos, los viejitos y viejitas que como de antaño están alimentando las palomas;  hasta que la gente se vuelva a emputar y juntar por el motivo que sea, dicen que vuelven el 4 de septiembre porque el paro sigue; será aquí, donde Bogotá y Colombia han escrito parte de su historia; en mi piel y mis entrañas;  en  su  Plaza de Bolívar, aquí el  recuerdo viaja con el aire, cada esquina es un espejo y a cada instante se viven nuevos tiempos; aquí,  este pueblo curtido, sufrido, valioso y valiente expresa los gestos que definen su ruta,  es fiel a su memoria y vuelve a nacer todos los días; aquí, a diario llama a la esperanza y aquí la espera. 

martes, 25 de septiembre de 2012

¿Medios para la paz o para pacificar?



La buena nueva del inicio de conversaciones para la búsqueda de una solución política negociada al conflicto armado interno, con una amplia favorabilidad en las encuestas, pareciera encontrar los primeros escollos no en las diferencias obvias de las partes, sino en la manera parcializada, arrogante, pretenciosa y abiertamente hostil contra una de ellas por parte de algunos medios de comunicación, en particular, radiales y televisivos, que son los de más amplio consumo. Los periódicos de mayor circulación, por afinidad política y filial, están más cerca de un tratamiento positivo al esfuerzo y a sus posibles logros, como lo evidenció  El Tiempo en su jornada de reconciliación bajo la dirección de Juanes, un artista que siempre ha manifestado sensibilidad  por estos temas, y la reacción editorial a la columna abiertamente saboteadora del señor José Obdulio Gaviria. De lo que hagan, cómo lo hagan o dejen de hacer los medios dependerá, en buena medida, que los colombianos comprendan a cabalidad el reto histórico que con pragmatismo asumieron las partes al convenir sentarse a negociar,  no pararse de las sillas  hasta no lograr un acuerdo y que nada está acordado hasta que todo esté acordado, es decir, la finalización del conflicto armado y una paz justa y duradera.

Es cierto que las Farc acusan los efectos de una década de guerra sin cuartel declarada por el Estado desde la ruptura de las negociaciones del Caguán en 2002, para lo cual se creó un impuesto de guerra a los grandes patrimonios, se reorientó la ayuda estadounidense y se destina un porcentaje importante del presupuesto nacional, lo que permitió modernizar la Fuerza Pública, con medio millón de miembros hoy, ampliar la presencia militar en todo el país y usar tecnologías de punta, todo lo cual incidió en la reducción de combatientes, neutralización ofensiva  y afectación de la estructura de mando y control  de la guerrilla más vieja del Continente. Tampoco es falso que en los logros de la estrategia contrainsurgente,  tuvieron papel relevante los grupos paramilitares, encargados durante más de dos décadas de quitarle “el agua al pez”, mediante masacres, asesinatos, desapariciones y desplazamientos y los desmanes judiciales al amparo de la “Seguridad democrática” de Uribe Vélez. Lo que nunca suscitó una campaña mediática en favor de las víctimas como la que hoy se promueve con las de las Farc por algún canal de tv.

Pero las Farc siguen ahí, son un hecho social, político y militar o en términos de tipos penales de un código que ellos aún no reconocen, a gusto del periodismo draconiano: “delincuentes”. Más aún, en la radicalidad ideológica de los partidarios de las soluciones lapidarias: “terroristas”. No obstante, las palabras no desaparecen las realidades. De lo dicho por las Farc también se desprende que no están en la guerra por la guerra. Advierten las dificultades más no se sienten derrotadas como les exigen algunos medios. Así la crema de la politología periodística les niegue el carácter político militar de su lucha, que de hecho les reconoce la contraparte, para calificarlos a partir de los medios que utilizan -reprochables, desde luego-, llegan a la mesa acordando un temario que es la concreción de un programa político reivindicativo que mira casi medio siglo atrás cuando nacieron a raíz de la miseria, la exclusión y el sojuzgamiento de las gentes del campo. Y lo hacen en un momento que América Latina, debido a las atrocidades del neoliberalismo, ve ganar elecciones, asumir gobiernos, realizar cambios y ejercer el poder a propuestas que hace un par de décadas no tenían otra opción que la insurrección contra la opresión y el terror.

