martes, 15 de enero de 2013

Intolerancia manifiesta y peligrosa

El domingo pasado, 13 de enero, a la salida del parque Simón Bolívar, unos 30 jóvenes miembros de un grupo violento autodenominado  Comando Radical Nacionalista, identificados  con emblemas nazis, atacaron con ladrillos, botellas y piedras  a otros jóvenes integrantes del Movimiento Marcha Patriótica, que se habían dado cita allí para jugar, causando destrozos en el rostro del menor Nicolás Hernández, lo que llevó a que se le practicara una cirugía plástica de nariz y pómulo. Sus compañeros también sufrieron heridas y rasguños. Aún no es claro si el ataque fue premeditado o la reacción irracional frente a alguna prenda distintiva de la agrupación de izquierda. Conocida la noticia criminal y ante la gravedad del hecho es imperativo que la Fiscalía establezca responsabilidades y se apliquen las penas concomitantes, sin dilación ni laxitud alguna que den pábulo a estas manifestaciones sanguinarias de intolerancia, desafortunadamente animadas por la virulencia con que el liderazgo político está afrontando la situación del país.
 
Debido a la irresponsabilidad, inmadurez y sectarismo retardatario de algunos de sus políticos, opinadores púbicos y seguidores obnubilados, en los últimos meses hemos caído en un ambiente de crispación e irritabilidad que más allá de expresar opiniones en pugna, en particular las provenientes del expresidente Uribe y sus seguidores más acérrimos, parecen obedecer a la necesidad de perturbar procesos políticos innovadores, colocarle zancadillas a las negociaciones con las Farc y deslegitimar actuaciones judiciales en curso relacionadas con el paramilitarismo. El distanciamiento, y ahora abierta hostilidad en juicios de responsabilidades, entre Uribe y el Presidente Santos nos tomó por sorpresa a quienes creímos que apenas abría un cambio de estilo,  pero si bien coinciden en el modelo económico y político, sus diferencias en las formas son tan grandes que ahora el gobierno tiene una cerril y pendenciera  oposición a la extrema derecha. No se mide en modales Uribe al calificar a Santos de canalla. Antes, éste lo había mencionado como “rufián de barrio”. El espectáculo es grotesco. Más viniendo de quienes ostentan un mandato ciudadano y tienen el deber y la responsabilidad de promover, resguardar y garantizar la convivencia.

 Asombra leer a gente medianamente culta mofarse, especular y solazarse con la posible muerte de un ser humano, como en el caso de Hugo Chávez, y cohonestar a quienes intentan derribar del poder al movimiento que lo proclamó a sabiendas de que, gústeles o no, venció en franca lid en las dos elecciones más recientes, calificadas por el Centro Carter como intachables y trasparentes. Una cosa es no compartir su modelo, otra disfrazar de análisis el odio clasista  y racial con mentiras, manipulaciones y lugares comunes. Algo similar a lo que pasa en Bogotá con el Alcalde Gustavo Petro que ha demostrado cuero duro para no dejarse sacar de casillas con los epítetos descalificadores y vulgares que se utilizan en su contra. Es chocante ver a Catalina Aristizabal actuando las monerías que le manda a hacer Yamit Amad para ironizar el “socialismo” de Petro. Le habrá explicado ¿Qué es socialismo? ¿Lo sabrá el mismo, más allá del cliché? Porque, varias de las 10 cosas que, según Semana, deberían “medellinizar” a Bogotá -y que la propia revista ha cuestionado a Petro-, hacen parte del Plan Bogotá Humana.

 Muy pocos de los medios nacionales, que dispusieron de “enviados especiales” para acompañar desde Cartagena hasta Bogotá las compactadoras arrendadas para el servicio de recolección, en el afán de dar la primicia de las varadas, le informaron a  la ciudadanía de la capital y del país, que el alcalde firmó el jueves 10 de enero el decreto que crea la Secretaría de la Mujer y designó y posesionó a Marta Sánchez, concretando institucionalmente una instancia con decisión para hacer realidad la política pública de equidad y protección, reivindicada por las mujeres bogotanas. Las cifras de maltrato, abuso y violencia física y sexual contra las mujeres y los niños son muestras elocuentes de los efectos del machismo y la patanería, cuyos entronques socioculturales se deben erradicar y que se estimulan con las camorras de los líderes que deberían dar ejemplo. Luego la creación de la Secretaría de la Mujer y su aporte a la convivencia no es una cosa menor.
 
Es bastante contradictorio que, mientras el gobierno acuerda con una fuerza insurgente recorrer el camino difícil de las negociaciones para poner fin a un conflicto armado de medio siglo, con respaldo de la opinión pública, decantados los costos de la solución militarista del gobierno anterior -del que participó el actual Presidente y sobre lo que tiene su propia valoración-, proceso que requiere tolerancia, paciencia y generosidad. A la vez, surjan muestras agresivas de intolerancia, inflexibilidad, dogmatismo y obcecación. Pero es explicable. La paz, el reconocimiento de derechos, las políticas afirmativas y de equidad afectan intereses, rentas, patrimonios, status y privilegios disfrutados por décadas al amparo de la violencia, el despojo y la discriminación. Sacuden formas de ver el mundo construidas sobre esa realidad. Si queremos una sociedad en paz y que sepa tramitar sus conflictos, para comenzar, debemos repudiar  enérgicamente y sancionar ejemplarmente, el golpe alevoso contra un niño, una mujer o un hombre, la burla a la tragedia de otro ser humano, las críticas nocivas y destructivas y  que a un Presidente le digan canalla.

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