lunes, 20 de mayo de 2019

Paz, la palabra que resonó en la fiesta de los libros

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La Feria Internacional del Libro de Bogotá se convirtió de forma inesperada en un evento cultural de respaldo y reivindicación del diálogo, la negociación política y los acuerdos de paz, en una coyuntura en la que desde el gobierno y el partido de gobierno hacen hasta lo imposible por imponer la concepción de inexistencia de un conflicto económico y social y desterrar  alternativas civilizadas de resolución de los conflictos políticos -la FilBo fue un contraveneno, dijo Ricardo Silva en su columna de El País de Madrid.

Mas allá de las previsibles decenas de lanzamientos de libros, la presencia de escritores famosos (Massimo Manfredi, Rosa Montero, Martín Caparrós, John Katzenbach, Gilles Lipovetsky, Santiago Posteguillo, Mario Mendoza, Ricardo Silva y tantos mas), la gastronomía (“Libros para comer” fue uno de los programas), la poesía, el cine (“Mujeres de Macondo” cine colombiano en charlas y cartelera), el periodismo, la ciencia, las filas para la firma, las conferencias, los diálogos, los inefables youtubers, la fiebre por la autoayuda, las recetas sobre liderazgo, acompañamiento, mercadeo y enriquecimiento, algunos eventos relacionados con la historia del país y del conflicto armado, los acuerdos de paz y la tensión política actual, rebasaron las expectativas de asistencia y ventas.

La esperanza de paz y los horrores de la guerra
El expresidente Juan Manuel Santos tuvo una distendida charla con el escritor Juan Gabriel Vázquez sobre el proceso de paz con las Farc relatado en su exitoso libro, colmada de aplausos de gratitud. Similar situación vivió el jefe negociador de los Acuerdos de La Habana, Humberto De la Calle, con sus reflexiones sobre la negociación. ¿Cómo se logró el acuerdo de paz con las Farc?, la metodología del proceso, publicada por el Centro de Pensamiento y Seguimiento de la Universidad Nacional, constituye un importante aporte sobre las claves que condujeron al fin del conflicto mas antiguo del continente americano, al igual que Rutas y retos, sobre las complejidades de la implementación de los acuerdos, dos de los tantos títulos presentados por la Nacional, que a la par con otras universidades dan lustro a la feria con una amplia divulgación de su producción intelectual progresista. En un espacio ambientado con una réplica de La casa del florero, lugar donde ocurrió el hecho formal desencadenante del grito de Independencia, el periódico El Espectador desarrolló una variada agenda temática en la que resaltó la pedagogía sobre justicia transicional y el Sistema de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición surgido de los Acuerdos de Paz: La Jurisdicción Especial de Paz y la Comisión de la Verdad fueron tema central.

Los horrores de la guerra siguen motivando testimonios, investigaciones y análisis, de lo que dan cuenta varias novedades feriales, entre otros: Aquí no ha habido  muertos. Una historia de asesinatos y negación en Colombia de María McFarland, Los dormidos y los muertos de Gustavo López Ramírez, Tierra verde calcinada de Juan Miguel Álvarez, Huellas de Germán Castro Caycedo y Crónicas de la violencia en los Llanos de Alberto Baquero Nariño. Por mala convocatoria fracasó el evento de presentación del Archivo Guzmán (del sociólogo Germán Guzmán Campos, coautor con Eduardo Umaña y Orlando Fals del primer estudio sobre La violencia en Colombia), con un fascinante libro de fotos y correspondencia, la mayoría inéditas, entre actores del proceso de Entrega de armas de las guerrillas del Llano. Sep.-oct.1953 editado por los profesores Alberto Valencia, Luis Carlos Castillo y Francisco Ramírez, publicado por la Universidad del Valle, y el ensayo de Guzmán Tres estamentos de poder Colombia siglo XX.

Las conversaciones con el ELN, suspendidas tras el congelamiento al que las sometió el gobierno Duque y la racha de atentados de esa guerrilla durante este año, fueron otro tema de interés y de acuerdo sobre su casi imposibilidad en este cuatrienio, como de que en algún momento tendrá que ser. El historiador Carlos Medina Gallego presentó una Historia de las Ideas Políticas del ELN (1958-2018) y Conflicto Armado, Iglesia y Violencia sobre el asesinato de monseñor Emilio Jaramillo por ese grupo insurgente. Víctor de Currea Lugo llamó Historia de un Fracaso el intento sostenido por el gobierno Santos y el ELN, recogido en la compilación de sus escritos sobre el asunto y Luis Eduardo Celis tituló los esfuerzos de distintos gobiernos con esa agrupación como “Una paz sin dolientes”, un libro publicado por NC, editorial impulsada por excombatientes de las Farc. El Coronel (r) Darío Cortés y Alejandra Cerón sostienen en Negociación con el ELN. Una mirada desde su complejidad la inviabilidad de un acuerdo si se desconoce el carácter político de ese actor armado. Darío Villamizar conversó sobre la reedición de su biografía sobre Jaime Bateman, el fundador y mítico comandante del M19, y de la Historia de las Guerrillas en Colombia.

La política brota entre las palabras
Y la política en sus diversas manifestaciones hizo delicias envuelta en otros ropajes. La FilBo y Señal Colombia estrenaron un merecido y cálido homenaje a la comprometida, luminosa y apasionada vida de la periodista y escritora Laura Restrepo con el muy diciente nombre  Laura, vida y rebeldía. Fernando Vallejo charló con Mario Jursich sobre su hilarante, filoso y  quirúrgico Memorias de un hijueputa. Hijas de la revolución, el diálogo de las jóvenes escritoras Karina Sainz Borgo (venezolana), Wendy Guerra (cubana) y Laurence Debray -hija nada menos que de Regis Debray, compañero del Che Guevara y ministro de Mitterrand, y Elizabeth Burgos, biógrafa de Rigoberta Menchú, a quienes cuestiona con rudeza- resultó bastante lugar común y desangelado en el cometido de desnudar las utopías que las autoras consideran infierno, no obstante que, como dice, Sainz “las revoluciones siempre tienen algo de estropicio, de promesas incumplidas, de cosas que no fueron”.

León Valencia, director de la Fundación Paz y Reconciliación (Pares),  presentó el Retorno del uribismo del que resaltó la incidencia de las emociones en las determinaciones políticas en referencia a como el trato del gobierno de Duque a los partidos  que lo apoyaron para su elección marcó su distanciamiento (en particular a Gaviria del Liberal y a Vargas Lleras de Cambio Radical) y la preponderancia de Uribe y el Centro Democrático. A casi un año de mandato el analista arriesga tres escenarios para el novel presidente: corrige el rumbo, termina y elige sucesor, sigue al servicio de Uribe y le da paso a las fuerzas alternativas o el uribismo decepcionado lo cambia por la vicepresidente (aquí el público estalla en risas). Como invitada a la presentación, Ángela María Robledo no contuvo su inconformidad por el “trato tan duro” a Gustavo Petro en el libro, a lo que Valencia ripostó que admiraba al senador, que era  “un político espectacular” y “un gran vendedor de sueños”. Entonces Ángela le insinuó con picardía su fajardismo y el autor zanjó, “los analistas tenemos nuestro corazoncito pero siempre  tratamos de tomar distancia”.

Por su parte, el subdirector de Pares, Ariel Ávila, tras una bien manejada campaña de expectativa, aparte del merecido interés en la publicación, logró hacer una presentación con asistencia desbordada y entusiasmada -al mejor estilo de los youtubers estelares de la feria- de Detrás de la guerra, un documentado análisis del conflicto armado que le permite derrumbar mitos que prolongaron por años el sufrimiento y atraso del país, evidenciar no una sino múltiples guerras y advertir que como maldición a cada paz ha sobrevenido otra guerra por los factores no resueltos y los intereses en que sea así.