Como no apostarle a la paz si continuar esta guerra solo significa atraso y aumentar sin compasión la dolorosa cifra de un millón de muertos, cuatro millones de desplazados y 30 mil desaparecidos por causas políticas en el último medio siglo, entre los estragos de la violencia liberal conservadora de los cincuenta y el conflicto armado interno que continúa en nuestro días. Hechos que reclaman que se conozca la verdad de quienes los instigaron y propiciaron como paso a la reconciliación. Para nada ayuda a la paz "no volver al pasado" como aconsejó  Yamid Amat, director del noticiero de tv. CM&, en el foro por los 30 años de la revista Semana, por el contrario, con esa engañosa comodidad del momento para no revivir rencores, negarnos el derecho a la memoria y a conocer la verdad es sembrar la causa de futuras tragedias. Los pactos de silencio, como el del Frente Nacional, encubrieron responsabilidades que aún acechan en las sombras.

En lo económico, la confrontación nos ha costado en los últimos años el equivalente a una y media vez el presupuesto nacional del 2013, o casi la quinta parte del producto interno bruto nacional, y es un espantapájaros para las multinacionales que preocupa al gobierno, uno de cuyos puntales en materia económica es la inversión extranjera en minería e hidrocarburos. La rentabilidad del fin de la guerra es provocativa. El Gobierno Santos lo tiene claro y emprendió la tarea. La inclusión de miles de familias pobres absolutas e indigentes, según sus expectativas, ampliará la demanda y el superávit actual permite sobregirarse para costear el proceso. Aparte de poner a andar sigilosamente los contactos, implementó una política social, diseñó un  marco institucional y gestó un andamiaje legal al cual más propicio para encarar las negociaciones.

La paz es posible, pero hay que andar con cuidado. Estas tentativas siempre han encontrado “enemigos agazapados” entre quienes por tara ideológica o interés mezquino, solo verían solución en el aniquilamiento de la subversión. De otra parte, Colombia ya no es ajena a la posibilidad de que una coalición de izquierda, o con la izquierda, llegue al gobierno nacional -así ella misma haga todo lo posible porque eso no sea realidad-, en tal caso,  quienes reivindican la democracia ¿están preparados para aceptarlo? Por último, el fin de las hostilidades, la desmovilización de la guerrilla, la consecuente reducción de las fuerzas armadas, aparte de generar un ambiente pasajero de nuevos entusiasmos, no se traducen en posibilidades materiales y espirituales de convivencia y condiciones de equidad e inclusión para los marginados, pueden ser, paradójicamente, el caldo de cultivo de un nuevo desangre  con otros nombres y motivos o sin razón alguna, como ha pasado y como aún pasa.

Es el riesgo que hay que advertir y sobre el que debemos actuar. No es poca la desilusión de los guatemaltecos y salvadoreños cuando contrastan las expectativas de sus arreglos de paz con la realidad de esos países hoy. Para los más optimistas, la paz trajo una democracia desconocida,  en El Salvador, inclusive, gobierna nominalmente un periodista a nombre del FMLN, una de las partes en la guerra, que tras los acuerdos avanzó progresivamente al gobierno nacional, pero por cuenta de las pandillas callejeras de jóvenes paupérrimos, desadaptados y sin futuro, se convirtió en el país más violento del mundo. En Guatemala, las mayorías indígenas, las más laceradas por la guerra, confundidas votaron en contra de los acuerdos a poco de su vigencia y el país anda de tumbo en tumbo. A esa realidad, el eminente sociólogo Edelberto Torres Rivas la denomina, tal vez de forma dramática, “democracias malas”, fruto de unas “revoluciones sin revolución”, cientos de miles de muertos  y el hastío.

sábado, 29 de mayo de 2010

Apabullante continuismo y expectativa verde

Cabalgando en la magia de las estrategias de opinión, la manipulación publicitaria, el clientelismo y la realidad virtual de las encuestas, en las que el Presidente Uribe mantiene un incomprensible nivel de aceptación pública al que parece no hacerle mella el desbarajuste institucional, las trapisondas palaciegas, el desempleo, la persistente pobreza e indigencia, las abismales desigualdades sociales y el preocupante déficit fiscal ahondado por el asistencialismo paternalista, Juan Manuel Santos se impuso sobrado en la primera vuelta presidencial del pasado 30 de mayo y parece seguro ganador en la segunda vuelta, el 20 de junio. Una parte importante de los electores gratifica favores aunque carezca de derechos, se amedrenta con supuestas hecatombes, da fervorosas demostraciones de afecto por el caudillo y sus políticas, perdona lo imperdonable, y ratifica el respaldo a la continuidad del rumbo. Pese a todo, gana y manda el que tenga los votos.

