jueves, 10 de enero de 2013

Basuras, otro pretexto contra Petro


En diciembre, aprovechando el impase de las basuras - impase porque dos días después del día D que le habían fijado, y sea como sea, que es otro asunto, el tema de recolección se solucionó y hoy se presta con normalidad y mejor, aunque todavía sin completarse la implementación del nuevo esquema- , sus enemigos, adversarios, contradictores y hasta los aliados críticos, copartidarios de oportunidad y admiradores interesados “se dieron garra” con Petro: dictador, déspota, tirano, emperador refieren  su forma de gobernar sin atender a la definición de los términos;  inepto, incompetente e improvisador califican su gestión y ejecutorias apenas a un año de ejercicio; soberbio, prepotente  y arrogante, describen sin matices su personalidad. Pescando en río revuelto, el nieto de Laureano Gómez, nombre que de verdad evoca  la autocracia, se autoproclamó líder de la revocatoria del alcalde, iniciativa que con seguridad tendrá eco y tiempo en los medios y apoyo financiero, pero cuyo éxito será sacar del anonimato a un gris representante a la cámara con aspiraciones superiores por supuesto derecho en esta democracia de linajes (López, Lleras, Santos, Turbay…), no importa que con su viveza, tirria  y capricho entorpezca un gobierno, dañe a Bogotá y haga malgastar el erario.

Antipetrismo por convicción y por  oportunismo 

Doña María Isabel, pura sal y pimienta, pide que a Petro  se lo carguen las ías porque en la lisa política él se las trae. Le teme: aventaja con leguas  a  tanto politiquero mentecato y tiene visión y propuestas que, desde luego, no coinciden con las suyas. Don Darío Arizmendi, usó la socarrona y malintencionada frase “la basura de Petro” para referirse a la acumulación generada por el cambio, en otra de sus demostraciones de inmoralidad periodística.  Doña Vicky Dávila, en entrevista al Presidente Santos, llevó la presión al desespero, al exigirle que destituya al alcalde sin competencia para ello, como aquél reiteradamente le señaló. Don Yamit no ceja en su empeño de convertir a Petro en un desastre. No lo pasa, no lo entiende, ni le conviene entenderlo. El 20  por la noche, en su sesión de ventrílocuo, casi les hace decir a las muñecas del 1, 2,3 que si se acababa el mundo no era culpa de los mayas sino de Petro.

Alfredo Rangel busca con sus ataques travestidos de análisis, credenciales para ser  más uribista que su ídolo. Indignado por sus afirmaciones injustas y gratuitas, Jorge Pulecio, director del Instituto para la Economía Solidaria de la capital, le recordó su militancia en el trotskismo y los ideales que echó al olvido. Con esas volteadas de arepa a cualquiera se le quema la espalda. Natalia Springer, en El Tiempo, como politóloga, le regala dos columnas. La primera para encomiar su visión de futuro, la segunda para presagiarle su ineptitud para realizarla y así quedar en línea con la FM de RCN donde es “periodista, periodista”. Héctor Riveros, en la Silla y con ganas de alcaldía, se “muere de la ira” y reta a las ías a actuar, chantajeándolas de temer a Petro. Felipe Zuleta no deja de lanzar sospechas sobre él que nunca rectifica cuando se descartan.

Por si fuera poco, León Valencia, por el cómodo camino de en medio, llama “obsesiones de la izquierda postmoderna” las que animan a Petro y que, según sus propias memorias, lo llevaron a él a la insurgencia: justicia social, equidad, democracia. La derecha llama a esas “obsesiones” ideología y algunos columnistas filantrópicos  las comparten aunque sean “mamertas”. Por qué se desgastan tanto para aceptarlas si simplemente hacen parte de los Derechos Humanos, políticos, económicos, sociales, culturales, colectivos y  ambientales consagrados por Naciones Unidas y la Constitución Nacional de 1991. León también aplaude la iniciativa de revocatoria como un escenario de la democracia. Si así fuera bienvenida, pero de lo que se trata es de preparar subrepticiamente el golpe. Desde luego, redita más en los círculos políticos y sociales describir escenarios que analizar componendas.  