En una programación diaria inundada de eventos académicos de disímil calidad pero muy diversa, un conversatorio de especial interés fue el motivado por la presentación del libro de varios autores Contracorriente. Materiales para una teoría renovada del populismo, compilado por Luciana Cadahia y otros, de la Editorial Javeriana. En una profunda disertación apurada por el tiempo, la politóloga cuestionó el uso ideologizado, estigmatizador tergiversado e ignorante del término populismo por periodistas, opinadores, políticos de derecha y hasta docentes, para reivindicar una categoría política que da cuenta de los esfuerzos y luchas de los sectores subordinados por lograr una institucionalidad plebeya de cambio al establecimiento oligárquico gamonal imperante en América Latina, que si bien tiene carta de nacimiento por estos lugares ya cobra incidencia en Europa y el resto del mundo. El populismo de izquierda convoca la superación del concepto nación, hegemónico, clasista, dominante y excluyente, por el de lo nacional popular para integrar en condiciones de equidad social a los excluidos, con opciones de disputa del poder y ejercicio de gobierno para hacer realidad una  agenda social, económica y política postergada con distintos dispositivos de opresión. No faltó la mención al atentado contra Francia Márquez y los adalides afro, indígenas y campesinos del norte del Cauca, ocurrido ese día. Otra charla que llamó la atención fue la moderada por Juan Fernando Londoño con los autores en la presentación de El pueblo contra sí mismo: el plebiscito por la paz en Colombia y los límites de la democracia, editado por la Universidad Republicana.

Una amena charla de Lisandro Duque con Jaime Abello sobre la realización cinematográfica de Milagro en Roma, un cuento de García Márquez, le sirvió al director para soltar una irreverencia: la anécdota de Gabo sobre la trágica historia del manuscrito de Cien años de soledad, enviada a la editorial por mitades por falta de plata para el importe, fue una mentira candorosa, con mucha antelación alardeaba de su éxito. La música tampoco fue ajena al evento ni estuvo exenta de connotaciones políticas. Un evento de irreverentes y bohemios presentó un libro testimonial de homenaje a Gustavo creador del Goce pagano fallecido el año pasado, Santiago Rivas se divirtió y divirtió en un diálogo sobre la música en la historia nacional. Del sonido sabanero al sonido paisa, de Juan Sebastián Ochoa, Editorial Universidad Javeriana, un recorrido socio y musicológico de la onda corralera al chucu chucu en una época de violencia deja en el aire si se trató de una estrategia elusiva de la realidad o un refugio anímico ante el horror. Y sonó cumbia: en La cumbia como matriz sonora de Latinoamérica de Darío Blanco Arboleda, editado por Universidad de Antioquia, se aborda “el estudio de este género musical como una oportunidad de comprender las dinámicas y lógicas de una comunicación latinoamericana entre clases sociales populares, citadinas, pero de procedencia campesina en la producción, la recepción, la vivencia y la adaptación musical”. Sobre el mismo fenómeno se presentó el documental Los pasos de la cumbia del África a Colombia y de la costa nuestra a Latinoamérica.

La Independencia revisitada
Sin la vistosidad y amplitud con que se conmemoró el bicentenario del Grito de Independencia en la FilBo 2010, la celebración de los 200 años de la Batalla de Boyacá fue invitada de honor de esta edición 2019. Una réplica de una chichería de la época, una imprenta de tipos móviles de madera agrandados que permitía a los visitantes imprimir mensajes sobre las palabras clave de la efeméride, una exposición de textos de época que muestran el tránsito ideológico del lenguaje de la dominación a la emancipación y una librería temática sobre Colombia conformaron el Pabellón Colombia 200 años, que también albergó un foro permanente sobre arte, diversidad, cultura, conflicto, mujer, medio ambiente, paz e historia, en particular la revolución de Independencia en variados aspectos. En uno de los carteles expuestos con frases de la época se leía “No podemos pronunciar la palabra libertad sin ser insurgentes. (…) Hay un diccionario para la España europea y otro para España americana: en aquella (…) libertad e independencia son virtud; en esta insurrección y crimen”, Antonio Nariño.

El Bicentenario también fue tema de varias producciones editoriales presentadas en la feria, entre otras: la esperada, polémica y densa Historia de la Primera República de Colombia 1819-1831 “Decid Colombia y Colombia será de Armando Martínez Garnica, publicada por la Universidad del Rosario. Un ambicioso discurrir por un objetivo y su nacionalización e institucionalización, que el autor describe como la utopía, acotamiento y materialización de una ambición: de la desmedida patria grande continental, a la fracasada Gran  Colombia y de su disolución al triunfo de las ambiciones patrias de cada país surgido de la gesta bolivariana. Medófilo Medina y Rigoberto Rueda narran la saga épica y la relación y confluencia de las gestas del sur y el norte de los Andes en Bolívar y San Martín. La Independencia como proceso continental de Editorial Aurora que también público La Independencia jamás contada de Adolfo León Atehortúa. El joven y acreditado historiador Daniel Gutiérrez en 1819, editado por la Universidad Externado de Colombia e ilustrado por Santiago Guevara, hace un novedoso y ameno relato de la guerra libertadora. La Universidad del Rosario y el Banco de la República coeditan el importante estudio El  mundo atlántico español durante el siglo XVIII. Guerra y reformas borbónicas 1713-1796 de Allan Kuethe, antecedente fundamental para comprender la Independencia.

La resistencia de los pueblos del sur de la actual Colombia a las armas de la república  es abordada por Marcela Echeverri en Esclavos e indígenas realistas en la era de la Revolución, coedición Universidad de los Andes-Banco de la República. Las trastornadoras guerras civiles del siglo XIX, sus motivaciones, actores y la forma en que se acordó su terminación son estudiadas en un libro de autoría plural que cierra Iván Orozco Abad comparando esas paces con la última firmada con las Farc por el gobierno Santos.  Paz en la República. Colombia siglo XIX, de la Universidad Externado, nos subraya la eterna paradoja del país: pacta el fin de una guerra sobre el germen de la que viene y  no obstante, siempre está buscando la paz.

martes, 4 de diciembre de 2018

Adiós a tres quijotes






«¡Es hora de emborracharse! Para no ser esclavos y      
 mártires del Tiempo, embriagaos, embriagaos sin cesar. 
De vino, de poesía o de virtud; de lo que queráis.»


Charles Baudelaire

Este año que se va, como todos porque es una constante de la vida, deja en el camino a varios conocidos cercanos, es decir, de los que algo tuvieron que ver con uno  en este tránsito por la tierra. Porque hay muchos, a quien no, que me gustaría haber tratado como Carlos Marx, Simón Bolívar, Arsenio Rodríguez, Charlie Parker, Julio Cortázar, Gabriel García Márquez, el flaco Bateman, Bola de Nieve, Chavela Vargas o Frida Khalo, entre tantos. Pero es demasiado pedir. Personalmente he vivido otras satisfacciones a lo mejor compensatorias de esos imposibles.

Como haber tenido algo que ver con Gustavo Bustamante, Javier Ocampo y Gerardo Rivas Moreno, cada uno en lo suyo, inolvidables. En enero de este año nos dejó "Gerrimo", el incansable editor de conciencia, en agosto “Borolas”, el inclaudicable socialista y en noviembre, el otro pagano y su palabra en la rumba. Personajes inolvidables en las luchas, la cultura y la bohemia de Bogotá en el último medio siglo.

Gerardo, difusor bolivariano

 Gerardo Rivas Moreno

De mis primeros libros comprados juntando pesos, uno de los mas preciados es la edición de 39 documentos de Simón Bolívar titulada Los orígenes de la dependencia neocolonial, impresa en 1970 y editada por la Fundación de Estudios Sociales de Estudiantes de la Universidad Nacional, impulsada por Gerardo Rivas Moreno "Gerrimo", quien hizo el prólogo, la selección y la titulación. Anticipándose al giro interpretativo de la gesta bolivariana -hasta entonces denostada por el marxismo- por historiadores soviéticos y la que sería en adelante la reivindicación del Libertador  como “Pensamiento precursor del antimperialismo” en la difundida obra del historiador cubano Francisco Pividal. 

Gerardo en sus notas exalta como “Simón Bolívar, un gran visionario, preveía el carácter imperialista de los Estados Unidos y era enemigo de cualquier alianza panamericana” y su empeño en la unidad de Nuestra América. No obstante, las críticas posteriores a interpretaciones forzadas de lo dicho y actuado por Bolívar, la de Gerardo era una mirada beligerante y agitadora, sugestiva para nuestros  tempranos y febriles años.