El susto con Mockus se asume conjurado y ahora se pueden lanzar los salvavidas necesarios para intentar sacar de líos a tanto amigo tras las rejas, reversar procesos y evitar que muchos otros terminen judicializados, porque varios casos en curso (Yidispolítica, Dasgate, ejecuciones extrajudiciales, manejos para los referendo reeleccionista y rereeleccionista, mal uso de Agro Ingreso Seguro) ya no esperan la prueba reina sino los actores determinadores. En esta situación, una Fiscalía adscrita a la Presidencia -tal la propone Santos- sería como un vasito de agua en desierto del Sahara. Y a la Corte Suprema le tocará demostrar que su firmeza va más allá de pararle al macho a las agresiones de Uribe al no poder controlarla. Es evidente que el “profe” lanzó una alerta cuestionando el cómo se están haciendo las cosas, es decir, el arrogante todo vale y el cinismo de que el fin justifica los medios.

Antanas sedujo. En medio de este marasmo su propuesta por la ética, la cultura ciudadana, la democracia deliberativa, el actuar de consuno con las leyes, la educación como factor de desarrollo, es balsámica. Por ello, intelectuales y artistas y el elector de opinión viraron de su apoyo al Polo, representado hace cuatro años por la vigorosa campaña de Carlos Gaviria Díaz, un programa real de cambio de rumbo, por la rectificación en la ruta de Mockus, que se percibe más posible y menos costosa. Además atrajo a la ola de los “primivotantes” pues es el más sintonizado con las modernas tecnologías, las suspicacias de la acción comunicativa y con una juventud harta de escándalos, politiquería e hipocresía. Pero la ola verde a la hora de las urnas no fue lo que se preveía y dejó traslucir debilidades y evidenció argumentos de poco recibo en el campo oposicionista que se suponía era su bastión. La maquinaria uribista a todo vapor por Santos mostró su poderío pacientemente simulado ante los debates y las apariencias de las encuestas, la ONG Global Exchange ha identificado la coincidencia de los electorados oficialistas con las zonas beneficiarias de programas como Familias en Acción y es que no se necesita presionar directamente, el pobre es agradecido.

Ambigüedades e incertidumbres

Hay incoherencias, contradicciones y errores que denotan desconocimiento, inexperiencia e ingenuidad, en las cuales no hubiera caído un político mañoso, y que el día de elecciones le pasaron la cuenta de cobro; un fetichismo por la norma que fue fundamento de regímenes autoritarios; varios de sus aliados se han dejado en tercera fila porque el cuestionamiento ético y los procesos disciplinarios o judiciales también los tocan y eso es muy feo para quien hondea la “legalidad democrática”, y una autopropalada y pretenciosa aureola angelical de los cuatro exalcaldes ahora verdes, que procura excluir sus gestiones de cualquier cuestionamiento y sería torvo pasar de agache por moda frente a errores, desaciertos y silencios de los que seguimos padeciendo sus efectos.

Da grima que en un Estado laico, con libertad de cultos, por conveniencia electoral, el candidato verde, quien defiende la majestad constitucional, salga a dar pruebas de fe católica cuando es conocido su agnosticismo. Eso se entiende en Uribe y Santos, politeístas a interés: se hacen bautizar en iglesias evangélicas, se hacen rezar de taitas, se hacen asegurar de mamos y le besan el anillo a Monseñor Rubiano. ¡Que circo! Fatal también la afirmación de Mockus en algún debate, en contravía de la conclusión que las ciencias sociales han validado, de que sostener que la injusticia social es generadora de violencia es justificar el terrorismo. Para corregir ese exabrupto le bastaría revisar las encíclicas papales.