Con Claudia López -y los concejales Sanguino y Flórez pues en los demás opositores es obvio- comparten el criterio de que el alcalde debe buscar alianzas, seducir, ampliar su base, a sabiendas de que esto solo es posible arriando banderas, haciendo concesiones, renunciando a proyectos, para ganar el apoyo de la coalición política que sin el menor rubor respaldó a Samuel Moreno y muchos de cuyos miembros son beneficiarios del carrusel de la corrupción. Saludan su programa pero lo ven irrealizable y por eso pragmáticamente le aconsejan acotarlo sin reparar que fue aprobado por el propio Concejo en el Plan de Desarrollo, incluido lo de las basuras, manejo que le critican por no haber negociado  “a las buenas” con los privados, eludiendo referirse al ambiente crispado que rodeó la determinación. Para sonar, Claudia le espeta un epíteto hiriente: estúpido. Según la entrevista de la Silla, hace un año ella era santista pero se decepcionó, conociendo como conoce a la clase política y a sus miembros, eso sí que es majadero.

Para rematar, Héctor Abad, que sabe lo que es un mártir, dice que no está de acuerdo con la revocatoria porque sería “convertir a un inepto en mártir”. Petro ya lo sería pues muchos gatillos lo esperan para cobrarle el develamiento del paramilitarismo, la parapolítica -tarea en que lo acompañaron León valencia y Claudia López- y la corrupción, una  contribución histórica a la democracia hecha por un  líder político en décadas, y con coraje sigue vivo tratando de hacer de Bogotá una ciudad del siglo XXI enfrentando al feudalismo, el rentismo y las mafias, hoy coaligados para atajarlo, como sus aliados hicieron en el pasado reciente con varios dirigentes de izquierda. Da grima ver como los opinadores publicados minimizan esos hitos como un aspecto positivo de su carrera pero ya cosa del pasado, en una complicidad de lesa humanidad con los victimarios en la estrategia de maquillar la historia, exculpar a la clase gobernante tradicional y establecer pactos para la impunidad y el reparto del poder.

Curiosamente, además de coincidir en las críticas a su gestión, desde posiciones políticas e intereses diversos, todos convergen en cuestionar su personalidad. Como a veces esto último es asunto de percepción, así debe apreciarse de manera parcializada alguien  que no se deja mangonear, frentero, combativo, audaz, inteligente, ingenioso, creativo, decidido, de formación sólida, intransigente en sus principios -terco en eso según él mismo-, preparado para la tertulia y el debate, demoledor en discurso y argumentos, ajeno a la corruptela, empecinado en recuperar y honrar lo público y garantizar derechos, excepcional como congresista, que está del lado de las víctimas, los perseguidos y los miserables; sensible, tímido hasta la hosquedad, y con pasado insurgente del cual no reniega pero que reprueba la violencia y promueve el amor. El político de buen recibo debe ser capaz, claro, pero también simpático, amiguero, generoso con lo de otros, para algunos, o aliado o rival inferior para otros. Pero Petro, ni aquello ni esto. Como ser humano tiene defectos, los ha reconocido, pero no de los comunes en la clase política.

Se superó la crisis y se abrió paso al nuevo modelo

El agrio  alboroto decembrino  fue motivado por la entrada en funcionamiento del nuevo esquema de aseo y el programa Basura cero. Es cierto que con los días quedó en evidencia que hubo errores, ligerezas e irresponsabilidades sobre las que tendrán que tomarse medidas tanto al interior de la administración como desde los organismos de control, si existen motivaciones reales, que no mediáticas y políticas, para ello. No hay que olvidar que las ías distritales están en manos de la coalición opositora y se han convertido en instrumentos políticos, así lo quiso Petro -como con el nombramiento de la esposa de Mockus en la Veeduría- a sabiendas del riesgo, en una decisión que lo honra. La Superintendencia de Industria, que ya trató de golpearlo, la maneja su rival presidenciable Vargas Lleras y la Superservicios, una ficha de Ernesto Samper que se declara sobresaltado con Petro pero durmió tranquilo con las andanzas de Samuel Moreno. A propósito, los medios jamás usaron contra éste los insultos, en ese caso merecidos, que profieren contra el alcalde. Cosas de conveniencia.