En adelante, y casi por medio centuria, bajo su firma o la denominación de Fundación para la Investigación y la Cultura -Fica- este Quijote no dio “respiro a su alma” consagrándose con esfuerzo a la apasionante pero ingrata tarea de editor independiente, por el gusto de hacer libros para gente sensible y ávida de saber, habiéndonos legado textos del pensamiento y la cultura latinoamericana y de formación política  de enorme valía, como la colección de Poesía para amantes (Neruda, Shakespeare, Quevedo, Belli, ilustrados con una bella selección de dibujos eróticos famosos) la poesía completa de Machado, Brecht, García Lorca, Hernández, Vallejo y Cardenal en papel periódico y portadas rústicas de cartón de colores fuertes, la sensacional Colección de 50 cuadernillos  Poesía del Quinto Centenario Poetas de España y América y la colección el Pez en la red con análisis y pensamiento crítico en la primera década del siglo XXI.

Para el Bicentenario de las Independencias de América se dio a la tarea de editar la colección Indoamérica 200 años de un sueño, con testimonios, análisis e historia de la gesta y la fundamental Biblioteca Bolivariana para el Tercer Milenio con obras de la magnitud de una edición facsimilar de lujo del Correo del Orinoco y buena parte de las mejores biografías y ensayos sobre el Libertador y su obra. Años atrás, había publicado varias selecciones del pensamiento y las obras completas de Bolívar en una edición en 5 tomos sencilla para hacerla accesible, pero no se quedó con las ganas de lograr la mas completa posible (9 tomos de cartas, proclamas, decretos, mas la biografía de Waldo Frank), ilustrada y con tapas en pasta dura.
 

Como bolivariano apasionado quiso dar largo alcance a una cita de  Bolívar, recogida por el coronel O´Leary -quien como Gerardo desobedeció la orden de incinerar sus escritos-, sobre cuál sería la mejor fuente para apreciar su personalidad: "…Yo sujetaría al Libertador a un examen que muy pocos escogerían para ser juzgados, el de su correspondencia particular, y dudo que ninguno, aunque fuera menos franco y exaltado que lo fue el General Bolívar, saldría tan puro como él de semejante ordalía si se puede usar la expresión en este sentido. ¿Qué es Cicerón según sus cartas? Elocuente e ingenioso, no hay duda, pero débil, pusilánime en extremo y vanidoso hasta el fastidio. ¿Qué será Santander, juzgado por esta medida? … ¿qué?"

De sus empeños no se quedaron pendientes, una hermosa edición de Reminiscencias de SantaFé y Bogotá de Cordovéz Moure  y de Elegía de Varones Ilustres de Juan de Castellanos. No pudimos concretar la publicación de Bolívar y a guerra social de Juan Bosch, que nunca había llegado a sus manos y le ofrecí alguna vez. Está tan presente en la tarea editorial y los gustos e ideas compartidas que siempre por las librerías, olvidando su muerte, me asalta la pregunta: ¿Qué habrá sacado ahora Gerrimo?

Javier, militante socialista


Javier Ocampo

Hago memoria para recordar dónde conocí a ese pereirano de entusiasta credo socialista, sencillo, cálido y tranquilo. Me parece que fue por allá en los años 80 por las casetas de libros que engalanaban las calle 19 entre novena y séptima, zona de tanta historia y personaje en Bogotá. Él frecuentaba una venta de libros de un personaje un tanto huraño y de intransigente estirpe maoísta, al punto que solo vendía obras del “Gran timonel”, literatura de la china comunista y Tribuna Roja del Moir. El hombre, cuando se lo preguntaba, se refería a “Borolas”. De pronto también me lo haya topado en “La Comuna” de “las ticas”, un par de entrañables paisas cuyo compromiso político conllevó dolores mayores.

Javier venía ya de una militancia activa involucrado en la juventud comunistas y luchas reivindicativas barriales, sindicales y campesinas. Un Quijote curtido y comprometido con la causa que se ayudaba cantando a Gardel y declamando a Bertold Brecht. Infaltable con sus libros y periódicos en manifestaciones y eventos.

Los último años, lo saludaba y charlábamos en su puesto a la entrada de la librería Pensamiento Crítico de Renán Vega, su amigo y de quien el querido “Borolas” fue colaborador distribuyendo y promoviendo una ya amplia obra sobre episodios de la historia de Colombia hilvanada desde abajo. Javier, fue como toda la gente de izquierda y progresista de América Latina y Colombia, un entusiasta defensor de Fidel Castro, Che Guevara y la Revolución Cubana, la Unidad Popular de Allende en Chile, militante solidario con la causa antipinochetista, las luchas de los sandinistas en Nicaragua, del FMLN de El Salvador y de  la insurgencia guatemalteca en los 70 y 80.

Sospechó de “mano enemiga” en la inflexión de Gorbachov en la URSS, fue a Venezuela varias veces conmovido y entusiasmado por el proceso chavista y la ola progresista en América Latina. Partidario medido del proceso de paz con las Farc siempre se expresó temeroso de una traición y pesimista del cumplimiento por el gobierno. Temas y asuntos mas que suficientes para una conversación permanente a través de los tiempos.

Entre mis libros y videos hay muchos comprados a “Borolas”, unos, a veces, por solidaridad con sus ingresos, otros, las más, por pertinentes y oportunos. Por ahí encontré, recordándolo, los documentales “Ellos se atrevieron” sobre la Revolución Rusa y “Mayo del 68”, por los que me insistió, con toda la razón, por su carácter testimonial e histórico. Poco antes de morir le adquirí el primer volumen en historieta de la biografía del “Che” Guevara escrita por John Lee Anderson. “-El Che, en monitas”, me dice. “-Se sigue vendiendo”, le digo. Riposta: “-sigue molestando”. Así era Javier Ocampo.

Gustavo, gestor  cultural


Gustavo Bustamante

De pocos sitios se puede decir, como decimos muchos del Goce Pagano original, el que fundaron Gustavo Bustamante, César “Pagano” y su socio Juan Gaviria en la 23 con 13A, que durante esas rumbas infernales del último cuarto de siglo pasado, las “paredes sudaban”. Y era así. Tres generaciones de bohemios y fiesteros se dieron -algunas veces, nos dimos- frenéticas azotadas de baldosa al ritmo de la Tito Puente, Tito Rodríguez, Machito, Benny, P´rez Prado, Fania, Lavoe, Colón, Blades, Ángel Canales, la Sonora Matancera, Celina y Reutilio, Portabales, Barreto, Pacheco, Palmieri, Los Lebrón, Maelo Rivera, Bobby y Richi Rey …

           Tú que decías
que ya no servía
oye tú que decías
que ya no salía

Ahora mismito mi amigo
yo te vengo a saludar
escucha escucha

El sitio se hizo legendario por lo bueno del bembé, la concurrencia de vario pintos personajes de andar clandestino en épocas del Estatuto de Seguridad y por la charla con Gustavo Bustamante atento a la literatura y el arte, inquietud que promovió con “Los papeles del goce” reproduciendo textos, con o sin permiso -al parecer lo tuvo de Jorge Amado- y de figuras promisorias, como el hoy reconocido escritor Tomás González que hiciera sus pinos en el rústico bar del sitio. Gustavo era un Quijote de la divulgación literaria y de la parla.

Dicen que el nobel García Márquez y su amigo Enrique Santos festejaron en el Goce el reconocimiento universal al hijo de Aracataca. Que para un concierto de Teresita Gómez, entre amigos, despiezaron un piano en la calle y lo armaron adentro. Y que Jaime Bateman se paseaba por allí, entre sombras. En los 80 era el paradero favorito de periodistas, pintores, escritores, músicos, la gente que andaba en busca de rumbo, la mayor parte de los cuales lo encontró y no volvió.

No obstante, el entorno endemoniado que rodeó con los años al sitio, apestando en una esquina a bazuco y en la otra a yerba, los travestís en lycras en la Caracas, las putas y los cacos bajando apurados al Santa Fé, de cuando en vez la feligresía del Goce Pagano regresaba a visitar a Gustavo para echarse un pie  a luz de vela en ese piso cuarteado o a tomarse una pola para hablar con él, por el placer de escucharlo, mientras el hombre sacaba de fundas rotas esas pastas roncas por el sebo y la pátina, de las que de surco en surco la aguja dejaba oír la voz de Maelo:

          Hazle bien a tus amigos
y ofréceles tu amistad
y verás que a ti lo malo
nunca se te acercará
y en cambio todo lo bueno
contigo siempre estará

La última vez que hable con Gustavo me repitió el mismo reclamo que me había expresado la vez anterior, que lo querían sacar a como diera lugar de su nicho, por chismes y argucias del vecindario e intereses de la alcaldía local amparada en el uso de suelos del plan de ordenamiento territorial. el Goce era su diario para comer pero también su eterna morada. Por allí se le oye sumarse al coro de la Aragón:


Aprende a darle la mano a quien es tu amigo
Y al otro deja que siga por su camino.