De otra parte, si bien la Corte Constitucional , aunque no por la sustancia, declaro inconstitucional la ley de convocatoria al referendo para la cadena perpetua a violadores de menores, Mockus sumó ese supuesto activo del peñalosismo, gancho sensible que le granjeó a su promotora la mayor votación al Senado, sin fijar una posición al respecto, en un tema indudablemente controversial, que no atiende a una concepción jurídica integral, universal, neutral, rehabilitadora y garantista, sino a la emotividad vindicativa que el establecimiento no apoyaría, por ejemplo, en los procesos que encaran los paramilitares desmovilizados. Mockus nos quedó debiendo cuál es su concepción sobre la justicia judicial, porque el problema va más allá de eficiencia, descongestión, acceso y pedagogía. Por ejemplo: el nuevo sistema penal es un monumento a la impunidad. El asunto es conceptual.

Respecto del plan económico de Mockus, socialmente atractivo, no deja de ser irónico que Rudolf Hommes, ex Ministro de Hacienda de César Gaviria, funja como furibundo mockusista y pose de doctrinero del Partido Verde. Él fue el genio de la apertura neoliberal que arrasó el campo -tarea que complementaron las autodefensas por otra vía- , del achicamiento del Estado y reducción de sus funciones a facilitador de negocios y de las reformas que llevaron a la privatización y mercantilización de la provisión de servicios y derechos sociales. Con descaro, en una de sus columnas de opinión se regocijó de que el Gobierno de Gaviria tuvo el ingenio de entretener a la izquierda, los movimientos sociales y las guerrillas desmovilizadas en los debates para consagrar los derechos fundamentales y la Democracia Participativa de papel en la Constitución del 91, mientras ellos adoptaban la catarata de leyes y decretos que posibilitaron las reformas económicas neoliberales. El modelo neoliberal hizo que el Estado Social de Derecho que proclama la Carta que ya cumple 20 años, fuera un remedo. Queda esperar que Hommes y los gaviristas que acompañan a Mockus no representen más que adhesiones.

Malo conocido o bueno por conocer

La candidatura de Antanas Mockus apuesta por modernizar las instituciones y costumbres de los colombianos de acuerdo con los valores postmaterialistas: cultura y justicia que legitimen las nuevas formas de expresión del capitalismo nativo en la lógica de generar las condiciones para un crecimiento económico acelerado, vía calificación de mano de obra y aumento de la capacidad competitiva y de consumo, aspectos en los que es fundamental elevar los niveles educativos de la población, cerrarle el paso a la ilegalidad, seguridad jurídica, mayor inversión social financiada con impuestos, efectividad y progresividad de la tributación, enfrentar el déficit fiscal, reducir la corrupción, una distribución mas equitativa del ingreso, hacer de la superación de la violencia una cruzada nacional por la vida y consolidar la seguridad y el monopolio de las armas a través de una fuerza pública eficiente y legítima. Todas características necesarias para un Estado moderno viable y acorde con los estándares del Banco Mundial. Para financiar este reto, anunció con total verdad, honestidad y responsabilidad que había que aumentar impuestos, lo que a la luz del marketing político es un suicidio y pudo pesar en su contra. Mockus no actúa como político, se equivoca, ofrece disculpas, rectifica, exhibe piel suave donde predomina el cuero duro y la aspereza. Actitudes humanas en la que sus adversarios encontraron el punto débil como si no hubiera en la historia pasada y reciente, gobernantes cuya incapacidad, escándalos o yerros se disfrazaron con el buen manejo escénico y la perorata demagógica.

La diferencia se sitúa finalmente entre el neoinstitucionalismo y el maquiavelismo en el manejo de los asuntos públicos. Santos rueda sobre el carruaje uribista, se reclama su heredero con el fardo que ello implica, tiene cancha de sobra y abundó en promesas -hasta la inverosímil de que no subirá impuestos-, para asegurar el continuismo, faro a donde se volcará toda la derecha para no quedarse por fuera de la torta, el Frente Nacional redivivo. Mockus propone que “La violencia, la desigualdad y la corrupción no pueden ser nuestro destino”, que “La vida y los recursos públicos son sagrados”, que “Con educación todo se puede” que “La unión hace la fuerza” y que hay que gobernar en equipo. Un timonazo que se desaceleró porque interpretó mal las señales de la vía, no es un cambio de rumbo pero permitiría circular con reglas. Queda pendiente fortalecer el vehículo para recorrer un camino viable, real y cierto para hacer realidad el Estado Social de Derecho, sanear las instituciones públicas, empoderar al pueblo, sacar a millones de colombianos de la pobreza, generar equidad en el reparto de competencias iniciales y crear las condiciones para una sociedad democrática, justa, pacífica y progresista.