Pero la batahola se abría desatado por cualquier otro motivo, porque el objetivo es Petro y su programa de gobierno en defensa de lo público y de carácter social, enfrentado a un establecimiento neoliberal que privilegia al gran capital y tolerante con la corrupción de las mafias de la contratación. Sin embargo, en  el caso de las basuras se dio papaya. Lo que haga tiene que hacerlo muy bien. Petro no puede enfrentar solo o con algunos pocos ese desafío descomunal. Sus declaraciones y las del secretario general, Jorge Rojas, otro valiente e intransigente defensor de los derechos humanos, el 19 de diciembre, producto de la información engañosa  que les dio la EAAB, fueron desafortunadas. Aunque necesita revolucionar su comunicación con la ciudadanía, como sugiere Andrés Vernot, el asunto va más allá. Hay que concretar un equipo de gobierno competente y eficiente y consolidar y fortalecer la organización política por la que gobierna y que es la que debe movilizase, sensibilizar, educar políticamente y afrontar el debate y la defensa de su gestión.

Si bien hubo desaciertos, magnificados a propósito, y razones poderosas de las determinaciones, ocultadas adrede, no se puede seguir cayendo en la trampa de la manipulación: por mandato perentorio de la Corte Constitucional había que cambiar el esquema para incluir a los recicladores y además para echar a andar el programa de reciclaje. La fecha era el 18 porque se acababan los contratos vigentes. Conociendo que no se contaba con la capacidad para asumir la recolección en su totalidad, las autoridades distritales trataron de negociar a término con los operadores, mientras se abre la licitación,  lo que no cuajó antes de la fecha límite y a la vez  ocasionó una crisis transitoria, superada en  parte al recontratar de todas formas a las empresas que venían operando, ya no para el 100% sino para un porcentaje que a mitad de año estará reducido al 48% de la recolección y con reducción de los costos. Si el alcalde excluye a alguna empresa  habría violado la Constitución y la ley. Sus afirmaciones sobre los orígenes oscuros de algunas de ellas son públicas pero él no es la Fiscalía para lo pertinente. La autoridad nacional competente en el tema de aseo  le está retrasando la licitación y ha sido morosa en determinar las tarifas.

Para conjurar el problema transitorio, la alcaldía declaró la emergencia y, a través de la EAAB y Aguas capital, la nueva empresa de aseo, arrendó compactadoras usadas en Miami, acondicionó volquetas, y contrató personal. Sin llegar aún a  Bogotá las compactadoras, el basurero se superó en dos días. Bueno Aires, Nápoles y Jerez estuvieron inundados por varias jornadas.   Entonces, los medios cambiaron de tema y ampliaron con lupa: a cada trámite de internación de las compactadoras y de uso de las volquetas un titular, la mayoría de las veces falso o inexacto: bosque en las compactadoras -plántulas normales-, sobrecostos -¿acaso antes la operación de las máquinas era gratis?-, violación de normas de seguridad industrial -¿las denunciaron antes por parte de los privados?, inadecuado manejo de residuos -con la confusión creada ¿se motivó a la gente a separar?-, regueros de lixiviados –las volquetas fueron acondicionadas. Ahora surge el lío de la contratación y pago de personal, enredado por el abrupto cambio de gerente de Aguas Capital, presionado por la crisis, pero también en vías de pronta solución por el nuevo gerente No obstante, consciente de que hubo errores, Petro, contrario a la soberbia y arrogancia que le endilgan, reconoció con entereza las fallas debido a la incapacidad institucional para dar una respuesta eficaz por inercias burocráticas y el apremio. En el fondo asumió la responsabilidad sobre una oferta que no funcionó el primer día y como se había previsto, debido, al parecer, a la mala gestión de la gerencia de la EAAB, y de paso las consecuencias. Se burlaron. Esperaban tumbarlo de una, ahora espolean a las ías.