Gerardo, Javier, Gustavo, aquí se acabó el viaje. Gracias por lo que nos dieron. Se les recuerda con cariño y nostalgia. Con ustedes se fue  algo de nosotros.

sábado, 26 de mayo de 2018

La Colombia de Gustavo Petro


Por primera vez en un siglo de existencia de las que pueden denominarse fuerzas de izquierda, un representante de esa corriente acaricia la posibilidad de llegar a la Presidencia de la República y en su defecto se ha convertido ya en factor determinante de la política del país y en el futuro inmediato. Tras setenta años de lucha guerrillera, la posibilidad de acceso al poder por propuestas alternativas se podría dar con los instrumentos de la democracia, ampliada con las conquistas de la Constitución del 91, pacto del establecimiento con un sector de la insurgencia que no logró amainar la violencia pero abrió espacios para expresiones inéditas de participación y reivindicación.

Al pueblo nunca le ha tocado
Colombia en sus doscientos años de vida republicana -el 7 de Agosto de 2019 se cumple el bicentenario de la Batalla de Boyacá que selló la independencia de la corona española- salvo el interregno breve de la Revolución de los Artesanos liderada por José María Melo de 1854, ahogada en sangre y destierro, ha sido gobernada por una minoría perteneciente a las castas acaudaladas excluyente, voraz y de espalda a los intereses de las mayorías populares, exclusión amortiguada por concesiones recortadas para aceitar el sistema, paliativos impuestos por la banca internacional o el temor al alzamiento, pues hasta los intentos reformistas fueron reversados por las fuerzas arcaicas cuando lograron alguna realización como en la “Revolución en Marcha” de López Pumarejo en 1936 o la reforma agraria y el impulso a la organización campesina del abuelo del candidato Vargas Lleras, sepultada por el papá del expresidente Andrés Pastrana, hoy aliado del terrateniente Álvaro Uribe en respaldo a Iván Duque.

La disputa por el poder entre los partidos configurados a partir de los dos bandos en que se bifurcaron los liderazgos posindependencia, el conservador hispanista y el liberal reformista, fue de elites. Primero gamonales comandando la peonada para dirimir entre camándula y libre pensamiento el rostro de la nación tras la emancipación. En el siglo XX la dirigencia aristocrática usando como carne de cañón al pueblo en sus confrontaciones por apoderarse del gobierno. La historia de las guerras civiles y sus paces acordadas sobre el reparto de puestos y presupuestos en una democracia restringida para atajar el desborde, como ocurrió con el Frente Nacional. En el siglo XXI, el liderazgo autoritario terrateniente guerrerista frente el capitalismo neoliberal aristocrático. Pero el pueblo siempre subalterno.

En ese trance, en parte por el ambiente de desamarre que generó el acuerdo de paz con las Farc en 2016, que permite a los movimientos populares, no sin costo de sacrificio a manos de los verdugos de los poderes oscuros, salir a exigir de frente sus derechos, y, en gran medida, como fruto de la cosecha que sembró en Bogotá, al ganar y hacer una Alcaldía desde una lógica de las mayorías, contrapuesta al tradicional gobierno oligárquico de la ciudad y el país, irrumpe Gustavo Petro con la fuerza arrolladora del respaldo popular ganado con el crédito de ser un hombre de batallas que no se rinde contra el autoritarismo, el paramilitarismo y la corrupción, ducho en desbaratar alambradas y emboscadas con que se blinda el establecimiento, intransigente en su compromiso en favor de los postergados y violentados y frentero con los ungidos por venir de castas o por tener su padrinazgo.

Un líder auténtico con la agenda del Siglo XXI
En Bogotá, mas allá del debate sobre lo que hizo, que logró mucho si se mide desde los sectores populares objetivo fundamental de los programas del Plan de Desarrollo de la Bogotá Humana, con resultados reconocidos por organismos especializados y las cifras del DANE, la impronta de su gobierno está en  haber demostrado que se podía, que si el propósito es claro, hay estrategia y compromiso, los cambios son posibles. Incluso en el preventivo y estrecho marco institucional vigente, diseñado para impedir reformas no controladas por los poderes establecidos, el cual tensionó para afinarlo con los mandados constitucionales del Estado Social de Derecho.

El mínimo vital de agua decían era inocuo pero ya todo el país lo asumió. Los pobres no podían vivir en estratos valorizados pero con La Hoja y otros cuantos ejemplos demostró que era posible. Los CAMAD plantearon una manera distinta de tratar la drogodependencia. Prohibió el porte de armas, acatado a desgano, y con ello dio un salto en la reducción de muertes violentas. Dijo NO a los toros, las carretas de caballos y el reciclaje sin remuneración y en eso lo copió el país. Dijo Sí a la diversidad, el animalismo, la inclusión, el ambientalismo, las culturas juveniles y con ello se puso a la vanguardia nacional con relación a las nuevas ciudadanías.

Sus apuestas en defensa de lo público y en materia de transporte multimodal sostenible, servicios públicos, aseo y disposición de basuras, educación de calidad, salud preventiva, adaptación al cambio climático, ordenamiento alrededor del agua y densificación de la ciudad, se convirtieron en temas de la agenda nacional. La desprivatización de la recolección de basuras, en la que se jugó a fondo a pesar de no pocas objeciones, permitió sondear hasta dónde el Estado puede incidir en la regulación y prestación de servicios básicos para garantizar derechos conculcados como los de los recicladores y replantear contratación lesiva a los intereses colectivos. Por eso fue destituido  mediante fallo amañado del entonces Procurador, pero también su decisión tuvo incidencias rupturistas   como la de una juez de lo contencioso administrativo que en providencia rompió  la doctrina imperante sobre la majestad del mercado y reivindicó la obligación del Estado de intervenir en defensa de la ciudadanía y los bienes públicos.

Tras la destitución reaccionó sesudo para analizar sus posibilidades, seducido ante el clamor de miles de simpatizantes objetivo de sus programas sociales o motivados por un liderazgo que asumía llevar a la lucha política las banderas de la modernidad, que le exigían no rendirse. Llenó la Plaza de Bolívar de Bogotá varias veces, antes de aceptar que frente a las formalidades había que comportarse. Traicionado en un acuerdo con el Presidente Santos de acatar las medidas de protección solicitadas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos a cambio de respaldo político para las negociaciones de paz, salió del Palacio Liévano para volver a los pocos días acompañado de una marea humana y quedarse hasta el final, tras una batalla jurídica colosal en todos los frentes.

El receso en el cargo y una breve gira por algunas ciudades le permitió palpar en las concentraciones el fervor que había desatado la Bogotá Humana a nivel nacional. La gente apreciaba el carácter humanista, incluyente, animalista y ecológico de su programa, su decisión y coraje para confrontar los subterfugios en los que se mantiene inmutable y con dueño la institucionalidad  y la arremetida mediática dispuesta a molerlo en público por sus osadías. De ese examen, las expectativas generadas por el proceso de paz y la constatación de que a pesar de los avatares la votación de la anterior campaña presidencial y su cauda en Bogotá se mantenían fieles. Era previsible advertir el paso a seguir.

Entusiasmo de multitudes y ruptura del discurso dominante
Durante dos años defendió ante el país y en Bogotá su gestión en la Alcaldía confrontando a su sucesor, dedicado a desmontar su legado y a servir los intereses privados, lo que lo mantuvo vigente y le permitió aprovechar a su favor los desatinos de Peñalosa. Recorrió el país como conferencista colmando auditorios para sustentar sus nuevas convicciones, entre las cuales la primordial, radical en su apuesta por proteger a la humanidad y la naturaleza del cambio climático: adiós al petróleo y los hidrocarburos. Con eso y su apego a los instrumentos democráticos y de derechos de la Organización de Estados Americanos, marcó un polémico parte aguas con la izquierda latinoamericana: ruptura con la “economía fósil”, el extractivismo,  y tránsito hacia una economía y una sociedad productivas basadas en el trabajo y el saber, el respeto al entorno, la naturaleza, la diversidad y el pluralismo en el marco del Estado Social de Derecho postulado por la Constitución de 1991. Educación como instrumento de poder que convierta al pueblo en sujeto de la historia. Un pacto social para un proyecto civilizatorio.

La precandidatura no picó en punta pero nació con opciones. El análisis de coyuntura electoral de las parlamentarias de marzo de 2018, lo llevó a una propuesta audaz y generosa, desoída con prejuicio por las otras dos candidaturas progresistas: consensuar el programa, ir a una consulta, agrupar listas al Congreso y apoyar al que la ganara. El liberal De la Calle no aceptó por distancia ideológica. La Coalición Colombia de Fajardo (Polo, Verde y fajardistas) le sacó el cuerpo con soberbia. Pero Petro iba más allá de elegir un candidato, proponía en sentido gramsciano constituir un “bloque histórico” de sectores progresistas apuntando, mas allá del Palacio de Nariño, a conjunción de sectores aunados en el poder para hacer posibles la paz y la superación de la desigualdad, la única manera de darle músculo político a la decisión de grandes cambios.

Consciente del poderoso escenario de la consulta presidencial para mantenerse expuesto y medirse en un primer sondeo frente a la fuerza del uribismo, la pactó con el exalcalde de Santa Marta, Carlos Caicedo. El case inicial fue de 2 y medio millones de votos. Si bien la consulta de la coalición de derecha e Iván Duque, el candidato ganador en el uribismo, le sacaron una amplia ventaja, Petro se consolidó en adelante en el segundo lugar en las  encuestas en forma ascendente y sin encontrar el techo que le vaticinaban.

Así inició una  campaña presidencial que advertida de los riesgos pero también de los espacios que abría el acuerdo con las Farc, se convirtió en una frenética correría por todo el país, llenando plazas con entusiasmo desbordante. Un ejercicio  democrático en el que haciendo gala de sus dotes de orador y pedagogo agitó consignas y explicitó en detalle su programa rememorando el ágora griego, para rematar con el pedido que con los días volvió cierre ritual: ¡Me llamo Gustavo Petro y quiero ser su Presidente! El poder en escena del que habla Balandier, con la narrativa de los de abajo que reclama Benjamín, el sustrato democrático de la acción comunicativa descrito por Habermas, el poder de lo simbólico y la “política del amor” que teoriza Martha Nussbaum, para resaltar la importancia de las emociones y el arte en las grandes causas humanas.

Colombia Humana: apuesta por la igualdad y la dignidad
Frente al discurso ultraconservador, pro ricos y terratenientes, contrario a los acuerdos de paz de Duque, al continuismo, desplantes clasistas y ambigüedades oportunistas sobre la paz del neoliberal Vargas Lleras, a la indefinición pasmosa y el contemporizador tránsito sosegado de Fajardo en asuntos cruciales y la orfandad partidista del gran candidato liberal De la Calle, Petro desplegó el programa de la Colombia Humana, un discurso claro de compromiso con los sectores populares, por un país a la altura del siglo XXI, de propósitos innovadores en temas clave de la humanidad y una paz positiva que vaya más allá del fin de la guerra. No promueve la lucha de clases, la evidencia para superarla, analiza aguda Sara Tufano. Desbarató el discurso guerrerista y el de la oposición formal complaciente para plantear rupturas históricas con una narrativa opuesta al continuismo de los demás candidatos, agregó brillante Luciana Cadahia. Dos analistas que otean más allá que las complacientes mesas de tertulianos y evidencian lo que en el fondo está pasando.

Un programa revolucionario como compromiso de un gran acuerdo para el futuro: Cuidado a la primera infancia, jornada única escolar y educación superior pública gratuita y de calidad, salud preventiva y fin a la intermediación de las EPS, fortalecimiento del sistema pensional público y garantía de jubilación para todos replanteando el manejo de los recursos para beneficio de los fondos privados; banca pública para impulsar pequeña y mediana iniciativa empresarial, impulso al desarrollo agrícola e industrial; riqueza a partir del trabajo y no de las rentas de tierra improductiva y la especulación financiera.

Contribuir a la subsistencia del planeta con el transito del extractivismo a energías limpias, honrar los acuerdos de paz, incumplidos en los sustancial, recuperando para la justicia transicional la comparecencia de todos los actores de la guerra para así lograr la verdad que permita una real reconciliación y pasar a un nueva etapa de nuestra historia. Recuperar la independencia y soberanía de la justicia de las garras de la mafia y la politiquería y una lucha frontal y sin concesiones contra la corrupción, de parte de un paladín que se batió solitario contra el paramilitarismo hasta romper los arreglos de impunidad imperantes y que en contra de su partido de entonces y el desdén cómodo de sus dirigentes, denunció el “carrusel de la contratación” en Bogotá, capítulo del modus operandi de la alianza criminal de políticos, funcionarios y contratistas para robarse el presupuesto público, aun sub judice en sus cabezas, prominentes hombres públicos del poder regional y nacional y sus impúdicos aliados.

Un propósito colosal que de triunfar, exige para su logro propiciar un gran consenso entre grupos afines, proclives y sensibles para constituir mayoría legislativa. La nueva composición del Congreso permite alguna esperanza, siempre que el statu quo no se enfile intransigente en su contra. La otra opción, la incertidumbre de una Asamblea Constituyente acotada a temas críticos pero que tendrá la impronta del sector que imponga las mayorías, encrucijada histórica y gran reto para el movimiento social y popular. Petro propone sentar las bases de una profunda transformación social pero ha sido claro en que su marco de acción es la Constitución de 1991, el Estado Social de Derecho y la plena realización de la carta de derechos en ella consagrados, desde luego reformada en los aspectos en que ha sido contraída y distorsionada e innovada para ponerla a tono con las nuevas demandas de la sociedad en transición, el posconflicto, una economía a escala humana y los riesgos para la supervivencia de vida en el planeta.

El turno de las mayorías postergadas
La  base electoral de Petro está compuesta por la diversidad, reivindicaciones y luchas del universo popular: indígenas, afrodescendientes, campesinos, nuevas ciudadanías, población lgbti, movimientos sociales, defensores de los derechos humanos y ambientalistas, todas las insignias de la izquierda, la intelectualidad crítica, capas medias y el pueblo raso que asumió entusiasta su convocatoria para sumar mas de un millón de personas movilizadas en 80 concentraciones realizadas en apretada agenda de dos meses a lo largo y ancho del país hasta colmar la Plaza de Bolívar el 17 de mayo en impresionante manifestación  a la que cada quien llegó porque quiso y dejó boquiabierto a mas  de un opinador. En la maratón de debates promovidos por todos los medios y en las grandes ciudades, en las entrevistas concedidas a medios dirigidos por sus malquerientes comprometidos económica o afectivamente con sus adversarios, ha exhibido con lujo su conocimiento del país, sus problemas, las vergüenzas escondidas detrás de algunos de sus adversarios y las propuestas para darle a Colombia un nuevo rumbo.

Siempre se ha advertido que no hay lucha exitosa sin símbolos que la representen y Colombia los tiene en la nostalgia y el sacrificio. La cultura política precaria del país, deformada en la confrontación bipartidista, el Frente Nacional, la pasmosa exclusión y desigualdad, está signada por la muerte que truncó las esperanzas populares, Uribe Uribe, Gaitán, Galán. Petro los amalgama y potencia en su ideario pluralista y progresista, con el compromiso del consenso para el cambio, el “sancocho nacional” de que hablara el comandante mayor del M-19, Jaime Bateman, el “país de todos” que promovió Carlos Pizarro, su último comandante, y el “acuerdo sobre lo fundamental” que exigió Álvaro Gómez Hurtado para superar el establecimiento corrupto. Todo esto lo ilustra con el pasaje bíblico de Moisés conduciendo a su pueblo en medio de las aguas del Mar Rojo separadas para permitir el paso de los hombres hacia la libertad. Algunos, cizañeros mas que ingenuos, le achacan burlonamente una pretensión mesiánica. No comprenden el profundo sentido de su llamado a nuestro pueblo para que asuma las riendas de su destino.



domingo, 14 de enero de 2018

El Colorado: obra magistral con mensaje reaccionario


Majestuosa, espectacular, magnífica y faltarían sinónimos para exaltar “El Colorado”, la carroza del maestro Carlos Riberth Insuasty, ganadora del Desfile Magno del Carnaval de Negros y Blancos de Pasto 2018. Una escultura efímera monumental que presenta detalles del fatídico 24 de diciembre de 1822, cuando las tropas al mando del Mariscal Antonio José de Sucre, por orden del Libertador Simón Bolívar, ante la tenaz e infranqueable resistencia de los pastusos, llevadas al límite por la inutilidad de sus reconvenciones y llamados a la rendición ante las huestes independentistas, entraron a sangre y fuego a la ciudad en uno de los hechos más dolorosos de la historia de Pasto, recuerdo luctuoso que rememora la calle del barrio El Colorado.