¿Ha renunciado o reconocido alguien su responsabilidad en el fallo  de la Corte de La Haya sobre delimitación de aguas con Nicaragua? O por la omisión e impasividad frente al paramilitarismo que ocasionó la muerte de más de 100 mil compatriotas y el despojo y desplazamiento de 4 millones más. Si no fuera por Petro, los parapolíticos y paramilitares  pasan de agache y la Ley de víctimas sería una ilusión. Si no fuera por Petro, no se descubren las andanzas criminales del DAS y en su calidad de policía política hasta hubiera fraguado un tercer período para Uribe, deshaciéndose de opositores incómodos. O alguien ha reconocido culpa  -que jurídicamente es dolo- por la desidia, ligereza, descuido, cuando no complicidad, en el carrusel de la contratación que le robó billones al erario público nacional y distrital. Si no fuera por Petro, los Nule seguirían contratando en Bogotá y defraudando, en asocio con el anterior alcalde de la ciudad, abogados amigos, varios funcionarios, el contralor, unos cuantos concejales, un representante a la cámara, entre otros, de acuerdo con lo adelantado por la Fiscalía. A no dudarlo, arruinarle la alcaldía es la venganza.

Tras la basura hay mucha cochinada

Otra mendacidad: Doña María Isabel y otros columnistas, o mejor quintacolumnistas, para criticar, afirman que en lo de las basuras todo sigue igual y, a la vez,  que antes funcionaba más o menos bien, ¿quién los entiende? En esa inconsistencia se delata el fin. No era así, si vamos más allá de la comodidad egoísta y ponemos atención a lo público. Al ofrecer una rebaja de tarifas del 25% para sabotear la decisión de la alcaldía de entrar a competir en la recolección, las empresas de aseo pusieron en evidencia sus pingües e injustificadas ganancias, como lo había denunciado Petro. Pero hay cosas más graves.  El 20 de diciembre, en El Tiempo,   basado en informes de la Contralora General de la República, uno de los personajes del año, el incisivo Juan Gossaín puso de presente verdades escandalosas del servicio de aseo privado en el país y en Bogotá: cobran doble: recolección y servicios especiales en la tarifa de aquella  y estos últimos de nuevo por aparte en el recibo; en forma variable en contra del usuario: en 4 años han cambiado 58 veces de tarifa y la entidad competente aún no la ha determinado; los camiones y equipos se pagan en los recibos en rubros encubiertos y por tanto son nuestros - la Contralora, dando razón a Petro advierte: o se los devuelven a la ciudad o le devuelven la plata a los usuarios. Ya se pronunciará.

Y LA MAYOR OFENSA A BOGOTÁ, deslizada por Petro antes de la escandola de las basuras: Los sobrantes de dinero del servicio, unos 343 mil millones, que nos debían haber devuelto, la mayor parte recaudados por la Administración Moreno Rojas , según los indicios, fueron a parar a una fiducia a través de la cual se manejó el "carrusel de la contratación", contratos de asesoría con Álvaro Dávila, como abogado, aparte de los beneficios de la corruptela, y campañas de promoción del alcalde mencionado. Todos calladitos. Claro que Petro debe responder por los errores, irregularidades y deficiencias técnicas del nuevo esquema, si los hubo y se comprueban, como señalan José Fernando Isaza,  el propio Gossaín, los editoriales y el editor de Bogotá de El Tiempo y otras firmas serias, pero por ver una plántula en un camión no dejemos de ver el bosque de la corrupción ni tapemos con minucias la realidad:  una empresa púbica distrital asumió la mayor parte de la tarea de aseo, los recicladores fueron incluidos y se abren paso un nuevo modelo de aseo por un operador público y un programa de recuperación de deshechos que de cumplirse harían de Bogotá una ciudad pionera en el mundo en el tratamiento de residuos con ganancias sociales. No hay peor ciego que el que no quiere ver… a Petro. Si de verdad les duele la ciudad y no tienen intereses mezquinos, déjenlo gobernar.

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