En la escena del carromato un Sucre colérico pende en el aire sostenido en la testa de una calavera poblada de diablos, precedido de bestias salvajes al ataque de las que se defienden los paisanos, tras del cual, Bolívar, salido de una escena de Dante, poseído por el demonio, cabalga enloquecido en el aire -en un impactante caballo en movimiento-  mientras señala con el brazo extendido y su dedo índice hacia el objeto de sus supuestos deliberados deseos de sangre. A los lados, desde la réplica de balcones coloniales, los jugadores de la carroza disfrazados de miembros del ejército realista comparten con los observadores las carnestolendas.

La obra no solo logró simpatía y apoyo del público y el jurado por su factura, recursos y detalles, de por sí atractivos, sino por el mensaje que a fuerza de una versión vengativa del pasado se ha posado en el imaginario colectivo de los pastusos para condenar la epopeya libertadora, la gesta bolivariana y los héroes patrios y defender una resistencia que, no obstante su valentía, se constituyó en un obstinado dique para el avance de los ejércitos cuya misión era continuar hacia el sur -Ecuador y Perú- la campaña emancipadora de las cadenas del colonialismo español iniciada en Carabobo y Boyacá con la liberación de Venezuela y parte de la Nueva Granada.

El maestro Insuasty en sus declaraciones a los medios explicó que el montaje de la carroza fue objeto de investigaciones y consultas pero por su contenido se deduce que tiene inspiración en las visiones antibolivarianas sostenidas por Rafael Sañudo y otros escritores, recientemente noveladas por Evelio Rosero en La carroza de Bolívar *, en la que, al contrario de “El Colorado”, el leiv motiv es una obra alegórica a la gesta la que desata la furia por traicionar  la memoria de los antepasados “masacrados por Bolívar”.

Esta versión que cursa en aulas, tertulias y charlas callejeras, impide una comprensión contextual, dialéctica e integral de la historia pues reduce el episodio a una agresión demencial sin motivos y glorifica la rebeldía pastusa sin reparar en que para el momento constituía el mayor obstáculo para que se consolidara lo que el historiador Perry Anderson califica como “uno de los episodios mas espectaculares de la historia moderna mundial” al poner fin a la dominación hispanocolonial.

Es indudable que un pueblo no puede olvidar sus dolores y sacrificios pero es responsabilidad de sus intelectuales y docentes plantear las aristas de su interpretación y las consecuencias de las mismas: o Pasto -valiente, leal, coherente- en defensa del vasallaje pagó el lamentable costo de una cerril oposición a la emancipación, explicable en su crudeza por el fragor y la angustia de una prolongada, casi eterna, y agotadora guerra. O una partida de desquiciados ambiciosos al mando de jefes endemoniados e irreligiosos destruyó un paraíso de bienestar, holganza, libertad y buenvivir creado por Su Majestad Fernando VII en las faldas del Galeras. Posición esta última que están en libertad de defender algunos pero no de imponer por obtusa.

Construyamos entre todos las respuestas que, sin renunciar a los positivos valores del ser pastuso puestos a prueba en aquellas aciagas fechas, como la lealtad, el valor, la indignación, la solidaridad, nos lleven a interpretar los episodios de manera constructiva hacia el futuro para encontramos con la nación colombiana en su mito fundacional: la Revolución de Independencia cuyos ímpetus transformadores truncaron las élites al hacerse al poder y que entre todos tenemos el desafío de rescatar y realizar. 

* Ver: Una historia no oficial del Libertador  www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-11719081

domingo, 8 de octubre de 2017

El legendario Che Guevara

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Hace 50 años fue asesinado en el pequeño poblado de La higuera, Bolivia, Ernesto Guevara de la Serna, bautizado “El Che” en la Sierra Maestra  cubana y para la posteridad, tras ser capturado en el último combate de la diezmada guerrilla con la que quiso dar inicio a su enseña de “crear uno, dos, tres Vietnam” desde  los Andes.

Nacido en Rosario, Argentina,  médico de profesión, se hizo revolucionario como testigo de la realidad lacerante de los pobres de Bolivia, Colombia, a la que advirtió en las puertas de la infernal violencia de los 50, y Guatemala a la que los yanquis le negaron el derecho de andar derrocando a Jacobo Arbenz. Adhirió en México a la gesta rebelde de Fidel Castro contra el oprobioso régimen de Batista en Cuba,  al comando del Frente de Guerra Oriental con la toma de Santa Clara aseguró el triunfo de la Revolución de 1959 y fue uno de los orientadores del rumbo que tomaría la isla caribeña hacia el socialismo.

Tras ocupar cargos y responsabilidades  relevantes en la dirección de la economía y las relaciones internacionales, los declinó para entregarse a la guerra revolucionaria, primero en una fallida experiencia en el Congo y, luego,  con el Ejército de Liberación Nacional de Bolivia, un destacamento de cubanos, argentinos y bolivianos, conformado por orden de Fidel Castro a instancias suyas, al mando del cual hallaría la muerte.

Su vida y las circunstancias del final  lo convirtieron en una figura mítica de las rebeldías y el contra poder en el mundo, fascinante parábola vital que sigue siendo motivo para las ciencias sociales, el periodismo, la literatura, el cine, el arte y la historia.

De la Sierra Maestra a Ñancahuanzú
En sus viajes por Latinoamérica, el Che joven palpó la miseria, el engaño del reformismo, el vasallaje a la Casa Blanca y el tutelaje del imperio, situaciones que  lo llevaron a la convicción de la necesidad de un cambio por la vía revolucionaria. Embarcó en el yate Granma en México y vivió el fracaso del desembarco pero con el Ejército Rebelde liderado por Fidel Castro, en la Sierra Maestra emergió su ruda alma guerrera y fue artífice de la toma del poder. Presidió los tribunales revolucionarios que juzgaron a los miembros de las fuerzas represivas del régimen batistiano, muchos de los cuales fueron condenados y ajusticiados, polémica actuación que se convirtió en argumento político de los enemigos y detractores suyos y de la revolución.

Teorizó, actuó  y polemizó desde el marxismo. Cuestionó el burocratismo, la ineficiencia y el afán de lucro. Promovió la reforma agraria,  la planificación centralizada, el trabajo voluntario  y los estímulos morales en su ideal de un “hombre nuevo” y trató de enseñar con el ejemplo. Representó a Cuba en los grandes escenarios diplomáticos del mundo, donde impactó su discurso contundente y elocuente. Fue un convencido y radical antimperialista. Denunció los desequilibrios de la economía mundial, reclamó equidad de los países socialistas y logró con ellos acuerdos favorables sin renunciar a cuestionarlos.

La experiencia de la Sierra Maestra y la victoria de  la revolución, en la que fue protagonista como estoico y avezado combatiente, se tradujo en  su teoría del foco guerrillero, con la que planteó que un destacamento de revolucionarios en armas en un contexto de condiciones objetivas favorables, como era la situación de miseria y explotación de buna parte del mundo, podía crear las condiciones subjetivas para el levantamiento popular, concepción que resultó inviable en entornos diferentes al cubano. “Otros pueblos reclaman el concurso de mis modestos esfuerzos”, dijo en carta a Fidel en la que le comunica su decisión, la cual el líder lee con voz compungida en un acto de una organización de masas el 3 de octubre de 1965, en medio de aplausos y nostalgia.

Su vida selló un compromiso voluntarioso tras ser capturado con un balazo en la pierna izquierda en la quebrada del Churo en la región de Ñancahuanzú. Detenido en la escuela del caserío de La Higuera mientras se definía su suerte, ya que los militares querían evitar un escándalo más resonante que el creado por el juicio a Regis Debray, periodista involucrado en la guerrilla del Che,  al final,  por órdenes del general Barrientos, presidente, y el alto mando, el 9 de Octubre de 1967, en presencia de agentes de la CIA contrarios a la decisión, fue baleado por un oficial nativo ebrio al que médicos cubanos le devolvieron la vista 40 años después y a cuya hija, el presidente indígena Evo Morales nombraría como segunda al mando de las Fuerzas Armadas.

La noticia fue confirmada por Fidel Castro al pueblo cubano en una comparecencia televisada el 15 de octubre de 1967. El 18 se realizó una velada solemne en memoria de Guevara en la que Fidel proclamó “Si queremos expresar cómo aspiramos que sean nuestros combatientes revolucionarios, nuestros militantes, nuestros hombres, debemos decir sin vacilación de ninguna índole: ¡Que sean como el Che!  Si queremos expresar cómo queremos que sean los hombres de las futuras generaciones, debemos decir: ¡Que sean como el Che!  Si queremos decir cómo deseamos que se eduquen nuestros niños, debemos decir sin vacilación: ¡Queremos que se eduquen en el espíritu del Che! El  Che fue declarado Héroe Nacional, proclamado “Guerrillero Heroico” y se convirtió en estandarte de las luchas populares en el mundo.

El enigma de su cuerpo, sus manos y su diario
Acicalado tras ser asesinado y expuesto en la pileta de una escuelita para corroborar que estaba muerto, las fotografías contribuyeron a darle a la escena un aire místico. Luego los militares subalternos le cortaron las manos y las depositaron en un frasco con formol para identificación e intentaron incinerar el cuerpo de lo cual desistieron tras varios intentos, para finalmente amarrarlo a los soportes de un helicóptero y conducirlo por el aire hasta Vallegrande y enterrarlo en una de las fosas que cavaron para arrojar los cadáveres de los demás guerrilleros abatidos, cerca de la pista del aeropuerto, operación que se ocultó por un pacto secreto al que se puso final 40 años después.

En 1996, el periodista estadounidense Jon Lee Anderson en la búsqueda de material para su biografía sobre Guevara entrevistó a uno de los militares responsables de la operación en su contra, quien ante una pregunta hecha al final y “por si acaso” le reveló el secreto, tras de lo cual forenses argentinos y un nutrido grupo interdisciplinar conformado por el gobierno cubano trabajaron en forma ardua para finalmente confirmar en julio la identificación de todos los cuerpos, incluido el del Che sin sus manos. Cuba erigió un impactante monumento a la a los caídos en Bolivia en la ciudad de Santa Clara y luego de multitudinarios homenajes en La Habana y Santa Clara los restos de Guevara y sus compañeros fueron depositados en el memorial.

Los pormenores de la experiencia boliviana de la guerrilla, desde las expectativas y el entusiasmo ilusorio del comienzo, su progresiva desintegración, hasta  los tormentosos momentos de la derrota, fueron consignados al detalle por el Che en una libreta y una agenda que describen las vivencias y padecimientos de los rebeldes desde noviembre de 1966 hasta el 7 de octubre de 1967. Los diarios le fueron confiscados con otros objetos al momento de su captura. Fotocopias de algunas páginas fueron entregadas a los periodistas que viajaron a Vallegrande a cubrir la noticia, para corroborar que se trataba de Guevara. El gobierno militar, buscando lucrarse, los declaró bien patrimonial a la espera de la compra de derechos de publicación por una editorial internacional.

Por coincidencias del destino, tanto las manos como el diario de Guevara llegaron a las manos de Antonio Arguedas, un exmilitante comunista que para entonces fungía como ministro del interior y mal escondía su molestia por el fusilamiento del guerrillero. Luego de las pruebas de identificación, Arguedas se quedó con las manos porque el militar responsable, al preguntarle qué hacer con ellas, le dijo, “haga con ellas lo que quiera”. Al ministro también le fue encomendado sacar una copia del diario, lo que aprovechó para hacerse a  una adicional.

Una vez con los objetos en su poder, Arguedas contactó a Víctor Zannier, un viejo camarada, para encargarlo de hacerlos llegar al gobierno cubano. Zannier contactó a Hernán Uribe, miembro del equipo directivo de la revista de izquierda Punto Final, en Santiago. Uribe y sus colegas periodistas planearon la operación “Tía Victoria”: Zannier les entregó clandestinamente el microfilm del escrito camuflado en un disco lp de música andina y Mario Díaz lo llevó a La Habana vía México en otro lp. de música clásica. De esta forma, las cuitas y tragedia de la guerrilla del Che en la selva boliviana fueron impresas con urgencia y entregadas al pueblo en forma masiva en la isla y se regaron como pólvora por el  mundo.

Así el gobierno cubano se adelantó a una posible venta por los militares bolivianos, su falsificación con fines políticos por la CIA, tergiversaciones del gobierno de Estados Unidos y probó que existió comunicación permanente entre Guevara y Castro para desmentir el supuesto abandono de los guerrilleros y el interés de Fidel por deshacerse de quien los comandaba. En 1984, alguno de los  corruptos militares bolivianos en el poder, quizá el aliado del narcotráfico Luis Arce, hurtó el original que apareció ofertado por la casa de subastas Sotheby´s de Londres, conteniendo páginas adicionales a las conocidas hasta entonces y de gran interés. Abogados al servicio de Bolivia evitaron la venta y los recuperaron regresando a los archivos del Banco Central de Bolivia.

Las manos tuvieron también un trasiego novelesco. Zannier le encomendó al militante comunista Juan Coronel Quiroga la misión de llevarlas a Cuba. En julio de 1969 le entregó una bolsa de viaje con el frasco que contenía las manos reblandecidas por el formol verdoso y la mascarilla de reconocimiento hecha al Che. Mientras ingeniaba el plan para trasladarlas, Coronel las tuvo cinco meses debajo de su cama en una pieza en arriendo en La paz. En diciembre las embarcó como equipaje de manos en un periplo que lo llevó por Lima, Guayaquil, Bogotá, Caracas y de allí a Madrid, París y Budapest, Hungría, donde un contacto del Partido Comunista le coordinó una cita con sus camaradas de Moscú para que éstos facilitaran la entrega a Castro.

En la capital rusa se encontró con Zannier quien gestionó su viaje a La Habana pero fue rechazado por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, pues el gobierno consideraba a Coronel un traidor por pertenecer al PC boliviano que le había dado la espalda al plan guerrillero de Guevara. Entonces los bolivianos las entregaron a funcionarios de la embajada cubana en Moscú y fueron enviadas el 5 de enero de 1970 a La Habana.

Tras conocerse la publicación del diario del Che el 1 de julio de 1968 en Cuba, Arguedas huyó a Chile, de allí viajo a Inglaterra y  luego a Estados Unidos  donde por las reuniones que sostuvo se verificó el rumor de que también era agente de la CIA. Al regresar en 1969 a Bolivia  fue encarcelado por un tiempo y se declaró marxista. Luego de sufrir un grave  atentado organiza la entrega las manos del Che y  se asila en México. A finales de la década de los 70, vuelve para activarse en el ejercicio político y monta un grupo de investigación contra el narcotráfico, lo que le cuesta un montaje de la policía para vincularlo con actos terroristas y finalmente su muerte en un atentado al estallarle  una bomba que fuentes policiales le atribuyó.

El enigma y la tragedia que envuelve la muerte del Che, el destino de su cadáver, sus manos y su diario se extiende a la muerte violenta de la mayoría de quienes intervinieron en su asesinato. El dictador Barrientos murió al estrellarse el helicóptero en que viajaba, en abril de 1969, el comandante de la ejecución fue baleado en París en noviembre de 1970 por una célula clandestina al tiempo que en Hamburgo, la joven boliviana de origen alemán Mónica Erlt, miembro del ELN del Che en reconstrucción, mató a tiros a Roberto Quintanilla, quien ordenó la amputación de las manos.

En 1973, el coronel que intentó incinerar el cuerpo fue muerto a golpes en La Paz. El General Torres, miembro del alto mando decisor de la muerte de Guevara y luego al frente de un golpe de izquierda de breve duración, fue ultimado en Argentina en el 76 por orden de la dictadura boliviana. Gary Prado, captor del guerrillero quedó paralítico en una acción represiva que dirigía contra pobladores en Santa Cruz de la Sierra


El Che en el presente
En una de las ferias de innovaciones tecnológicas más importantes del mundo, Las Vegas, Nevada, Enero de 2012, Mercedes Benz, la fábrica de autos para los multimillonarios, presenta un nuevo modelo. Los creativos publicitarios despliegan al fondo del escenario la más famosa imagen del Che Guevara remplazando en la boina la estrella de cinco puntas por  el símbolo de la marca y el letrero ¡Viva la Revolución! El presentador justifica el contrasentido con el argumento de que el auto invita a compartir y si eso es revolucionario, “bienvenida la revolución”, con tal de vender.

Desde luego que la reacción de la comunidad cubano-estadounidense anticastrista no se hizo esperar y ante el temor de perder clientes, la agencia de publicidad y la fábrica se disculparon con cualquier tontería, de las que se acepta siempre y cuando incluya desaprobación al gobierno de Cuba. Lo que no se entiende es cómo estos genios pretenden cautivar a unos consumistas alienados artífices y súbditos del capitalismo salvaje, con la presencia y las ideas de quien dio su vida combatiendo  ese modelo de explotación por responsable del hambre que avergüenza a la humanidad, a menos que en el fondo consientan en la verdad de su mensaje.

Evo Morales, indígena aymará, Presidente de Bolivia, gestor de los cambios más importantes de la historia de ese país en la afirmación de derechos para las minorías nativas, llega a La Habana a comienzos de Octubre de 2012 en visita de Estado. En la parte izquierda de su tradicional saco, adornado con tejidos de motivos precolombinos, luce un adhesivo con la imagen del Che. La hija de uno de los militares bolivianos que  combatieron contra Guevara ha dicho que hay que apoyar a Evo porque lucha por lo que murió el argentino.

Casi al tiempo, una congresista de La Florida, EE.UU, irrumpe iracunda en los medios de comunicación para denunciar el despropósito de la Agencia Federal de Protección Ambiental (EPA), que, para celebrar el Mes de la Hispanidad,  envió un correo electrónico ilustrado con una imagen, probablemente tomada en Cuba, en la que tras una carreta tirada por un caballo,  asoma  un mural en la pared con la efigie de Ernesto Che Guevara y la frase “Hasta la victoria siempre”. Los funcionarios de la entidad se apresuraron  a ofrecer disculpas por el “descuido” de algún subalterno que, seguro, sabía lo que hacía.

En Colombia, la guerrilla más vieja del continente, tácticamente distante pero ideológicamente identificada con el Che,  asume el reto de negociar una salida política al conflicto armado que por medio siglo ha desangrado al país, con la demanda de tierra  y justicia  para los pobres del campo que abanderó Guevara, como condición de la renuncia a la vía armada. Entre tanto el ELN, mas afín al pensamiento guevarista asume el escenario de la negociación política para desmovilizarse. Se cierra así el ciclo abierto por la Primera y Segunda Declaración de La Habana de apoyo a la insurrección armada en el continente y la decisión del Che de volver a la lucha guerrillera en los montes de Bolivia, donde encontró la muerte. 

Al cumplirse 50 años del asesinato del Che, Fidel, su compañero de luchas y proyectos, ya no está. Ahora de los dos lo que diga la historia.



sábado, 10 de junio de 2017

"Saulito" y la degradación moral del país

El subsecretario del Senado Saúl Cruz  -“Saulito”, entre sus validos del Senado- en una actitud tan pueril como bandidesca, para vengarse de reportes informativos del noticiero de televisión Noticias Uno sobre sus andanzas politequeras, las de sus colegas administrativos, de los congresistas y de su familia, montó una agresión del camarógrafo en su contra para salir a quejarse desde el atril de la plenaria del supuesto ataque, simulando tristeza y dolor. Farsa que necesitaba la partidocracia clientelista sentada en las curules para desatar sus rabias contenidas contra el informativo, porque en varias ocasiones ha hecho públicas sus vagabunderías y fechorías.

La trama le salió mal a “Saulito”. La cámara del noticiero grabó de corrido y registró el autogolpe, además su dirección solicitó a la presidencia del senado las grabaciones internas, que le fueron facilitadas con la seguridad de que el subsecretario no podía haber sido tan obvio. Pero resulta que sí, los tramposos se acostumbran y creen que nunca los van a pillar, aunque siempre hay una vez y, muchas veces, mas de una. Denunciada la tramoya en amplia nota de Noticias Uno y desatada la indignación, en sesión que cuestionó la actitud del funcionario la mayoría de compinches de Cruz  hicieron mutis por el foro, algunos de los vociferantes se declararon engañados pero alegaron ante cualquier determinación “debido proceso” en favor de su aliado y solo doce senadores solicitaron una drástica sanción frente a semejante grosería.

El patético “Saulito”, mediante carta al noticiero presentó disculpas, con distorsión de los hechos -la grabación muestra que buscó golpearse contra la cámara-, “al querer esquivarlo se presentó el contacto con la cámara, fue un hecho accidental y fortuito, no lo emebestí y también entiendo que no fue el propósito del camarógrafo hacerlo”, y exculpándose con cinismo por sus palabras “originadas por la confusión, emotividad y estrés del momento al cual no estoy acostumbrado” lo que “me llevó a cometer una imprecisión a la hora de transmitir lo que pasó”. Y ya. San se acabó. Semejante escándalo que se lleva por delante la credibilidad de una poder del Estado y del funcionario que certifica sus actuaciones, que además resultó cabildero de intereses reaccionarios -en cámara se le ve desesperado buscando votos para el candidato derechista a la Corte Constitucional- y protegido de un exprocurador separado de su cargo por haberse hecho elegir canjeando votos por puestos.

Ofrecer perdón y retractarse ya no es una compensación de vergüenza por la ofensa originada sino una táctica para diluir la acción judicial una vez logrado el efecto difamador mediático. Práctica recurrente del expresidente Uribe y sus correligionarios con desdén absoluto por las leyes cuando son ellos las que las trasgreden, evidente en las sucesivas ocasiones en que injurian y calumnian para luego desdecirse ante los jueces con disculpas o rectificaciones forzadas que de forma cínica mantienen el agravio, como con Holman  Morris, Yohir Akerman, Daniel Coronel, Julián Martínez, Daniel Samper Ospina y las madres de los muchachos asesinados por el ejército residentes en Soacha, luego de engañarlos para atraerlos y presentarlos como bajas en combate, sobre quienes lanzó la especie de que podían ser delincuentes para tratar de rebajar la gravedad del crimen propiciado por las licencias de la “Seguridad Democrática”.

El caso de Cortés hace gala de  la excremental táctica de la posverdad utilizada por el uribismo para emberracar al electorado en contra del plebiscito por la paz y ahora su arma predilecta. Con total descaro ofrece  un perdón ofensivo al tratar de cubrir un embuste con otro y el inefable Uribe sentencia que si es “un perdón honesto debe concedérsele”. Por jugarretas como esas se expulsa estudiantes indisciplinados de los colegios, se les quita la salida del domingo a los hijos en el propósito altruista de corregir el engaño y la mentira y cortar por lo sano. Pero resulta ahora que, con la premeditación y picardía mas descarada, con el ánimo de hacer daño a la imagen de un medio de comunicación, en el recinto por excelencia de la democracia, un alto funcionario del poder legislativo monta una treta de la peor calaña, cuyo mal ejemplo orada cualquier principio de moralidad y basta con fingir para reparar el daño.

Mientras el Congreso da las peores demostraciones de clientelismo y chantaje como parapeto al poder y mecanismo de negociación entre poderes, la oposición de derecha acude a los mas bajos procederes para dar al traste con quien considera un traidor y conseguir el poder pleno para arrear al país, el Consejo Electoral de la partidocracia pierde decencia al setarse su presidente a manteles con sus vigilados e intentar cambiar a la fuerza mecanismos como la revocatoria para favorecer a sus protegidos, como también  el Contralor Distrital en sus encuentros “casuales” con los concejales bajo su lupa para comer hamburguesa y el Fiscal General que, con drasticidad en unos casos, trata de eludir el impedimento generado en su vinculación con el escándalo de Odebretch  (vía Grupo Aval-Navelena). Caso éste último que enloda por igual al Presidente de la República, al principal candidato de la oposición en las últimas elecciones y a buena parte de la clase política.

Cómo puede ser que una parte de la sociedad, para mayor precisión en las responsabilidades la mayoría de representantes de la clase política con presencia en el Congreso de la República y sus partidos, incluido un expresidente de la república, exculpe por un perdón mentiroso, un montaje vil cuyo efecto nocivo en la moralidad, la ética pública y la legitimidad institucional en un país donde éstas están por el suelo por la corruptela generalizada y entronizada como basamento del poder político, es inconmensurable. La renuncia de Saúl Cortés sería lo mínimo. Pero mas allá de la satisfacción momentánea que generaría, poco probable o leve en un escenario de favores mutuos, de poco sirve porque la corrupción está enseñoreada en todas las instituciones del Estado. Esta casa, nuestra amada Colombia,  necesita una limpieza general.